María Martínez, la nicaragüense asesinada en Costa Rica junto a sus dos pequeñas hijas, por su cónyuge y padre respectivamente, Jonathan González. En la foto ella aparece con tres de sus cuatro hijos que dejó en Nicaragua y un familiar. (LA PRENSA/ Reproduccion C. CORTEZ)

Niñas murieron como angelitos

Los cuerpecitos de las dos niñas fueron encontrados abrazados, en el único cuarto de la vivienda Madre vio cuando el asesino atacaba a su hija e imploraba a los vecinos que entraran a la vivienda para que le salvaran la vida a una de las pequeñas Josué BravoCorresponsal LA [email protected] SAN JOSÉ, COSTA RICA.- “… […]

  • Los cuerpecitos de las dos niñas fueron encontrados abrazados, en el único cuarto de la vivienda
  • Madre vio cuando el asesino
    atacaba a su hija e imploraba a los vecinos que entraran a la vivienda para que le salvaran la vida a una de las pequeñas

Josué BravoCorresponsal LA [email protected]

SAN JOSÉ, COSTA RICA.- “… Me mataron. Entrá a la casa a salvar a una de mis hijas antes de que la mate, porque a la otra ya la mató…” Estas fueron las últimas palabras que María Martínez dijo a su vecina Clorinda Alvarado, luego que su esposo Jonathan González Alvarado le propinara cuatro estocadas con un cuchillo de cocina en diferentes partes del cuerpo.

Segundos después cayó derrotada con sus brazos extendidos hacia el cielo, pidiendo ayuda. Su corazón dejó de latir y quedó tendida en la calle, sin pensar que su deseo de salvar a su hija no se cumplió.

Cuando Clorinda entró al “rescate” al humilde hogar junto a otros vecinos, Yorleny y Johana, de 3 y 4 años, también habían fallecido a manos de su padre. La primera recibió tres puñaladas y la segunda seis. En cambio encontraron a González enfurecido, diciendo: “Mátenme, ¿qué esperan para matarme? Yo las maté porque ella me las debía. Sólo de esta manera podía solucionar este problema”.

Este triple asesinato no sólo conmovió anteayer a los vecinos del precario Triángulo de la Solidaridad, ubicado al norte de San José y lugar del percance, sino a Costa Rica entera, por la forma en que se produjo y por la “ineptitud” de las autoridades por evitarlo.

Minutos después llegaron la Cruz Roja y la Policía para controlar la escena. La Fuerza Pública detuvo al hechor y de paso lo salvó de una muerte por linchamiento de los pobladores. Fue trasladado por una patrulla a la Comandancia de Tibas, y de ahí al II Circuito Judicial de San José.

Mientras tanto, en el Triángulo de la Solidaridad la escena era conmovedora. María tenía el cuerpo cercenado, pero las lágrimas de los vecinos, paramédicos y policías, se derramaron cuando observaron que ambas niñas fallecieron como angelitos, una abrazada a la otra, probablemente ayudándose para no morir.

Estaban arrinconadas a una esquina del único cuarto que tiene la casa, con sus cuerpecitos cercenados.

“Parece que la mayor trató de defender a la otra, por eso estaban abrazadas. El dolor era tan grande que todos nos pusimos a llorar. Esto no tiene perdón de Dios”, se lamentó José Murillo, paramédico.

Esta familia vivía en este precario desde hace tres años, de acuerdo con versiones de vecinos. María trabajaba en una soda y a la vez vendía empanadas en la calle. Con el dinero que recaudaba, le alcanzaba para pagar el cuido y alimento de sus dos niñas, y para enviar dinero a otros cuatro hijos que tenía en Nicaragua.

Jonathan no trabajaba. En cambio le pedía dinero a su cónyuge y si no se le daba, la amenazaba de muerte. Precisamente la gota que derramó el vaso fueron 120 dólares que María ahorró. Su esposo se los pedía y ella rehusaba entregárselos, por eso días antes la había maltratado.

ANTECEDENTES DE LA TRAGEDIA

La población indignada reclama a las autoridades porqué no actuaron antes en este caso. Muchos alegan que estas muertes se pudieron evitar si la Policía hubiera apresado a González.

Según informes brindados por el Poder Judicial, María Martínez presentó el pasado 11 de julio a la 1:20 p.m., una denuncia por violencia doméstica, ante el Juzgado de Violencia Doméstica del II Circuito Judicial de San José, contra su compañero sentimental, Jonathan González.

En ella indicaba que ambos llevaban cinco años de convivencia y que desde hace dos meses el hombre la venía agrediendo y amenazando de muerte. Ese mismo día la jueza encargada del caso dictó medidas de protección a favor de la mujer.

Entre las medidas destacan la salida inmediata de González del domicilio, pudiendo sacar únicamente sus objetos personales. No agredir, perturbar, insultar ni amenazar a la mujer ni a ningún otro miembro del grupo familiar.

UN VIAJE PENDIENTE

“Ella me dijo que el sábado iba a Nicaragua a dejar a sus dos hijas, porque él amenazó con matarlas si ella no le daba los 120 dólares. Con ese dinero haría los gastos del viaje y de paso darle algo de dinero a sus otros hijos en Nicaragua”, relató Cecilio Mendoza.

Pero la población no se explica cómo González pudo llegar a la humilde vivienda, después que las autoridades habían ratificado que no podía acercarse. Tal parece que la pareja días antes hizo las pases, incluso el domingo anterior los observaron paseando por las calles del lugar.

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