Jurados, justicia y democracia

Fabián Ruiz Ramí[email protected]

La expresión más importante de la democracia se da cuando el pueblo ejerce el poder y éste se refleja en la administración de justicia, que a algunos les parecerá buena y a otros mala.

Así hace 2,000 años el pueblo tuvo una lección importante de ese poder mediante el gran jurado de conciencia practicado por los romanos, en el que le cedían el poder de justicia a los judíos y el resultado fue la condena de Jesús y la liberación de Barrabás. Y si ese hecho tan traumático de la historia fuere lección y causa suficiente para modificar los procesos en que el pueblo toma el poder de la ley, ninguna nación cristiana tendría contemplado la existencia de los jurados de conciencia inserto en su jurisprudencia y como una de las bases fundamentales de la democracia.

Parece entonces que a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, que sigo pensando que son demasiados y sólo velan por los intereses de sus colores partidistas, siguen atentando contra el fortalecimiento de la democracia y promueven la justicia dictatorial.

Al sugerir la idea de suspender los jurados de conciencia por el traumático resultado en el juicio llevado al señor Tirso Moreno, los magistrados quieren hacer creer su supuesta inconformidad con el resultado y congraciarse con los periodistas de LA PRENSA. Eso es sólo tirar la bola al otro lado de la cancha después de las denuncias y evidentes casos de coimas que los funcionarios del sistema judicial reciben, y es claro que “el que las usa se las imagina”.

El jurado de conciencia actúa precisamente por conciencia, y es obvio (sin tratar de justificar los actos del señor Moreno si no interpretando algún elemento de conciencia social en el juicio) que este señor sólo es un producto del fanatismo desmedido promovido por las luchas intestinas de la clase política nicaragüense; digo, podría ser un elemento de juicio en la conciencia del jurado.

Si los magistrados de la Corte sugieren que los jurados fueron pagados, deben tener pruebas y estar preocupados por castigar el hecho, porque de lo contrario son indignos de administrar la justicia por cometer un delito grave como es la injuria.

El juicio lo componen también las partes acusadora y defensora, que con sus alegatos y dominio de la jurisprudencia tratan de convencer al jurado de los hechos y dar al mismo los suficientes elementos de pruebas para dictar su veredicto, de acuerdo a sus conciencias.

Por último está el juez de la causa responsable de administrar el proceso, no para juzgar porque el veredicto lo dicta el jurado como representante de la sociedad. Pero el jurado está compuesto por personas que no saben ni tienen por qué saber de leyes, y sólo asumen su responsabilidad con los elementos de su sano juicio compuesto por valores como su creencia religiosa, posición social, educación, condición étnica, sexo y afinidad política, entre otras.

Y no es al juez al que le toca impartir justicia. Dejo esto claro; al juez no le corresponde impartir justicia sino administrarla, porque la justicia pasa a ser de los que tienen el poder y precisamente son los jurados de conciencia los que lo ejercen en nombre de los que no lo tienen.

Después de analizar la preocupación de los magistrados me pregunto: ¿Por qué el caso del Canal 6 no fue a jurado? ¿Será porque el juez de la causa y las partes del sistema debían salvar la situación a favor de sus padrinazgos políticos? Y ahora, ¿quién pagará los daños? ¿Es esa justicia democrática? Y dudo más del sistema de justicia cuando pienso que los juicios de los checazos, los camionetazos y la guaca se han de salvar por el mismo camino. Ya se rumora la puesta en libertad de Alemán. ¿Será ésta la urgencia de los magistrados obedientes a sus banderas de criticar a los jurados de conciencia para sugerir la eliminación de los mismos?

Para ser imparcial y justo no debe actuarse con rencor ni venganza, sino de forma reflexiva, participativa, objetiva y social. Más dramáticos y dolorosos que la experiencia sufrida por los periodistas, son los actos en los que han resultado absueltos acusados de narcotráfico o lavado de dinero; algunos por los jurados de conciencia y otros por los mismos jueces. Entonces ¿por qué no se había reflexionado con tal beligerancia antes? Hay que revisar el sistema pero no desde los efectos sino desde las causas. Y no olvidar que democracia es el poder ejercido por el pueblo, y los tribunales de conciencia son una garantía de ese poder.

El autor es catedrático en Estadística.  

Editorial
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