- El economista chileno Gustavo Rojas considera que los tratados de libre comercio (TLC) son oportunidades para potenciar la agricultura, pero antes que se negocien listas de productos hay que garantizar acceso real al mercado con el que se negocia, para no tener complicaciones
Gabriel Sánchez Campbell [email protected]
Cuando el recepcionista del hotel decía que nadie contestaba el teléfono de la habitación era porque Gustavo Rojas Le-bert, un hombre de más de 1.85 metros de altura, entraba al lobby. Eran las tres de la tarde y de manera instintiva surgió la presentación con el periodista y de inmediato inició la plática junto a la fresca piscina del lugar.
Mientras se desarrollaba la entrevista, las cosas permanecieron tranquilas, excepto por la presión del tiempo, porque en cualquier momento Rojas tendría que irse a otro salón porque lo esperaban gente del Gobierno a quienes les expondría su experiencia en las negociaciones de los acuerdos comerciales que Chile —su país natal— ha tenido.
A sus 59 años de edad se ha mantenido como representante del sector productivo de su país desde 1996, donde ha participado en la negociación de los acuerdos comerciales que se han firmado desde esa fecha.
Es el máximo representante del sector agrícola en estas pláticas comerciales y en su posición ha tratado de defender los intereses del sector, sin ningún fanatismo, tal y como asegura. Su experiencia le ha hecho entender que en las negociaciones de los tratados de libre comercio (TLC) siempre hay sectores agrícolas afectados, pero también hay muchos más favorecidos.
Sostiene que el reto está en que los productores entiendan mejor que la clave para su sobrevivencia y desarrollo en el libre comercio es aprovechar sus oportunidades. Pero también se necesita educación y dinero para que los agricultores entiendan que se tiene que hacer lo que es competitivo y reconvertir la agricultura.
¿Cómo han soportado los sectores productivos la apertura de Chile al libre comercio?
Hemos firmado muchos acuerdos comerciales y hemos tenido uno que ha sido particularmente negativo para nuestra agricultura, el Mercosur que fue y ha sido un desastre. Pero hasta ese momento los agricultores no habíamos participado en los acuerdos comerciales que se habían discutido. Después de los resultados de este acuerdo decidimos no dejar pasar ningún acuerdo sin que estuviéramos presentes.
En ese contexto formamos el cuarto de al lado y desde el año 1996 he representado a los sectores agrícolas en cada tratado firmado y así hemos participado entonces con el Tratado de Libre Comercio firmado con Centroamérica, Unión Europea, Corea, Bolivia, Estados Unidos y Perú.
¿Qué características han tenido esto tratados firmados para los sectores agrícolas?
Han sido atractivos y propositivos. El problema es que algunos de ellos afectan más positiva o negativamente la agricultura chilena. Hasta la fecha la balanza de los acuerdos comerciales firmados ha sido positiva para la agricultura, pero tenemos algunos sectores afectados y con dificultades como el cultivo del girasol y las lentejas. Se ha reducido la superficie de maíz, se ha perdido mercado doméstico de las carnes rojas. En general el libre comercio ha sido muy positivo para las frutas frescas, el vino, el sector forestal y alguna agroindustria. Al final hay un grupo de rubros que siempre está pagando la cuenta y es lo que tenemos que cuidar que no siga ocurriendo.
¿El grupo de cultivos que quedan con grandes oportunidades compensa a aquéllos que son afectados de forma negativa?
Sí. Cuando cometimos el error con el Mercosur recibimos por parte del Gobierno 100 millones de dólares anuales por cinco años para desarrollar un programa específico de mejoramiento del suelo y el riego. De alguna manera los sectores favorecidos le estaban traspasando una parte de sus recursos a esa parte de la agricultura desfavorecida.
¿En qué se ve afectada la agricultura con el Mercosur?
El acuerdo con el Mercosur fue mal negociado por los equipos técnicos del Gobierno porque tiene algunos elementos que tienen los demás tratados que se firmaron. No tiene el capítulo de solución de controversia. No hay ninguna cláusula de protección macroeconómica que todos los acuerdos deben tener, la cual desde mi punto de vista debe contener alguna parte que diga que si algunos de los países participantes sufre alguna devaluación de más de un 30 por ciento, el acuerdo éste se suspende o se tomarán algunos resguardos.
Por ejemplo Argentina devaluó 300 por ciento y Brasil 200 por ciento y eso los hace inundar nuestros mercados con productos porque esto hace que sus productos sean más competitivos ellos hoy día que nosotros.
Se negoció mal el ingreso de productos chilenos a los mercados argentinos y brasileños porque los primeros quedaron con aranceles muy altos. Negociamos muy mal el ingreso de productos del Mercosur hacia Chile como la carne, el maíz, lácteos, aceites, vegetales y otros. Fue un acuerdo asimétrico en contra de Chile.
¿Qué han tenido que hacer para revertir esta situación?
En base a este efecto se pidió la compensación de 100 millones de dólares anuales, para ir al rescate de esos rubros afectados. Hemos tenido que competir. Hemos pedido que se alce el dólar en Chile, que por lo demás es la mejor protección que se puede tener en la agricultura en cualquier parte del mundo y así hemos podido trabajar con estos desaciertos. Hemos perdido lo que era necesario perder.
¿Cuál era la situación de la agricultura chilena en la década del noventa, antes de su primer TLC con México en 1992 y desde la firma del Mercosur en 1996?
En la década del 90 la agricultura estaba muy bien. Estaba protegida, tenía aranceles altos, tenía un dólar muy alto y tenía algunos instrumentos de ayuda efectivos que al firmarse el Mercosur hemos tenido que desmantelarlos. Además hemos tenido que competir con un dólar que fue bajando porque los gobiernos democráticos en todos los países, cuando hay elección, tienden a manipular el dólar para que éste baje y la población se sienta más rica, viaje más, compre más o haga todo tipo de gastos, por eso desde el 1994 hasta el 2000 tuvimos muchos problemas. Se tuvo que reconvertir la agricultura.
¿La reconversión de la que usted me habla cómo fue y qué significó?
Recuerda que teníamos 100 millones de dólares anuales, durante cinco años que en alguna medida ayudó para que el agricultor pequeño pudiese buscar otros caminos productivos y todavía seguimos en eso.
¿Pero lo hicieron o hubo alguna dificultad para lograrlo?
Los pequeños productores seguirán teniendo problemas para siempre porque no tienen educación, recursos y dinero. Para reconvertir la agricultura se necesita dinero y si un agricultor siembra maíz y no le va bien, su alternativa no es cambiar a los frijoles, sino más bien plantar un huerto frutal, pero en el caso de Chile eso significa tener 10 mil dólares por hectárea y la banca no se los presta. Entonces hemos tenido esta dificultad de recurso.
Supongo que el proceso de transición ha sido realmente difícil, pero ¿cuál ha sido el empeño que ha desarrollado el Gobierno?
El empeño ha sido tratar de manejar esta situación más política que efectiva, lo cual se ha traducido en una dependencia del Gobierno por parte de los productores pequeños, lo cual no considero sea nada bueno ni sano para la economía ni la agricultura. Creo que los gobiernos entregan ayuda año tras año pero no hacen un plan de acción a mediano plazo.
¿Qué hacer para que la firma de los acuerdos de libre comercio no tenga un impacto tan negativo?
Creo que consiste en que debemos obligar a los pequeños productores a asociarse. A agruparse, y a obligarse me refiero a tener estímulos, a ofrecerles ayuda y que hagan cambios productivos. Al asociarse pueden obtener créditos bancarios porque uno solo no es sujeto de crédito, pero 20 de ellos sí lo son y pueden plantar frutales, contratar un administrador; hacer un paquete productivo que signifique un cambio del enfoque productivo a productos más eficientes y más empresariales.
¿Cómo ve el hecho que cinco países (Centroamérica) negocie de forma conjunta un TLC?
Me parece muy difícil juntar cinco países y negociar de una manera conjunta con Estados Unidos al menos que se logre trabajar todos los capítulos generales y se deje para cada país, de forma individual, el acceso a mercado y ahí Nicaragua podría sacar partido, pero si se trata de armar un paquete común es realmente difícil cuando hay diferencias económicas entre un país y otro.
Nuevamente… ¿qué hacer?
Proponer lo que estoy diciendo y entrar en acceso a mercado, pero que cada país enumere sus diez productos más sensibles y trabajarlos individualmente y que Estados Unidos conceda ventajas, porque si no Nicaragua podría estar pagando a favor de algún producto de Costa Rica o de Guatemala.
¿En qué se debe tener cuidado para firmar el Cafta?
Si suponemos un planteamiento positivo en cuanto a acceso a mercado me cuidaría de algunos elementos que el TLC con Estados Unidos debe contener. Por ejemplo tiene que haber un párrafo que limite la aplicación de la Ley Anti dumping, tiene que haber ciertos resguardos ante una ley que ellos tienen que obliga a etiquetar de una manera, hacer la inspección sanitaria en sus territorios. Ese tipo de barreras arancelarias son las que complican las normas de origen, los certificados de aduana. La Ley de bio-terrorismo, de eso me cuidaría antes del acceso a mercado.
CHILE, ESTADOS UNIDOS Y EL CAFTA
Gustavo Rojas Le-bert, el máximo representante del sector agrícola en Chile, considera que el acuerdo comercial firmado con Estados Unidos fue muy atractivo y se vislumbra un solo sector perdedor: Los productores de trigo, pero han establecido un plazo de 12 años para reconvertirlos.
Cree que para el caso de las negociaciones del Cafta, el cuerdo comercial que se discute firmar entre Centroamérica y Estados Unidos, hay un gran potencial y grandes oportunidades, por la ubicación geográfica, pero hay que trabajar para ver cómo se aprovechan las oportunidades.
“En Nicaragua habrá sectores dañados, pero me parece que los sectores favorecidos serán mayores que los afectados, por eso sugiero usar la figura de las compensaciones económicas que se estableció en Chile para que se identifiquen los rubros afectados, los productores, y establecer un plan de acción para que en el plazo acordado se lleven de un nivel productivo bajo a uno superior, pero lo difícil es aplicarlo”.