Francisco Marcial Rivera García
Siempre he tenido un profundo cariño y admiración por LA PRENSA, que se ha destacado históricamente por ser un periódico comprometido en la defensa de este sufrido pueblo y en especial de los más pobres. También ha llevado siempre la vanguardia en la denuncia de injusticias y de corrupción de los “grandotes” y en especial de los gobiernos despóticos que han desolado este gran país.
Sin embargo su actitud actual en relación al triste caso de los hermanos cañeros que reclaman su justos derechos, deja mucho que desear. Ese tema ha sido casi censurado y en el mejor de los casos abordado restrictivamente y a veces hasta mal intencionado.
¿Por qué no poner en primera plana los tristes testimonios de las viudas y de los que sufren los estragos de la “insuficiencia renal crónica” producto de las pésimas condiciones de trabajo a las que han sido expuestos? ¿Por qué no hablar de los casi dos mil niños que han quedado huérfanos? ¿Acaso temen que el señor Pellas tome represalias económicas contra ustedes?
¿Por qué callan y por qué temen ante este grandote de turno? ¿No se llama esto corrupción también? “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque Dios los saciará”, Mt. 5, 6.
Estudiante de Teología en el Seminario Nacional de Managua.
Nota del Editor
El tema de los cañeros lo hemos presentado en su correcta dimensión, incluyendo la versión de la otra parte, como debe hacerlo un periodismo que es balanceado, profesional y honesto.
Es injusto y ofensivo el señalamiento del señor Rivera García de que censuramos esa información —que, por el contrario, la hemos publicado muchas veces— por un supuesto temor al señor Pellas, que por cierto no sabemos qué tiene que ver en este asunto.
La verdad histórica es que LA PRENSA, como lo reconoce aunque después lo niega el señor Rivera, nunca le ha tenido miedo ni siquiera a los más poderosos dictadores, y siempre ha informado y opinado con apego a la verdad y en la justa dimensión de los hechos.