Tanto tiempo en las sombras, tanto tiempo contemplándote de lejos,no me atrevía a decirte lo que siento, hasta que un día caí en el peor de los juegos. De la sombra pasé a ser el sol, o peor aún me sentía como él,comenzastes tú, a rociar agua en el jardín de mi corazón, con cada gota, con cada palabra,hacías que este creciera con puro amor. Me ofrecieron de otro jarrón a beber,pero mi jardín al ver que tú tenías más preparación, al otro oportunidad no le dio. Te observaba tan grande, tan fuerte, tan lindo, tan capaz de alimentarlo y de nunca descuidarlo que te eligió sin pensarlo. Crecieron las flores de mi jardín, sí,pero no sabían que el agua dulce que las regaba,salía de un jarrón que también a otras alimentabay en ese momento te convertiste en el culpable de mi desgracia. Decepcionada y desilusionada, al saber que no ibas a volver, lloraron y lloraron hasta hacer, que la tierra en donde estaban, se arrancara y se perdiera junto con ellas en lo más profundo de mi corazón. Corazón que desaprovechó la mejor cosecha de amor y todo por creer que el jarrón siempre iba a estar a su disposición. Al tiempo el jarrón regresó pidiendo perdón,pues él no se imaginó que para ellas se había convertido en su señor, ¡claro que mi corazón lo perdonó!, pues el jarrón no quiso lastimarme y el incidente se olvidó. Quedamos como amigos, pero cada vez que nos encontramos, algo se mueve en el fondo de mi corazón: “ ¿será que las flores todavía siguen vivas en mi interior?… “

No todo es así   Yhara Mejía No todo es así   Yhara Mejía Tanto tiempo en las sombras, tanto tiempo contemplándote de lejos,no me atrevía a decirte lo que siento, hasta que un día caí en el peor de los juegos. De la sombra pasé a ser el sol, o peor aún me sentía […]

No todo es así

 

Yhara Mejía



No todo es así


 



Yhara Mejía



Tanto tiempo en las sombras,
tanto tiempo contemplándote de lejos,
no me atrevía a decirte lo que siento,
hasta que un día caí en el peor de los juegos.

De la sombra pasé a ser el sol,
o peor aún me sentía como él,
comenzastes tú, a rociar agua en el jardín de
mi corazón, con cada gota, con cada palabra,
hacías que este creciera con puro amor.

Me ofrecieron de otro jarrón a beber,
pero mi jardín al ver que tú tenías más preparación, al otro
oportunidad no le dio. Te observaba
tan grande, tan fuerte, tan lindo, tan capaz de alimentar
lo y de nunca descuidarlo que te eligió sin pensarlo.

Crecieron las flores de mi jardín, sí,
pero no sabían que el agua dulce que las regaba,
salía de un jarrón que también a otras alimentaba
y en ese momento te convertiste en el culpable de mi desgracia.

Decepcionada y desilusionada, al saber que no ibas a volver, lloraron y lloraron hasta hacer, que la tierra en donde estaban, se arrancara y se perdiera junto con ellas en lo más profundo de mi corazón. Corazón que desaprovechó la mejor cosecha de amor y todo por creer que el jarrón siempre iba a estar a su disposición.

Al tiempo el jarrón regresó pidiendo perdón,
pues él no se imaginó que para ellas se había convertido en su señor, ¡claro que mi corazón lo perdonó!, pues el jarrón no quiso lastimarme y el incidente se olvidó.

Quedamos como amigos, pero cada vez que nos encontramos, algo se mueve en el fondo de mi corazón: “ ¿será que las flores todavía siguen vivas en mi interior?… “

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