Félix Sánchez ha enloquecido a los dominicanos. (LA PRENSA/Reuters)

Félix Sánchez se robó la atención

Edgard Tijerino M. SANTO DOMINGO.- Por Dios, ¿qué más quieres Félix Sánchez? Los espejos son fieles, y tu imagen está ahí, correctamente reflejada, entrando al paraíso que se perdió Adán, flotando sobre esas vallas sostenido por el aliento de un país que pretendió alcanzar en ese estadio, impulsado por el retumbar de casi 40 mil […]

Edgard Tijerino M.

SANTO DOMINGO.- Por Dios, ¿qué más quieres Félix Sánchez?

Los espejos son fieles, y tu imagen está ahí, correctamente reflejada, entrando al paraíso que se perdió Adán, flotando sobre esas vallas sostenido por el aliento de un país que pretendió alcanzar en ese estadio, impulsado por el retumbar de casi 40 mil corazones agitados por una emoción desbordada, cabalgando a galope tendido hacia la gloria del primer oro panamericano que se le entrega a Dominicana.

¿Qué más quieres? ¡Cómo te ríe la vida Félix!

Ahí están todos girando en torno tuyo como figuras de una danza, como piezas de un Bolshoi imaginario, atrapados por la grandiosidad de tu actuación, agradeciendo haber sido testigos de la proeza.

El espectacular atleta nacido en Nueva York, hijo de padres dominicanos, construido en el eficiente laboratorio norteamericano, se tragó las vallas a lo largo de 400 metros en 48 segundos y 19 centésimas, para un nuevo récord de los Juegos.

No tiene la estructura física impresionante de Reinaldo Nieheman o Edwin Moses, quienes hubieran modelado para Miguel Ángel, pero su facilidad para volar sobre los obstáculos es llamativa y electrizante… La aprendió derrotando todos los factores adversos que ha encontrado en esta vida, y la aplica convenientemente y con singular maestría sobre la pista.

En un país que tiene al béisbol como su deporte sagrado, que idolatra a peloteros como Sammy Sosa y Pedro Martínez, aparece Félix Sánchez en pantalla, un corredor experto en saltar vallas mientras se desplaza como corsario desbocado, y todos los dominicanos quieren un pedazo de él.

¿Qué más quieres Félix?… ¿No moverte de este presente fascinante?

Lo más impresionante fue su exuberante confianza… Saltó al escenario 15 minutos antes de la carrera, se instaló en el ombligo del espectáculo, y dirigió la orquesta como si hubiera escapado a la presión de la responsabilidad.

Enfrentando su primer reto en casa, Sánchez se sintió como Aquiles antes de su batalla con Héctor, seguro de la victoria, ansioso por impactar, y lo logró, en un alarde de suficiencia.

Todas las miradas eran para el que se movía con una camiseta amarilla y una licra negra… Levantó su brazo derecho y lo dirigió hacia diferentes sectores de las incontrolablemente excitadas tribunas, provocando rugidos, levante de banderas y largas ovaciones… Cayó de rodillas para orar y todo el estadio se sumergió en un respetuoso silencio… Luego se quitó la camisa, la licra y quedó listo para el combate, como Espartaco frente a los leones.

El norteamericano Eric Thomas y el jamaiquino Dan Friffiths garantizaban la exigencia requerida para obligarlo a desplegar su máximo esfuerzo… Todo lo previo me hizo recordar a Cathy Freeman en Sidney, en los 400 lisos.

Para todos los dominicanos, un triunfo de Sánchez, invencible en la redondez del planeta desde junio del 2001, valía el montaje de estos juegos, y el Superman dominicano no falló superando a la oposición con el nuevo récord de 48.19, antes de cobijarse con la bandera de su país y darle una vuelta olímpica al estadio escoltado por un centenar de periodistas, fotógrafos y camarógrafos.

Y recordé a Rubén en su Marcha Triunfal… Los claros clarines de pronto levantan sus sones, su canto sonoro, su cálido coro. Sus sonidos anuncian el advenimiento de la gloria. Llegó la victoria. Señala el abuelo el héroe al niño.

¿Qué más quieres Félix?… Los espejos son fieles.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí