Taxistas de gatillo fácil

José Adán Silva [email protected] Ocurrió nuevamente, y en menos de un mes: Un pasajero no llegó a su destino porque encontró la muerte a balazos en un taxi. El desafortunado murió en el Hospital Antonio Lenín Fonseca minutos después de recibir un balazo en la cabeza, de parte del conductor de un taxi de color […]

José Adán Silva

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Ocurrió nuevamente, y en menos de un mes: Un pasajero no llegó a su destino porque encontró la muerte a balazos en un taxi.

El desafortunado murió en el Hospital Antonio Lenín Fonseca minutos después de recibir un balazo en la cabeza, de parte del conductor de un taxi de color rojo, la madrugada del domingo 22 de junio.

De acuerdo con la teniente Marlene Portillo, jefe de Análisis e Investigación de la Estación Seis de la Policía, el crimen ocurrió aproximadamente a las tres de la madrugada de ese domingo, cuando el ahora occiso viajaba a bordo del taxi junto a otro hombre.

Portillo explicó que al pasar por el barrio La Primavera, en Carretera Norte, los hombres descendieron del automóvil y posteriormente discutieron con el taxista hasta protagonizar un pleito que terminó cuando el conductor sacó una pistola calibre 22 y martilló en dirección a las ideas de su pasajero.

La principal sospecha de por qué inició el crimen hasta ahora no resuelto, es porque el taxista no quería dar el cambio a sus pasajeros, bajo el argumento de que no “ando sencillo”.

Como casi siempre ocurre, al final de un crimen, el autor subió al vehículo y huyó del lugar. La víctima, ensangrentada pero viva aún, fue trasladada por los oficiales del Distrito Seis al hospital donde dijo adiós al mundo.

Este incidente violento ocurrió solamente un mes después de que otro taxista de gatillo alegre asesinó a su pasajero de dos balazos en la cabeza (¿por qué disparan siempre a la cabeza?), sólo porque éste le reclamó que por qué no lo dejó en la dirección indicada. En esa ocasión la víctima fue José Dolores Vallejos Amador, de 38 años, quien murió el 30 de mayo, a unos 70 metros de su vivienda ubicada en Villa Rubén Darío, en Managua.

Algunos dirán que recontar sucesos como éstos, es hacer una morbosa apología del delito, o predisponer a la gente en contra de los taxistas, lo cual no es cierto, ya que muchos de ellos, con sus actuaciones y malos tratos que brindan a sus clientes, se han ganado una mala fama que muy difícilmente se les quitará de un día para otro.

Es que no es común que los taxistas estén matando y asaltando a sus pasajeros y eso deberían saberlo quienes tienen esa responsabilidad del transporte selectivo, y también quienes asumen el riesgo de subir a un taxi para tratar de llegar con seguridad a su destino.

Los taxistas no deben andar armados en los turnos de trabajo, y menos con pistolas o machetes. Algunos dirán que la defensa es permitida y que tienen que andar así porque son víctimas reales y constantes de los delincuentes que los asaltan, les roban sus carros, los golpean y hasta los matan, pero la población no debe quedar expuesta a los malos ánimos de un taxista estresado que tiene una pistola al alcance de la mano, y que no le gusta que uno reclame sus derechos como cliente.

Esto es algo que debería regular la Policía a través de sus constantes chequeos en las vías, sobre todo después de las seis de la tarde, cuando junto a las sombras afloran los delitos y los malos pensamientos, que junto a una pistola, pueden llevar a los pasajeros a todos lados, menos a su destino.  

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