LA PRENSA/G. Miranda

Un paraíso en el Atlántico Sur

Germán MirandaEspecial para LA PRENSA [email protected] El 24 de mayo, exactamente el día que Bluefields se despertaba regocijado por las fiestas del Palo de Mayo, tuve la oportunidad de visitar, aunque fugazmente (unos cuarenta minutos), la comunidad de Rama Kay, ubicada a unos diez kilómetros al sur de esta ciudad, luego de navegar en panga […]

Germán MirandaEspecial para LA PRENSA [email protected]

El 24 de mayo, exactamente el día que Bluefields se despertaba regocijado por las fiestas del Palo de Mayo, tuve la oportunidad de visitar, aunque fugazmente (unos cuarenta minutos), la comunidad de Rama Kay, ubicada a unos diez kilómetros al sur de esta ciudad, luego de navegar en panga unos treinta y cinco minutos.

Al llegar a este cayo, quienes salen a darle la bienvenida son los niños, que entre risas maliciosas entre ellos y miradas de curiosidad, observan a los visitantes y les siguen todos sus movimientos.

Desde que uno se acerca al muelle, se observan las casas de tambo, incrustadas entre las palmeras que se mueven empujadas por el viento.

Al muelle le sigue un andén de concreto, enrumbado de Este a Oeste, hasta que llega al centro de la comunidad, donde se dirige hacia el Sur, Oeste y Norte. Este último te lleva hasta el final de la isla, la parte más alta, donde se erige una construccion. Es la iglesia, que guarda la misma arquitectura que las otras de la región: un edificio —que sobresale de entre las demás contrucciones— de techo rojo y el resto blanco, con la parte frontal prominente y la puerta grande, que invita a los feligreses a entrar. Ella saluda, desde lejos, al visitante.

Al caminar por estos senderos se puede observar a las familias que descansan tendidas en el interior de un cayuco, que también les sirve para obtener el sustento del mar y para transportarse a realizar labores agrícolas en diferentes lugares. Al preguntarle a Marvila Secundino si podía tomarle una foto, sólo lo permitió una vez que su marido lo autorizó, dejando claro de esta forma el dominio que ejerce el hombre en el núcleo familiar.

Cuando visite la Región Autónoma del Atlántico Sur, si puede, vaya Rama Kay, donde además de saborear un exquisito platillo de ostiones gozará también de paz y de un silencio relajante, así como de la hospitalidad de los pobladores del lugar, que tratarán de que usted tenga una estancia agradable.  

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