- La convención liberal se convirtió en un enfrentamiento directo entre el “máximo líder” y Montealegre, con este último sacando la mejor parte
Eduardo Marenco yLuis Felipe [email protected]
La convención del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) derivó en una tercia de liderazgo entre el hoy reo Arnoldo Alemán y el Ministro de Hacienda, Eduardo Montealegre, en la que este último se impuso, pues no fue obligado a renunciar al partido ni tendrá que abandonar su puesto en el gobierno del presidente Enrique Bolaños, como pretendían los más acérrimos “arnoldistas”.
El ambiente de la convención, realizada por un PLC en la oposición y sin Alemán, se tensionó debido a la solicitud del diputado liberal Enrique Quiñónez, de someter a votación la permanencia de Montealegre en el gobierno o en el partido. Quiñónez aseguró que reunió 265 firmas a favor de la interpelación de Montealegre pero que no se sometió el asunto a discusión “en aras de la unidad y para no romper con la alegría del momento”. Sin embargo, la reunión masiva, mezcla de show y mitin político, se convirtió en un enfrentamiento entre Montealegre, la figura, según las encuestas, con mejor opinión pública de cara a una candidatura presidencial; y Alemán, el reo y ex presidente que se resiste a declinar su rey dentro del PLC.
Antes de la convención, 36 de los 42 parlamentarios liberales firmaron una carta en contra de que se sometiera a votación la indefinición de Montealegre, confirmó el diputado David Castillo.
UNA AGITADA “MAREA ROJA”
Una vez iniciada la convención, Montealegre se sentó al centro de la mesa principal, y al tomar la palabra, en un discurso improvisado, explicó a los convencionales que se quedaría en el gobierno pues aún le faltan tareas por concluir, pero que eso no le impedía contribuir con su militancia partidaria. “Ni me voy del partido ni es el momento para irme del gobierno”, expresó.
El público ovacionó a Montealegre en un primer instante, gritando su nombre, pero en la medida en que continuaba su discurso, comenzaron las rechiflas en el sector derecho de la sede del evento, y el vitoreo se confundió con las exigencias de que renunciara al gobierno. Al final el público parecía dividido.
Después de hablar Montealegre, lo hizo Quiñónez quien reprochó al gobierno de Bolaños haber despedido a cientos de liberales, al mismo tiempo que, con los ánimos caldeados, continuaban las rechiflas por la indecisión de Montealegre.
“No es nada personal, le pedimos a aquellos que siguen equivocados que se vengan de una vez por todas al partido y dejen al gobierno de Bolaños”, dijo Quiñónez, en clara alusión a Montealegre.
Un militante, con aliento alcohólico, subió a la tarima e increpó a Montealegre, de manera soez. Mientras esto ocurría, un Montealegre compungido y nervioso, procuraba sonreír, mientras que René Herrera, el estratega del partido, se reía de la escaramuza que se convertía en una emboscada para intentar humillar a Montealegre. Desde antes que interviniera Quiñónez, María Fernanda Flores de Alemán le instruía al jefe de bancada liberal, tras bambalinas, y desde la mesa principal.
Pero al final, Herrera tomó el micrófono para someter a votación el reglamento de la selección de precandidatos para la elección municipal y calmó las mismas aguas que le encantó ver en borrasca.
ALEMÁN INTERPELA A MONTEALEGRE
Luego vino la interpelación directa de Arnoldo Alemán, mediante una grabación de audio: “No es con cargos públicos que se forja el liderazgo ni se demuestra la lealtad al partido, es dándose al trabajo partidario como se consigue el respaldo de los convencionales”, dijo desde la “soledad de su retiro obligado”, tal como él mismo definió la casa por cárcel que está enfrentando.
Montealegre reaccionó calmado a las palabras de Alemán, dijo no sentirse emboscado y reiteró que ni se va ni lo van. Mientras la convención se diluía en el Polideportivo La Salle, al finalizar las arengas de María Fernanda, que gritaba “¡Arnoldo! ¡Arnoldo!”, una vez concluida la presentación de la grabación de Alemán, Montealegre continuaba siendo entrevistado. A la par suya, un par de mujeres liberales advertían a los reporteros: “Dense cuenta que están entrevistando al futuro presidente”.
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