Ricardo Narváez R.
Al alcalde Lewites se le ocurrió exigirle a las compañías embotelladoras que se hagan responsables por los envases. No les exige a los consumidores que boten la basura en su lugar o se atengan a fuertes multas, porque es más fácil meterse con pocos que con muchos, además que es una falta a los ideales populistas del partido que representa. Me acuerdo de los acosos contra la empresa privada en los años ochenta.
Tampoco manda expulsar a los “vende cualquier cosa” de los semáforos, paradas de buses, terminales, etc., para evitar que los desperdicios se acumulen en las calles y cauces. Pero amenaza con subir los impuestos de los derivados plásticos, como si tal ingreso se emplearía para limpiar los mismos productos convertidos en desperdicios.
Y esta parsimonia no sólo es en Managua. Da pesar ver cómo se han apostado en el único tranque de la Carretera Managua-Nagarote entre 20 y 30 vendedores de agua, gaseosas, jugos, repostería, chicles, cigarros, etc., que no limpian el basurero que han creado a ambos lados de la carretera.