Mario Alfaro Alvarado
Cuando el presidente Arnoldo Alemán nombró su gabinete de gobierno, al menos dos de sus ministros fueron rechazados por la opinión pública porque se había infringido el artículo 20 de la Constitución Política, según el cual “ningún nacional puede ser privado de su nacionalidad, excepto que adquiera voluntariamente otra”. Específicamente uno de esos ministros era el doctor José Antonio Alvarado.
Se encendió, entonces, un debate sobre la nacionalidad del doctor Alvarado. Pero como sucede siempre en estos casos, argumentos van y argumentos vienen y al final se impone el capricho del gobernante. Por medio de su pacto con el FSLN, el doctor Alemán cambió la redacción del artículo 20 constitucional y todo quedó conforme a su voluntad.
De esta manera el doctor Alvarado conservó su puesto de ministro y recuperó su nacionalidad nicaragüense. Hasta aquí debió quedar este asunto, pero nada es definitivo en el rejuego tortuoso de la política vernácula. Aquí los presidentes de la República tienen la potestad, que nadie les ha otorgado sino la razón de la fuerza, para cambiar la Constitución las veces que les venga en gana a fin de ajustarla a sus conveniencias personales. Es una vieja y viciosa tradición del liberalismo. Así lo hicieron el primer Somoza, el segundo y el tercero; y lo volvieron a hacer los somocistas cuando regresaron al poder en 1996.
Pero esta historia tiene una segunda parte, tan interesante o más que la primera. El doctor José Antonio Alvarado se distanció del doctor Alemán, porque éste no lo quería como candidato presidencial en las últimas elecciones, y le aplicó el artículo 20 en su redacción original.
El doctor Alvarado recurrió de amparo ante la Corte de Apelaciones de Granada y ésta aceptó el amparo. Comenzó entonces un recio combate de intrigas, ofrecimientos de sobornos y promesas generosas, formuladas en nombre del entonces presidente Alemán; y por último, al fracasar los halagos, comenzaron las amenazas, todo tipo de amenazas, para que los magistrados se devolvieran sobre el fallo emitido a favor del doctor Alvarado.
Examinado por la Corte Suprema de Justicia, se mantuvo la apelación sin ir al plenario y el gobernante fue derrotado. Esto atizó la naturaleza vengativa del doctor Alemán, que tiene fama de no olvidar ningún agravio que lastime su ego envanecido por la soberbia y vuelve una y otra vez sobre el mismo asunto.
Con el nombramiento de los cinco nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, prohijados por el pacto libero-sandinista, Alemán, desde los privilegios de su casa donde guarda prisión, ha girado a sus incondicionales seguidores para que persigan de nuevo a los magistrados de Granada y les cobren, con la destitución, el fallo que lastimó su orgullo y encendió el fuego de su venganza.
Los cinco nuevos magistrados de la Cort