Bahía de Bluefields convertida en “cementerio de barcos”

Es un paisaje contaminante de “barcos muertos”. Los restos sarrosos y derruidos de barcos, lanchas, botes y canoas que vieron sus mejores días, no sólo afean la ciudad e impiden la libre circulación de los barcos, sino que también contaminan la bahía con cientos de toneladas de sarro. Sin embargo, entre esos “muertos de metal” […]

  • Es un paisaje contaminante de “barcos muertos”. Los restos sarrosos y derruidos de barcos, lanchas, botes y canoas que vieron sus mejores días, no sólo afean la ciudad e impiden la libre circulación de los barcos, sino que también contaminan la bahía con cientos de toneladas de sarro. Sin embargo, entre esos “muertos de metal” y madera, de la cual podría obtenerse dinero para obras sociales, hay quienes encuentran la oportunidad de sobrevivir

José Adán Silva ySergio León [email protected]

BLUEFIELDS/RAAS.- Esta porteña ciudad del Atlántico Sur, ya no hace mucho honor al significado de su nombre. Aquello de la Bahía de Campos Azules, ya no existe. Al menos así se nota desde que uno arriba al puerto de la bahía.

La bienvenida la da una febril actividad de descargue y estibadores sin camisa que levantan, montan y trasladan bultos de mercaderías. Pequeñas lanchas y cayucos cruzan entre los cargueros atracados y desaparecen en un laberinto de barcos viejos y ruinosos.

A simple vista, pareciese que todos los barcos ahí anclados son naves en uso. Una breve observación permite aclarar el paisaje de actividad y convierte el panorama en un cuadro tétrico: los barcos, en su mayoría, son restos que hace mucho dejaron de zarpar. Desde 1988, Bluefields se convirtió en un cementerio de barcos, sin que nadie haga algo al respecto.

CHATARRA CONTAMINANTE

El alcalde de Bluefields, Moisés Arana, está consciente de que un cementerio de barcos no es sólo un problema de estética, sino también de salud, pero alega que no hay dinero para solucionarlo.

“Lo que pasa es que el Gobierno no me da mucha plata. Ese montón de chatarra no sólo brinda un mal aspecto a los turistas, sino que a la ciudad también. El problema que se ha tenido es que cuando nosotros entramos a la Alcaldía, la chatarra por un lado supuestamente había sido vendida a un italiano, no sé por quién. Por otro lado otro señor que pagaba mensualmente a la Alcaldía mil córdobas también tenía derecho a ella, y de pronto hubo un problema sobre a quién le correspondía vender esa chatarra, y al final ninguno de los dos hizo algo por ella y se fueron”, explica el edil, quien justifica además, que el problema es una rastra que nadie ha querido mover.

“Este fue un problema serio que heredamos de los alcaldes anteriores, pero el problema fundamental ahora es que son tres instituciones las que tienen que ver con la chatarra: la Alcaldía, la Empresa Portuaria y el Gobierno Regional, y por diferentes problemas no nos hemos puesto de acuerdo”, confiesa el edil, tras agregar que nunca falta un inesperado dueño de chatarra que reclama respeto “por su propiedad”.

“Hemos tratado entre las tres instituciones de vender la chatarra, pero siempre ha habido personas que se aparecen de última hora, que se han apoderado de la chatarra, y aparecen como dueños, y atrasan la venta”, dice el alcalde.

MINA MILLONARIA DE CHATARRA

El potencial económico del cementerio de acero, hierro, madera, plástico y fibra de vidrio es enorme. Se calculan más de 150 embarcaciones de diferente tonelaje que yacen varadas sin ningún uso.

La venta de ella, según el alcalde Arana, generaría suficiente dinero como para asfaltar dos calles de Bluefields e impulsar otros proyectos sociales.

“Yo he dicho que con esa plata se puede asfaltar la calle que va a la universidad URACCAN, y la que va al puerto, en eso estamos pensando, pero el problema es quién va venir hasta Bluefields a comprar esas miles de toneladas de chatarra”, expresa.

El alcalde Arana está consciente de que el cementerio de barcos es algo más que un problema de estética.

“Noooo, si eso es más contaminante que las aguas negras que caen a la bahía; son un serio peligro de salud y una amenaza seria para el medio ambiente ¿Usted sabe qué desprende ese metal sarroso al agua? ¿Sabe cuántos años lleva para que se degrade? Esto es un asunto de salud pública serio, ahí hay una tremenda contaminación y la verdad nosotros hacemos un esfuerzo, pero no basta, necesitamos ayuda del Gobierno Central”.

BUROCRACIA Y LOCALISMOS

“Tienen una metodología de trabajo muy burocrática entre ellos, el Distrito Naval, la Alcaldía, el Ministerio de Transporte e Infraestructura. Ellos dan un plazo de remoción para que los dueños de barcos quiten sus chatarras, pero en ese juego de plazos se han ido quedando ahí, se supone que debemos tener respuestas concretas en 90 días, pero pasan esos 90 días y otros 90 días, y los barcos siguen ahí con plazos autorizados por ellos”, se queja Dick Herrera Urbina, administrador de la Empresa Portuaria municipal de Bluefields.

Cuenta Herrera que hace algunos años lograron mover doce embarcaciones abandonadas que bloqueaban el arribo de barcos, pero que lo hicieron de manera casi primitiva. “A punta de mecate, troncos de madera y paciencia, logramos moverlos, pero viera qué jodido fue sacarlos”, narra.

Además, señala que otro de los problemas que impide la limpieza del puerto es la cultura local.

LOS APELLIDOS ILUSTRES

“La idiosincrasia del sector es dura, aquí ha sido terrible tratar este tema, parece que las leyes aquí se hicieron para discutirlas, no para cumplirlas. Aquí es muy dado para los apellidos ilustres, los hombres notables, aunque sus barcos estén ahí inservibles, nadie les quiere decir que los muevan, porque son gente importante, eso no es así”, opinó Dick Herrera.

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