La organización internacional Reporteros Sin Fronteras (RSF) pidió a los medios y los comunicadores democráticos de todo el mundo, apoyar esta semana una jornada de solidaridad con los periodistas independientes de Cuba que el 25 de junio cumplieron cien días de haber sido encarcelados, sometidos a procesos judiciales fascistas, condenados a largas penas de prisión y confinados a presidios lejanos para que sus familiares no puedan visitarlos.
La solidaridad con los periodistas independientes de Cuba es apoyada por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), de la que forma parte LA PRENSA de Nicaragua, un diario que ha sufrido en carne propia el rigor de la represión totalitaria y que ostenta orgulloso un extenso historial de lucha por el derecho a la libertad de expresión y de información aquí y en cualquier parte del mundo donde sea conculcada.
Son 26 los periodistas cubanos condenados hasta a veintiocho años de cárcel, cuyas sentencias fueron confirmadas esta semana por la Corte Suprema de Justicia de Cuba, país que tiene el infame “honor” de ser el mayor presidio de periodistas en el mundo.
En solidaridad con los cubanos inhumanamente reprimidos por la dictadura comunista de Fidel Castro, PSF ha pedido a más de 120 mil turistas franceses que planean ir de vacaciones este verano a Cuba, que no lo hagan, como protesta contra la represión que sufren los periodistas y disidentes democráticos de la isla. Y la misma petición hacen a todos los turistas europeos que acostumbran pasar sus vacaciones en Cuba.
Por su parte el director de Human Rights Watch, Miguel Vivanco, señaló que los gobiernos democráticos latinoamericanos no deberían permitir que un país paria de los derechos humanos, como es Cuba, los representantes en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. “Países que han sido reiteradamente condenados por la Comisión (de Derechos Humanos), que se niegan a instrumentar sus recomendaciones, que desconocen su autoridad, que han impedido sistemáticamente misiones de investigación —el caso de Cuba se ajusta a todas las situaciones enumeradas— no deberían jamás ser miembros del máximo órgano de derechos humanos del mundo”, afirmó el líder de Human Rights Watch.
Al respecto LA PRENSA ha demandado al Gobierno del presidente Enrique Bolaños que exprese con valentía la solidaridad de la parte democrática del pueblo de Nicaragua con los demócratas cubanos, de la misma manera que muchos gobiernos y pueblos apoyaron a los disidentes democráticos nicaragüenses —inclusive al ahora presidente Bolaños— y a la prensa y los periodistas independientes cuando sufríamos la represión totalitaria sandinista.
Y decimos la parte democrática del pueblo, porque el sector sandinista de la población nicaragüense más bien aplaude la represión contra los periodistas independientes y disidentes democráticos cubanos. Lo que demuestra que los sandinistas quisieran hacer lo mismo aquí contra la libertad de prensa y los periodistas independientes, en caso de que pudieran regresar al poder.
En realidad, lo menos que podría y debería hacer el gobierno democrático de Nicaragua es congelar las relaciones diplomáticas con Cuba, y no por comunista porque cada quien, persona o país, tiene derecho a sustentar la ideología que quiera, sino por represiva y criminal.
La verdad es que el mundo libre no debería seguir tolerando el alarde totalitario y agresivo de Castro, que ha merecido censuras enérgicas hasta de personalidades y gobiernos que tradicionalmente lo apoyaron o que por diversos motivos se han hecho de la vista gorda ante la tragedia del pueblo cubano.
Analistas internacionales expertos en Cuba opinan que la renuncia de Fidel Castro a los pocos amigos que le quedaban en Europa, su desprecio a la opinión internacional y el escarnio que hace de los principios que rigen la convivencia civilizada de las naciones, demuestra que la dictadura comunista está en la etapa final de un proceso que indefectiblemente conduce a la extinción, no sólo política sino también biológica, del régimen castrista.
Pero no basta saber eso. Ningún régimen opresivo cae por sí sólo, por muy podrido que esté. Hay que hacerlo caer, y Nicaragua tiene la obligación moral de contribuir a esa aspiración de la humanidad agraviada por la criminal represión en Cuba, al menos con el congelamiento de las relaciones con el régimen comunista de Castro.