El Proyecto Nacional en las próximas elecciones

Antonio Lacayo

Recientemente he percibido que algunos medios de comunicación llaman al nuevo partido liberal bolañista “Pronal Dos”, y se afirma que, al igual que éste, está condenado al fracaso por organizarse desde el gobierno. Me parece obligado hacer algunos comentarios al respecto.

Los partidos importantes en la historia de Nicaragua se han hecho fuertes desde el gobierno. Así pasó con el Partido Conservador en el siglo 19, y con el Partido Liberal, bajo Zelaya primero y Somoza después. Así se hizo partido el FSLN, y así también se agrandó el pequeño PLC desde el gobierno municipal de Alemán. El éxito o fracaso de los partidos depende, en mi opinión, de otro tipo de consideraciones.

El Pronal, fundado el primero de noviembre de 1995, mes y medio después de haber salido yo del gobierno de doña Violeta al que me dediqué con profunda lealtad cinco años y medio, no pudo ganar porque lo decapitaron. Se fundó sobre las bases de una Nicaragua democrática que en verdad no había alcanzado el grado de democracia que presumíamos.

Se cometió el error de querer acelerar la historia, de creer que había quedado atrás el tiempo de las fuerzas oscuras que no aceptan la libre competencia de las opciones políticas ni la soberanía de los electores. En 1995 se aprobó una Reforma Constitucional hecha en parte para eliminar candidaturas específicas, entre ellas la mía. Luego fallaron las Cortes de Justicia y los Consejos Electorales al no defender los derechos violentados por estar precisamente dominados por el temor a esas fuerzas oscuras.

Prevalecieron los intereses del MRS, del FSLN, del PLC y otros partidos de la UNO que no quisieron abrirse a la competencia.

Hoy, sin embargo, siete años después, y luego de dos elecciones nacionales, la democracia ha madurado, no sólo por el tiempo transcurrido sino también por los golpes recibidos. Muchos de los que vieron en Alemán el “hombre fuerte” que doña Violeta no era, y al “antisandinista de verdad” que Antonio Lacayo tampoco fue por creer en la reconciliación, lamentan hoy haberle dado su respaldo. Nicaragua, dicen, “retrocedió”.

Y ese grado de madurez que ha ganado la democracia, curiosamente, hace que hoy la idea de un “Proyecto Nacional” sea más factible que entonces, y que sus fundamentos tengan ahora la validez que en aquel momento no lograron tener.

Considero necesario, decían esos fundamentos, “promover el entendimiento nacional mediante el logro de amplios acuerdos que aglutinen a las mayorías hacia objetivos comunes, asegurar la gobernabilidad mediante políticas pluralistas no excluyentes, forjar una sociedad dialogante, erradicar la pobreza extrema en nuestro país y lograr el desarrollo sostenible de los nicaragüenses”.

“Esto sólo será posible mediante el ejercicio del derecho a elegir y ser electos”, se decía. “Nuestra organización ejercerá plenamente esos derechos para que nuestras candidatas y candidatos a las elecciones sean los líderes más comprometidos, honestos, idóneos y ligados al pueblo”. Por eso fuimos a elecciones primarias, las primeras en la historia del país.

Hoy aprecio con verdadero interés que tanto la Convergencia y el Frente, por un lado, como el nuevo partido liberal llamado bolañista por el otro, muestren una clara intención de incluir entre sus candidatos a las próximas elecciones municipales a hombres y mujeres “aliados” en un caso, y “no necesariamente liberales” en el otro.

El terreno que perderá sin duda el PLC arnoldista en estas elecciones por no entender este avance de nuestra democracia, y por estar más centrado en la libertad del reo Arnoldo Alemán, lo ganará el partido que más se abra a esas políticas pluralistas “no excluyentes”, el que mejor logre atraer a sus aleros políticos a hombres y mujeres que no somos ni miembros del sandinismo ni del liberalismo, pero que estamos deseosos de que Nicaragua entre de una vez por todas al camino de su desarrollo y su progreso, como ya lo ha hecho Costa Rica desde hace mucho, donde la gente vive mejor, los niños se educan y las oportunidades no faltan.

La Convergencia Nacional, con el Frente como su principal aliado, ya decidió que llevará como candidatos a las elecciones municipales a los ciudadanos que la propia gente considere “los más idóneos”, los más aptos y competentes. También decidió que donde el candidato a alcalde sea un miembro del Frente, éste se haga acompañar de un vicealcalde “aliado” y viceversa.

Por eso se verá en estas próximas elecciones que los candidatos a alcalde de municipios como Granada, Jinotega, Boaco, Rivas, Masaya, Pantasma, Nueva Guinea, Siuna, Camoapa y en medio centenar más de alcaldías, por parte de la Convergencia, serán “aliados“, muy parecidos a los que en 1996 encontraron un lugar en el Pronal, fuesen éstos liberales, socialcristianos, social demócratas, resistencia, sandinistas, conservadores o sin inclinación partidaria, productores, líderes comunitarios, maestros respetables, profesionales, comerciantes, la gente que compone la vida nacional, el verdadero pueblo.

Compartir en la Convergencia con gente como Julia Mena, liberal y vicepresidenta de doña Violeta; Miriam Arguello, conservadora destacada que llegó a ser presidenta de la Asamblea Nacional; Agustín Jarquín, socialcristiano y ex Contralor General; Santiago Rivas, socialdemócrata productor cafetalero y ex presidente de Inifom, y otros destacados ciudadanos, me ha recordado el espíritu del Proyecto Nacional, fortalecido esta vez con mucha gente del Frente que hoy, curiosamente, es el pilar sobre el que descansa la gobernabilidad del país liderado por el presidente Bolaños, abandonado por su propio partido PLC.

En la medida que el nuevo partido bolañista logre su personalidad jurídica y lleve también entre sus candidatos a muchos ciudadanos “no liberales”, la elección del próximo año será la primera de esta nueva etapa de nuestra democracia, más abierta, más incluyente.

Así las cosas, que gane el mejor. Y si el PLC decide también enrumbarse hacia la modernidad, mejor aún. Los objetivos del Proyecto Nacional, entonces, estarán más cerca de alcanzarse, y éste habrá por tanto ganado una importante batalla.

El autor es ex ministro de la Presidencia.  

Editorial
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