El llanto y dolor envolvió ayer el hogar de María Isabel Martínez, donde por unas horas fueron velados los restos mortales de su hija María y sus dos pequeñas nietas asesinadas el pasado martes, en un barrio costarricense.(LA PRENSA/O. Miranda)

Consternación en Barrio Santo Domingo

Los tres cuerpos fueron repatriados por sus familiares para darles cristiana sepultura en su lugar de origen Dos de los cuatro niños que quedan en la orfandad llegaron a recibir los restos de su madre Elízabeth [email protected] Con peluches y flores sobre sus féretros, las pequeñas Yorleny y Yohana, colocadas a cada lado de su […]

  • Los tres cuerpos fueron repatriados por sus familiares para darles cristiana sepultura en su lugar de origen
  • Dos de los cuatro niños que quedan en la orfandad llegaron a recibir los restos de su madre

Elízabeth [email protected]

Con peluches y flores sobre sus féretros, las pequeñas Yorleny y Yohana, colocadas a cada lado de su madre María Martínez, ingresaron al suelo nicaragüense, luego de gestiones de sus familiares y autoridades diplomáticas de ambos países.

Los ataúdes fueron recibidos en la humilde vivienda ubicada en el barrio Santo Domingo, en medio de consternación de familiares y vecinos, que se arremolinaron en el patio de la misma para despedir por última vez a María Martínez y sus dos hijas que fallecieron como dos angelitos, después de haber sido asesinadas atrozmente a manos de su propio padre el pasado martes.

En el lugar se encontraban dos de los cuatro hijos de María, que ahora quedan en la orfandad y que habitan en La Paz Centro con su progenitor.

Luvy, de 15 años y Osmer, de nueve, desde tempranas horas permanecían en la casa de sus parientes sin pronunciar palabras y apartados de todos.

Luvy, sólo atinó a decir que tenía tres años cuando vio por última vez a su madre.

Pero ahora María Isabel Martínez y su familia asumirán la manutención de ambos y sus otros dos hermanos, Marjouri, de siete y Ever, de 12, quienes residen en El Sauce con otros parientes.

“Van a pasar a manos mías”, refirió la mujer, quien se mostró esperanzada en el apoyo que le ofreció el presidente costarricense Abel Pacheco, a través de terceras personas.

La madre y abuela de las víctimas del parricida, se mostró agradecida, no sólo por el apoyo demostrado por las autoridades costarricenses y nicaragüenses para la repatriación de los cadáveres, sino de taxistas y vecinos del barrio Triángulo de Solidaridad que dieron una calurosa despedida a sus deudos demostrando así el cariño que le tenían a María y a sus hijitas.

“Ellos me han dado un apoyo grandísimo”, aseguró la madre, refiriéndose a la ayuda brindada por los gobiernos de ambos países.

“Le voy a decir que todos los taxeros estaban en órbita, me siento agradecida con ellos porque apoyaron en todo”, añadió María Isabel Martínez.

No obstante, se mostró resentida por la actuación de las autoridades competentes en ese país, que de haber actuado de forma más beligerante bien pudieron evitar ese atroz crimen.

Y aunque dijo que desconoció detalles de la tragedia que envolvía a su hija y que tuvo un desenlace fatal, manifestó que en el trayecto hacia Nicaragua, sí conoció del suicidio de Jonathan González Alvarado.

“Si se ahorcó es porque tenía un remordimiento grande. ¡Y no mató a sus dos niñas de él!”, exclamó la mujer, quien de paso pidió a Dios que “me dé fuerza para soportar este dolor”.

Según dijo, los vecinos le comentaron a su llegada que María ya se había dejado con Jonathan, “pero parece que el sábado llegó a amenazarla”.

Apesarada, la madre asegura que si la policía costarricense hubiese retenido al hombre no hubiera ocurrido esta tragedia.

“Yo le dije a la Policía que ellos actuaron mal”, dijo María Isabel, tras añadir que la respuesta que le dieron fue: “Hicieron todo lo posible y ellos nunca pensaron que iba a llegar a esa tragedia”.

MADRE E HIJAS SERÁN SEPULTADAS EN EL SAUCE

Los restos mortales de madre e hijas, fueron velados durante el día en la casa de la familia en Santo Domingo y luego trasladados a la comunidad de Sabanagrande, El Sauce, distante a diez kilómetros de esa localidad, conde habita el resto de la familia de Martínez, quien lleva 16 años viviendo en Managua.

María y sus dos niñas serán sepultadas en el cementerio de la localidad donde reposan los restos de sus antepasados.

CRIMEN CONDENABLE

“Es algo tremendo, impactante, un hecho totalmente atroz, no se espera esto del cónyuge, donde se supone que hay amor, hay bastante comprensión”, sostuvo Gerardo Morales, vecino de la familia.

ÚLTIMA VISITA

Dos días duró la visita que María realizó a sus familiares en Managua hace tres años. Ésa fue la última vez que la vieron sus ocho hermanos, entre ellos la menor Arely Martínez, de 17 años.

La muchacha recuerda que fue un 24 de diciembre cuando la familia pudo departir con ella y sus dos pequeñas hijas esa fecha religiosa.

En esa ocasión Arely recuerda a su hermana muy contenta y hasta les habló de los planes de operación de uno de los piecitos de una de sus sobrinas, que en ese tiempo tenía un año de nacida.

La muchacha dijo que escucharon comentarios que el hombre maltrataba a su hermana, “pero nunca creímos que hubiera sucedido esto”.

“Sólo sabemos que fue por 120 dólares que mi hermana no le quiso dar”, expresó Arely, quien añadió que Jonathan no trabajaba porque era menor y era mantenido por su mujer, quien se desempeñaba como costurera en una empresa de Zona Franca en ese país.

“Nosotros no podíamos decir nada porque era gusto de ella”, indicó Arely, quien manifestó que esta relación con Jonathan le había traído problemas a su hermana en la relación con su suegra quien le habría llegado a amenazar de muerte para que se separara de su vástago.

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