Roberto Sánchez RamírezEspecial para la [email protected]
En la propia esquina está la sala donde el Coronel Félix Ramírez Madregil tenía la tertulia con políticos e intelectuales, mientras el pequeño Rubén escuchaba antes de dormirse en el regazo de doña Bernarda Sarmiento de Ramírez. Ese fue el hogar del poeta desde los cuarenta días de nacido hasta los catorce años de edad.
Aunque no fue allí donde falleció el 6 de febrero de 1916, en la habitación contigua está la cama donde murió, junto al Cristo que le regaló el poeta mexicano Amado Nervo y que también se puede ver a la par de una de las mascarillas que le tomaron al morir, en una casa situada en el barrio San Juan, donde funciona ahora la Universidad Tecnológica Nicaragüense (UTN).
El Museo-Archivo Rubén Darío de León, es la obra del estimado intelectual y profesor, Dr. Edgardo Buitrago, quien desde 1960 inició el proyecto de que en la casa donde pasó sus primeros años el poeta se reunieran objetos personales y familiares, documentos y fotografías. La Ley fue promulgada el 4 de marzo de 1960 y reformada el 24 de noviembre de 1962. La inauguración se realizó en febrero de 1964. Todo por gestión del Dr. Buitrago.
El Museo-Archivo es una institución integrada a la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua–León. El Consejo Directivo está constituido por el Rector, el Alcalde Municipal y un representante del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Entre la UNAN-León y una partida aprobada por la Asamblea Nacional asumen parte de los gastos administrativos y adquisición de materiales de interés con la obra dariana. Actualmente se necesita más presupuesto.
En 1998 se compró otra parte que pertenecía a la casa original del matrimonio Ramírez-Sarmiento. Se hicieron trabajos de remodelación, restauración y adquisición de nuevos mobiliarios y equipos técnicos. Esta adquisición fue reinaugurada el 3 de febrero del año 2000.
LA PRESENCIA DE RUBÉN
Sentado sobre una silla, con apenas tres años de edad, puede verse la foto más antigua que se conoce de Rubén Darío. Se ven numerosas fotos del poeta, en la que agoniza y los solemnes funerales. Las imágenes del Coronel Ramírez y doña Bernarda, quienes fueron los que realmente criaron a Rubén. Están las fotos de las tres mujeres ligadas afectivamente: Rafaela Contreras, Rosario Murillo y Francisca Sánchez.
Se mira el canapé obsequio del Presidente Estrada Cabrera, de Guatemala, en el que descansaba el poeta cuando vino ya enfermo. Está el traje que usó cuando fue nombrado Embajador en España. Se conservan los objetos complementarios, incluyendo el espadín. La colección de libros y documentos es extraordinaria, incluyendo fotocopias de manuscritos que se guardan en Madrid, en la Biblioteca del Congreso en Washington y en Buenos Aires, Argentina.
EL RECUERDO DE ALFONSO
En esta casa vivió también de 1915 a 1944, el poeta Alfonso Cortés. Allí escribió el poema titulado “Un Detalle”, actualmente conocido como “Ventana”. Cuando el poeta perdió la razón, posiblemente en 1927, tenía ataques de furia, en la Primera Sala pueden verse los barrotes de hierro torcidos por la fuerza del poeta. El poema citado fue escrito por Cortés para el Museo-Archivo en 1965 y es parte de la Tercera Sala.
El biógrafo de Rubén, Profesor Edelberto Tórrez, donó su biblioteca al Museo–Archivo. Está la colección casi completa de la revista “Mundial Magazine”, editada por Rubén en París. En un viejo armario se conservan los libros que él leyera, entre ellos El Quijote, Las Mil y Una Noche, La Biblia, Los Oficios de Cicerón.
CATEDRAL
La Ruta de Rubén Darío, en la ciudad de León finaliza en Catedral, donde sus restos fueron sepultados bajo la imagen de San Pablo, conocido también como el Apóstol de los Gentiles, no por coincidencia fue el discípulo de Cristo que más cartas o epístolas escribió llamando a la conversión. Un león triste, obra del escultor nicaragüense Jorge Navas, originario de Granada, yace encima de la tumba, donde se aprecia la firma del poeta.
Con sólo visitar la Casa Natal en Ciudad Darío, el Museo–Archivo y Catedral en León, tendremos la oportunidad de conocer sobre el más universal de los nicaragüenses, sumado a la lectura de sus obras, a veces más conocidas entre españoles, chilenos o argentinos que en su propia patria, de la que escribió que aunque sea pequeña uno grande la sueña.