Hugo Ramón García
Ante los muchos escándalos de narcotráfico en los cuales según la Fiscalía de la República están involucrados importantes cuadros de la Policía Nacional, ¿qué ejemplo de rectitud puede ofrecer ésta a la sociedad?
Fueron un insulto a la conciencia de la nación las declaraciones del primer comisionado Edwin Cordero, quien afirmó que “a los colaboradores de la institución armada por cada quiebre se les pagaba con droga”. Tales aseveraciones indican los extremos de corrupción a los que se ha llegado, que los espacios de la moral pública cada día se van reduciendo y que tiene más mérito e importancia la corrupción que genera inestabilidad social y afecta las bases de la cultura nacional.
En Nicaragua ya no se puede confiar en nadie, porque si las mismas autoridades llamadas por mandato constitucional a velar por el orden público, violan ese principio, entonces ¿en quién puede confiar la sociedad? ¿Con qué ética puede la Policía hablar de reglas morales si ella comete actitudes reñidas con la moral?
La verdad debe prevalecer por encima de todas las consideraciones dichas. La Policía Nacional ha perdido la razón y la moral para sentar su autoridad, hay en ella una ausencia de valores que no le permite dar ejemplo alguno para corregir las fallas de la población. ¿Cómo pueden los agentes del orden castigar a alguien por sus culpas, si ellos son los primeros en violar la ley en casos que conmueven a la conciencia nacional?
Para corregir hay que dar el ejemplo, la Policía no puede constituirse en juez de la conducta ajena, si ella viola el espíritu de la ley alentando los negocios ilícitos del narcotráfico, y como ha quedado demostrado con las investigaciones de la Fiscalía General de la República. No puede por tanto, la Policía Nacional levantar su “mano acusadora”, e imponer castigos contra alguien, si la conciencia de ella como autoridad no está libre de culpas.
Es de suma necesidad que los agentes del orden revisen su moral y su conciencia para que puedan actuar los demás, siguiendo en este caso las enseñanzas bíblicas a las cuales no podemos los míseros mortales restarles importancia.
¿Cómo no puede la sociedad nicaragüense afrontar grandes males, si sus principales autoridades asumen posturas equivocadas y censurables? De esa manera la sociedad seguirá enferma, imposibilitada en su función humana de mostrar ante la historia un destino aceptable de manera que las generaciones venideras se puedan sentir orgullosas de él. En Nicaragua se ha perdido todo sinónimo de esperanza, y la posibilidades de un cambio verdadero cada día disminuyen considerablemente alejándose del contexto nacional toda forma de mejoramiento ambiental que pudiere responder a las básicas necesidades del tiempo.
Mientras la corrupción siga campante y la Policía no se depure, la sociedad seguirá caminando de la mano de la historia por su mismo calvario donde muchos son los cristos que demandan redención. Nicaragua y los nicaragüenses merecen una mejor suerte y hay tiempo de lograrlo, siempre y cuando se actúe de buena fe, pensando que la República está por encima de todo y que por ella hay obligaciones que atender para rescatarla de tantos oportunistas que la denigran y la ensucian con sus actitudes cavernarias.
El autor es periodista.