Roberto Morales Muñ[email protected]
El Secretario de Comercio de Estados Unidos, Robert Zoellick, afirmó en un par de ocasiones la enorme decepción sufrida por EE.UU. por la falta de respaldo del sureño país en la guerra contra Irak dentro del Consejo de Seguridad de la ONU. Esta declaración, en medio de una negociación tan importante como el TLC entre ellos, no fue más que el advenimiento de represalias contra los hermanos del Sur. Los resultados, evidentemente, fueron negativos para Chile porque molestó a la Casa Blanca y al Congreso de ese país, inclusive Zoellick, sugirió que los chilenos eran ingenuos si creían que la actitud del gobierno chileno no tendría costos políticos.
La política externa de los países no debe interferir en materia comercial. El Gobierno de Chile se mostró satisfecho por los resultados que arroja el TLC que firmó con la Unión Europea, que entró en vigor el primero de febrero pasado. Ésta es una clara muestra que EE.UU. no lo es todo y el ALCA no es el universo. A tres meses del inicio del acuerdo comercial con la Unión Europea, hay exportaciones que han aumentado un 208 por ciento. Las perspectivas de comercio serán aún más favorables cuando la UE pase de 15 a 25 miembros, aportando 100 millones de nuevos ciudadanos que también consumirán productos chilenos.
La Cancillería chilena sostiene que el acuerdo entre Chile y la UE debiera significar un alza de exportaciones entre el 15 por ciento y el 20 por ciento para su país, lo que representa entre 640 y 850 millones de dólares, en el mediano plazo. Es éste el ejemplo que Nicaragua debe seguir, ampliar sus mercados hacia el Sur o Europa y no quedarse estancado en negociaciones infructuosas con Centroamérica y el ALCA, como un todo. Espero que algún día nuestras autoridades puedan abrir los ojos y ver la realidad.
Nicaragua debe seguir muy de cerca estos acontecimientos porque ilustra el delicado manejo de la Casa Blanca y el Congreso en temas sensibles como tratados de libre comercio (TLC), especialmente cuando de por medio están los intereses políticos de EE.UU. En ese sentido, Zoellick, afirmó que las negociaciones del Cafta tendrán como parámetro el acuerdo que se negocia con Chile. Me pregunto, si la economía de los países centroamericanos en su conjunto es equiparable a la de Chile o se puede negociar en igualdad de condiciones como si nuestras riquezas y oportunidades fuesen las mismas de Chile, inclusive pensado como marco regulador o punto de partida, considero que no, pero lo dejo de tarea a los ilustres negociadores y sus jefes de Estado.
Es importante analizar la experiencia chilena pues permite apreciar los entretelones de la política exterior en EE.UU. Concluir la negociación con el USTR no equivale aprobación automática del tratado, ya que en temas comerciales es el Congreso quien decide en última instancia. La apertura al texto del TLC que Estados Unidos y Chile pretenden firmar, puede servir de ejemplo pero no de parámetro para que los actores involucrados puedan utilizarlo y mejorar la negociación de cada país de Centroamérica.
Nicaragua debe tomar con pinzas el delicado tema de sus productos agropecuarios. En este sentido, Chile acordó 12 años de protección, de la misma manera, México logró 10 años en el marco del acuerdo comercial que firmó con Estados Unidos y Canadá (Nafta). Nicaragua con una economía que no tiene ni guarda ninguna relación con la de Chile o México debe procurar una protección superior a 15 años, de ser posible, sin otorgar mucho a cambio debido a la débil estructura económica, salvo que sea demasiado ingenua la posición de los negociadores pinoleros.
La economía de Chile inició un proceso de recuperación basándose en una estrategia de reducción unilateral de aranceles para abrir su mercado logrando una estable posición en los mercados internacionales que les permitió, posteriormente, establecer acuerdos con la Organización Mundial del Comercio, ALADI y otros.
A manera de sugerencia, Nicaragua no sólo debe definir sus rubros sensibles sino también preparar un estudio de impacto por cada rubro y sector. Esta será una muy singular propuesta que debe ser llevada a los demás centroamericanos y lograr establecer un consenso que permita unificar criterios para sentar posiciones y fijar prioridades claras. Definida esta situación deberá ser introducida en negociaciones a la luz delos empresarios privados, buscando no sólo el apoyo de estos últimos sino también de los empresarios privados de otros países y sus representantes, sobre los temas en cuestión.
Este pequeño proceso debió haberse implementado desde antes del inicio de las negociaciones para trabajar en equipo pero nadie ha logrado emprender esta tarea. Asimismo, Nicaragua debe participar de manera decisiva en el mecanismo de solución de controversias, como único medio de defensa de su débil economía y vigilar el cumplimiento de las medidas antidumping, así como proteger su medio ambiente sin una conversión de barreras no arancelerias, de ser posible, no negociar aranceles sobre productos altamente sensibles, consolidar el SGP para sus productos y mantener bandas de precios para protegerlos. Otra sugerencia corresponde al establecimiento de barreras técnicas al comercio y dejar claramente establecidos todos los aspectos sanitarios y fitosanitarios.
El autor es jurista en Derecho Internacional.