Orlando Flores Ponce
Con el fallecimiento de Lillian Gurdián de Sacasa no es posible callar.
Después del amor divino de Dios, lo que sigue es el amor de la madre. Muchos creen que cuando los hijos se casan y forman su vida, se acaba la labor de los padres, pero no es así, los padres siguen trabajando y cuando son viudas, es más notable, porque continúa el aprendizaje, la enseñanza, sigue el ejemplo amoroso, el consejo a tiempo. Ahí está siempre la madre, siempre lista para servir, para perdonar, para compartir el dolor de sus hijos o la alegría.
Nos consta que Lilliam vivió esa vida. No hay más que ver los rostros de sus hijos, como todos son caballeros y señoras. Son nobles, son patricios, porque fue una gran madre, una mujer notable.
Junto a su marido, el doctor Ramiro Sacasa Guerrero, quien fue el primero que en su disidencia liberal dio un grito de protesta y el primer paso contra la corrupción. Fundó el Movimiento Liberal Constitucionalista, del cual yo soy también fundador, y ahora es el Partido Liberal Constitucionalista, que se ha nutrido del Partido Liberal. Así fue para nosotros como el presidente Ramiro Sacasa Guerrero y su esposa Lilliam como la primera dama de la República.
Así nació una nueva estrella de singular belleza y amorosa, Lilliam Gurdián de Sacasa.