TLC con Estados Unidos: según el prisma con que se le mire

Azucena [email protected] El libre comercio es una oportunidad para nuestros países. La libertad de comerciar bienes y servicios debe ser utilizada como un medio para contribuir a mejorar la calidad de vida de la población en general y no un fin en sí mismo, so pena de caer en la obsoleta teoría del mercantilismo. Por […]

Azucena [email protected]

El libre comercio es una oportunidad para nuestros países. La libertad de comerciar bienes y servicios debe ser utilizada como un medio para contribuir a mejorar la calidad de vida de la población en general y no un fin en sí mismo, so pena de caer en la obsoleta teoría del mercantilismo.

Por lo tanto, cuando un país opta por insertarse en una economía de mercado, debe de ajustar todas sus políticas sin exclusión a ese tipo de entorno para que haya coherencia y consistencia hacia los objetivos.

El Presupuesto General de la República deberá ser un reflejo de congruencia en torno a una estrategia de desarrollo enmarcada en el contexto de apertura y competitividad que empuja a Nicaragua hacia esquemas de integración, y que se deben reflejar en una política de comercio exterior estrechamente interrelacionada con la política fiscal, monetaria, arancelaria. Igualmente las políticas sectoriales deberán responder al aprovechamiento de las oportunidades y para enfrentar los desafíos y retos que implica un proceso de apertura, ya sea unilateral, bilateral, regional, o bien multilateral.

El TLC con Estados Unidos tiene un valor estratégico por ser este país el socio comercial más importante de Centroamérica. Evidentemente que con sólo el hecho de considerar la diferencia entre las dos economías y comparar la ventaja absoluta: natural y adquirida de los Estados Unidos con respecto a la de los cinco países centroamericanos, comenzando con su extensión y número de habitantes, se genera animadversión y se despiertan inquietudes infundadas pero también bien fundadas.

Especialmente cuando se conoce el bajo nivel de competitividad de algunos sectores productivos y empresas que sufrirían por los efectos estáticos de la integración que influye para que los recursos pasen de productores menos eficientes a los más eficientes.

Pero por otro lado, también se debe considerar que los cinco países han estado manteniendo relaciones comerciales con este país bajo un esquema unilateral de preferencias previsto en la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, donde a discreción política de Estados Unidos, las reglas del juego pueden cambiar, o bien en función de un tratamiento de nación más favorecida regido por la normativa de la Organización Mundial de Comercio, incluyendo rígidas cuotas negociadas para la importación de productos agrícolas básicos que constituyen la principal fuente de divisas para los países en desarrollo: azúcar, carne, lácteos, maní, etc.

Por lo tanto atender las relaciones de comercio e inversión con Estados Unidos en el marco de un TLC, debe considerarse también como una oportunidad para mejorar nuestra relación comercial en términos de calidad y cantidad de los flujos de comercio e inversión que se reflejen en una mejor composición de la balanza comercial, incremento de las exportaciones, generación de empleo, transferencia tecnológica, nuevos procesos de producción, y una mayor variedad de bienes y servicios de mejor calidad a menores precios para la población.

Es importante tomar en cuenta que también la reducción de barrera tiene un efecto dinámico en el crecimiento del mercado que induce a cambios en las eficiencias interna y externa. Por lo que habrá que esperarse un incremento de la demanda total que deberá ser atendido por aquellas compañías eficientes que busquen como ampliar su producción a economías de escala. De aquí pueden surgir nuevas formas de competir para las empresas nacionales de los países centroamericanos a través de fusiones y alianzas estratégicas, en un mercado más grande.

La habilidad de negociar este TLC, está en la forma cómo se plantea a lo interno de los cinco países para que a la vez que la relación comercial con los Estados Unidos salga fortalecida, también se fortalezca la integración centroamericana para tranquilidad de los sectores privados y la sociedad civil, que deberán conocer con certeza los tiempos y espacios para prepararse para competir y aprovechar las oportunidades y enfrentar los retos.

En consideración al tamaño de las economías, es evidente que el planteamiento de los cinco países debe pasar por una asimetría y el acomodo de sus respectivos productos en una canasta que proponerle a Estados Unidos, con plazos de desgravaciones consistentes, protegiendo aquéllos que ya se están exportando entre los países, para evitar que los productos centroamericanos sean sustituidos por los estadounidenses. Caso de la leche costarricense o carne nicaragüense, sectores que deben tener un horizonte despejado para consolidarse con tiempos definidos en esta negociación.

Esta negociación deberá ser una oportunidad para sacar adelante aspectos con Estados Unidos que son más difíciles de tocar en el contexto de la OMC. El TLC brinda mayor flexibilidad y garantías de liberalización a la agricultura, que en el seno de la OMC no ha sido posible, pues se dispone de la base jurídica que permite el incremento de cuotas, que aunque en términos proporcionales significan mucho volumen para las economías centroamericanas, son pequeñas para los Estados Unidos y no les causarán mucho ruido. Del mismo modo se debe de buscar una solución compensadora a la competencia desleal que significan los subsidios a la agricultura dentro del capítulo de subsidios o políticas de competencia.

Sin embargo, al final habrá que tomar en cuenta que el TLC por sí mismo no puede remediar situaciones insalvables de eficiencia y productividad para una competitividad empresarial. Tampoco podrá resolver los problemas de infraestructura, reducir los costos de transacción o mejorar la capacidad de los mercados laborales que eleven el nivel de competitividad país.

El TLC con Estados Unidos no es la solución a los problemas que aquejan a Nicaragua, pero sí es una herramienta llamada a dinamizar el comercio y la inversión que el sector empresarial deberá aprender a manejar. El TLC se debe negociar tomando en consideración que además del sector empresarial, la sociedad civil: sindicatos, gremiales y consumidores en general serán afectados también de una u otra forma, y el éxito del TLC pasa por el involucramiento, apoderamiento o rechazo que estas formas de agrupación hagan respecto de ese instrumento.

Finalmente está la capacidad de administración del TLC y los ajustes en el marco jurídico y administrativo que el Estado tendrá que realizar para responder de acuerdo a un clima de negocio competitivo que se corresponda con este instrumento.

La autora es Presidenta Ejecutiva del FISE y ex Viceministra de Fomento, Industria y Comercio.

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