Complicaciones en operación de siamesas resultaron insuperables

Reuters SINGAPUR.- La operación de separación de las siamesas Ladan y Laleh Bijani, dirigida por el neurocirujano Keith Goh, tuvo varias complicaciones. La presión sanguínea de las mujeres había estado fluctuando y los cirujanos descubrieron que los cerebros estaban más estrechamente unidos de lo que se había pensado. “Las mellizas perdieron mucha sangre y estaban […]

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SINGAPUR.- La operación de separación de las siamesas Ladan y Laleh Bijani, dirigida por el neurocirujano Keith Goh, tuvo varias complicaciones.

La presión sanguínea de las mujeres había estado fluctuando y los cirujanos descubrieron que los cerebros estaban más estrechamente unidos de lo que se había pensado.

“Las mellizas perdieron mucha sangre y estaban en una situación crítica cuando la cirugía llegó a su fin”, dijo el hospital.

Después que la operación comenzó el domingo, los médicos abrieron el cráneo unido de las siamesas, separando un colgajo de cuero cabelludo de cada una. El grosor inesperado del hueso causó demoras.

El equipo quirúrgico batalló el lunes para derivar un vaso sanguíneo compartido que llevaba sangre de los cerebros de las gemelas a sus corazones. A continuación cinco neurocirujanos comenzaron el delicado proceso de separación tisular milímetro por milímetro.

El martes por la mañana, el equipo había concluido la separación vascular y cerebral, y los médicos así lo anunciaron, lo que causó aplausos.

Sin embargo, después de haber realizado la derivación vascular, la circulación sanguínea entre ambas siamesas se desestabilizó.

DILEMA ÉTICO

La operation reactivó las preocupaciones éticas que rodean a la cirugía de alto riesgo. Richard Ashcroft, director de ética médica en el Colegio Imperial de Londres, dijo que no habría controversia si las siamesas estuvieran en riesgo de morir sin la operación. Pero no estaban en riesgo de morir si permanecían unidas. “Es un genuino dilema moral”, agregó.

UNA DIFÍCIL HISTORIA PERSONAL

El padre de las siamesas, Dadollah Bijani, un granjero pobre del sur de Irán, dijo que las hermanas habían permanecido en un hospital local por años bajo la atención de médicos estadounidenses, pero se perdieron durante la confusión de la revolución islámica de 1979 de Irán.

El hombre les dio seguimiento hasta Karaj, cerca de la capital, Teherán, donde habían sido adoptadas por un médico, Alireza Safaian.

A pesar de que la corte dictaminó que Bijani, el padre de 11 hijos, tendría la custodia, las siamesas decidieron quedarse con Safaian, quien dijo que habían sido abandonadas cuando las adoptó, y aún el personal hospitalario se negó a cuidarlas.

Médicos alemanes rechazaron en 1996 separar a las siamesas alegando que dicha separación podría ser fatal. Pero las hermanas Bijani estaban decididas a vivir separadas y convencieron a los cirujanos de Singapur para que las operaran a pesar de los riesgos.

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