Sin tierra donde vivir

Unas cien familias nicaragüenses fueron desalojadas de la Reserva de Bosawás. La estaban destruyendo. Ellos reconocen que eran ilegales en ese territorio protegido, pero aseguran que no tienen donde vivir y critican la forma violenta en que fueron expulsados. La Policía y el Ejército niegan que hayan quemado viviendas y enseres, aunque el ministro del […]

  • Unas cien familias nicaragüenses fueron desalojadas de la Reserva de Bosawás. La estaban destruyendo. Ellos reconocen que eran ilegales en ese territorio protegido, pero aseguran que no tienen donde vivir y critican la forma violenta en que fueron expulsados. La Policía y el Ejército niegan que hayan quemado viviendas y enseres, aunque el ministro del Marena explica que “había que destruir, para no darles la posibilidad de regresar”

María Antonia López Manzanares [email protected]

SIUNA, RAAN.- “Cuando nos sacaron, mi hijo no estaba enfermo; fui al hospital de Siuna pero no me lo atendieron, tres días estuve allí. Tenía una gran calentura. Sólo me decían que lo zampara en una pana con agua. Cuando se me murió me vine para acá, la gente católica de la comunidad me ayudó a enterrarlo”. Virginia Blandón relata su tragedia mientras enjuga las lágrimas con un trozo de toalla. Su pequeño Oliver López, de un año, murió hace unos días a causa de vómitos, diarrea y fiebre.

El pequeño murió poco después que las autoridades decidieran sacar a unas cien familias de la Reserva de Biosfera de Bosawás, donde se habían asentado ilegalmente.

Blandón era madre de cinco hijos, el más pequeño fue el que murió. “Cuando ellos llegaron nos tiraron todo para afuera. Tuve que estar con mis hijos a la orilla del río Waní, varios días, después de caminar un montón de tiempo, para poderme cruzar con algunas cosas”, continuó, recordando con pena el día en que llegaron a desalojarla los de la patrulla.

La Reserva de Bosawás es considerada uno de los patrimonios más valiosos del país. Es una de las más grandes de la región centroamericana y por ende es prohibido mediante ley que sea habitada, a fin de mantener el máximo de conservación del bosque. Sin embargo, muchas personas se fueron introduciendo, considerando que eran “tierras de nadie” .

Por tal motivo, el desalojo de la reserva fue planificado por funcionarios de gobierno, tras constatar que al menos 10 mil hectáreas de bosque habían sido tumbadas, siendo sustituidas por plantíos de granos básicos, hechos por personas ajenas a las comunidades indígenas de Siuna que por años han tratado de preservar la montaña del Parque Nacional Saslaya, uno de los componentes de Bosawás, y una de las áreas más afectadas por la tala.

De tal manera que se planificó la llegada de los efectivos policiales, del Ejército y guardabosques a cada una de las casas, aunque no fue en un solo día, ya que estas personas habitaban comunidades que distan cuatro, cinco y hasta ocho horas de distancia desde El Hormiguero.

Según los relatos de estas personas, cuando llegaron a decirles que salieran, no hubo promesas de ningún tipo, solamente les indicaron hasta dónde tenían que trasladarse.

Sin mucha resistencia obedecieron las órdenes que les daban, mientras observaban cómo caían los ripios de madera de sus humildes casas, unas destruidas por golpes de martillos o bien por el fuego que, según dicen, prendieron los efectivos.

ÉXODO A EL HORMIGUERO

Una vez empezaron a llegar las familias tras caminar con sus pocas pertenencias, fueron ubicadas en unas viviendas de madera que pertenecen a la Cooperativa de El Hormiguero.

Un grupo de ellos fueron trasladados hasta sus lugares de origen, otros recibieron dinero para que subieran al transporte colectivo y se fueran de allí.

Pero otros, casi la mitad de los desalojados, se quedaron, alegando que no tienen hacia donde ir, y mientras pasaban los días se dieron cuenta que no tenían ayuda de nadie, por lo que decidieron organizar una junta directiva que les represente para hacer gestiones ante la Alcaldía de Siuna.

Marcos Lugo García está representando a la Comisión de Desalojados de la Reserva de Bosawás. Es un ex miembro de la Resistencia Nicaragüense y asegura que después de la desmovilización estuvo cuatro años “alquilando tierras”.

Recordó que el gobierno adquirió un compromiso de entrega de tierras y financiamiento si deponían sus armas “pero no fue así, y después de estar esperando sin repuesta, decidimos buscar donde vivir”.

Explicó que a su casa llegaron el 21. “Me sacaron con toda la familia y comenzaron a despegar las tablas, incluso, a mí me detuvieron, sin una orden de captura, sólo argumentaron que yo estaba causando daño en una propiedad del Estado”.

Según Lugo, él tiene documentos legales que lo acreditan como dueño de la finca donde habitaba, tras haberla comprado a Servelio Méndez. “Yo no sabía que esas eran tierras del Estado. Nosotros venimos desde Las Segovias, porque no teníamos donde trabajar”.

Ahora están en las casas de la cooperativa, pese a que les dijeron que no hay solución. “Estamos aguantándonos, comiendo frutas, porque el poquito de comida que logramos sacar, ya se está acabando”.

Las casas de la Cooperativa de El Hormiguero, parecieran salones de reunión, siempre llenas. En cada una están pernoctando dos y tres familias juntas. Entre ellos buscan cómo distribuirse el poco alimento que les queda, priorizando a los niños que lucen muy pálidos, esqueléticos o con severos problemas de parásitos.

CASAS QUEMADAS

Otro de los desalojados que cuenta su historia es Valeriano Meza Chavarría, quien vivía en Aguas Verdes; deambulaba por la estrecha calle entre las casas de la cooperativa, mostrando los restos de granos de maíz quemados y otro puño que pudo sacar antes de ser desalojado. Granos que ya mostraban señales de humedad (nacidos), pero que, aseguró, no podía botarlos, porque eso significaba dejar de hacer dos tiempos más de comida.

Meza con una familia de seis miembros, comentó que le quemaron la casa donde tenía el maíz guardado para comer. “Sólo pudimos salvar una parte de la ropita y los trastes”, dice. Ahora cree que por estar organizados, pueden tener alguna ayuda.

Mientras, cargando a una niña que tenía el rostro con picaduras, María Justina Hernández llegó desde la comunidad Manchones, ubicada dentro de la Reserva de Bosawás. “Llegaron como a las siete de la mañana. Yo estaba acostada porque a la niña le doy pacha, me dijeron que me saliera. Les dije que me esperaran, que iba a sacar la leche, pero no me dejaron, y ellos empezaron a sacar los trapos y tirarlos para afuera, al suelo lodoso, después le pegaron fuego a la casa”.

Hernández es madre de doce hijos, uno de ellos se le ha escapado de morir por diarrea y vómitos. Se quejó de que en el puesto de salud de El Hormiguero no le han dado medicamentos.

Dijo no saber cómo darles de comer a sus hijos, sobre todo a la hija de meses que cargaba. Tendrá que “halarme la teta a la fuerza, porque no tengo para comprar la leche”.

También Timoteo Gutiérrez habitaba en la comunidad El Coco, otro de los caseríos dentro de la montaña. Explicó que la Cruz Roja les llevó ropa usada y algo de alimento, que fue donado por los pobladores de Siuna, pero la comida ya se está acabando, a la vez que mostraba a su hijo con un alto grado de desnutrición.

Gutiérrez sabe que no pueden seguir en la reserva. Era miembro de la ex Resistencia Nicaragüense, vivía en Pantasma, sitio a donde no quiere volver porque tampoco tiene donde asentarse, ya que su familia está en condiciones similares a las que él está atravesando actualmente.

En tanto Rosa Zeas no oculta su angustia. “Mi hija no se puede ni levantar, está toda tembeleque, los otros están todos mayatosos por la diarrea que tienen. Allí en el centro sólo me han dado unos polvitos, y no puedo darles de comer mucho, porque solamente tengo unas libritas de frijol y un maíz para comer una o dos veces. Tenemos que estar promediando porque no sabemos cómo vamos a hacer de aquí para allá” .

Ante esos problemas el Alcalde de Siuna, Julián Gaitán, explicó que cuando él acordó con la comisión el desalojo, les advirtió que debían llevarlos a sus lugares de origen, pero no se fueron todos.

Ahora siente temor de lo que pueda suceder si no les dan solución, porque muchos de ellos para buscar comida puede acudir al robo, y otros hasta armarse para conformar bandas delincuenciales.

Gaitán agregó que había solicitado una reunión con el Ministerio de Gobernación para que le ayuden a resolver el problema de esa gente, pero todavía no tenía respuesta.

RESERVA MUNDIAL

La Reserva de Biosfera de Bosawás fue declarada Patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO, en 1998 y desde 1996 ya era una Reserva Natural, dado el alto potencial de recurso forestal, considerado el más grande de Centroamérica.  

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