- El empresario Roberto Marinho era dueño de la Red Globo
AP
RIO DE JANEIRO.- Roberto Marinho, que transformó el diario de su padre en un imperio periodístico internacional y se convirtió en uno de los hombres más ricos y poderosos de Brasil, falleció el miércoles, informó la red Globo TV. Tenía 98 años.
Marinho murió a consecuencia de un cuadro de edema pulmonar en el Hospital Samaritano de Río, donde lo habían internado horas antes.
Marinho fundó y durante años dirigió Organizacoes Globo, que incluye TV Globo, una de las redes televisivas más grandes del mundo, así como proveedores de televisión por cable y paga; revistas y diarios, incluido O Globo, el tercero en circulación del país; una red de emisoras de radio, la Editora Globo y sellos grabadores de discos.
Marinho también controlaba empresas agrupadas bajo Globo Comunicacoes e Participacoes, de cuyo directorio era presidente.
Con una fortuna estimada en 6.400 millones de dólares en el 2000, Marinho registró pérdidas debido a una serie de reveses financieros y la caída del real. En el 2003, no fue incluido en la lista anual de la revista Forbes, de fortunas superiores a los mil millones de dólares.
Su manejo personal de TV Globo, con 113 estaciones y subsidiarias que llegan al 99.9 por ciento de los hogares brasileños, le dieron una influencia inigualada sobre la cultura, la política y la imagen de Brasil.
Autocalificado “patriota’’ con estrechos vínculos con el régimen militar brasileño de 1964-85, Marinho no tenía empacho en usar el poder de Globo para ayudar a los políticos que apoyaba y desdeñar a los que consideraba “malos brasileños’’. Los aspirantes a la presidencia habitualmente realizaban el peregrinaje a Río en busca de su bendición.
Nacido en Río de Janeiro el 3 de diciembre de 1904, Marinho fue a trabajar al diario O Globo después de la muerte de su padre, Irineu Marinho, quien fundó el diario en 1925 y murió 23 días después.
NO TE ENFADES CON MARINHO
“En Brasil uno puede enfadarse con el ministro del Ejército, pero nunca con Roberto Marinho”. La frase se la atribuyen a Tancredo Neves, presidente electo que murió en 1984 sin tomar posesión y definió como nadie la influencia que el periodista fallecido el miércoles ha tenido en la vida brasileña (EFE)