- El templo de El Sauce es el hogar de la imagen del Cristo Negro o Señor de los Milagros. A finales de 1997 sufrió un incendio que destruyó toda su nave central, pero sus paredes resistieron y hoy cuentan una profunda historia religiosa
Mercedes PeraltaCorresponsal / Leó[email protected]
El templo de El Sauce, santuario nacional de Nuestro Señor de los Milagros, arribó a sus 150 años de construcción e historia. Sus paredes pueden contar todavía una experiencia religiosa ocurrida hace casi tres siglos, cuando, por primera vez, la imagen del Cristo Negro pisó la tierra del entonces Valle El Guayabal.
En su libro “De Esquipulas a El Sauce, una historia de amor”, el presbítero Orlando Ordóñez Toledo (fallecido), quien fuera párroco de ese municipio ubicado del Norte de León, explica que el 5 de julio de 1853, el Obispo de León, monseñor Jorge Viteri y Ungo, nombró cura al presbítero Fernando Hidalgo, independizando así a El Sauce de la parroquia de Somotillo.
La tradición originada a inicios del siglo XVIII, de llevar al Cristo de Esquipulas en peregrinación por Centroamérica, a espaldas del Demandante Guadalupe Trejos, convirtió a El Sauce, antiguo Valle El Guayabal, en un santuario del Cristo Negro.
Documentos históricos de la Iglesia Católica, revelan que el 18 de octubre de 1723, los peregrinos dispusieron descansar bajo un árbol de sauce en el antiguo Valle El Guayabal, y expusieron la imagen a la veneración pública. La procesión venía de Jinotega, con rumbo a Honduras.
Una secuencia de obstáculos, desde la peste de cólera, hasta el crecimiento de los ríos, la muerte del demandante Trejos, en aquel año, impidieron que la peregrinación continuara su rumbo. Los registros históricos señalan los intentos por continuar la romería en los años subsiguientes, pero en 1728 Vicente Argeñal e Hilario Arizavala, años más tarde, emisarios de las autoridades eclesiásticas, morirían en el intento de devolver la imagen a su lugar de origen. Así se quedó la imagen en la Villa, donde fueron construida varias ermitas.
El presbítero Hidalgo, el 7 de diciembre de 1860, decidió tomar las medidas para construir un templo, diseñado por el arquitecto Antonio Vidoña, que albergara a tanta gente que llegaba en peregrinación de fuera y dentro del país. El 3 de abril 1868 fue bendecido el templo y santuario.
REDUCIDO A CENIZAS
Un incendio ocurrido la noche del 26 de diciembre de 1997, destruyó el templo considerado era una verdadera obra de arte, orgullo de los sauceños y declarado por la Iglesia Católica Santuario Nacional de Nuestro Señor de los Milagros, el 16 de junio de 1984.
Tras el incendio, un grupo de sauceños se convocaron y formaron un comité para la reconstrucción del templo y restauración posible de algunas áreas. Don Agustín Moreno (q.e.pd.) y el Padre Francisco Javier Leiva, entre otros, iniciaron la obra, apoyados de la arquitecto María Gertrudis Palacios, quien elaboró el proyecto y logró el apoyo profesional y económico de algunos amigos.
CELEBRARON ANIVERSARIO
Los 150 años del templo, fueron celebrados por los habitantes de El Sauce el sábado 5 de julio, con una misa presidida por el Obispo de la Diócesis, monseñor Bosco Vivas Robelo, y la bendición del altar de la Virgen de la Concepción.
Por su parte, las comunidades religiosas de las comarcas azucenas celebraron el viernes una vigilia en la iglesia, y el domingo algunos niños recibieron las aguas bautismales, explicó el párroco Francisco Tijerino. De esa manera el pueblo de El Sauce ratifica su amor y devoción al santo patrono del pueblo Nuestro Señor de los Milagros, representado en una imagen del Cristo Crucificado, color oscuro, como el color de la piel de los indígenas.
EL ALTAR DE LA INMACULADA
El altar de madera preciosa, de ocho metros de altura, dedicado a la Inmaculada Concepción, en la nave que ocupara antes del incendio, fue donado por la doctora Concepción Palacios Pastora, quien también formó parte del comité pro restauración del templo.
La madera para el altar y los pilares fue donado por la doctora Palacios, de su finca, y los trabajos los encomendó a don Porfirio Mendoza, ebanista sauceño. Otros altares han sido donados por otras familias.