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Cuando se acaba la confianza en los gobernantes, a los ciudadanos sólo les queda la fe en Dios, pero los cristianos evangélicos de Nicaragua demostraron este sábado que la fe necesita el refuerzo de la crítica.
Miles de cristianos marcharon por las calles de Managua y se plantaron ante la Asamblea Legislativa para orar y presentar sus críticas a los poderes del Estado, porque consideran que allí prevalecen intereses de partidos que dañan a la población.
La actitud de los pastores evangélicos es ahora diferente a la de los principales líderes católicos, porque éstos suelen pedir fe pero evitan criticar con franqueza las actitudes de gobernantes y políticos que engañan a los ciudadanos.
Los evangélicos propusieron acabar con la influencia de los partidos políticos en los poderes del Estado, para moralizar las instituciones, y que los gobernantes hagan realidad sus promesas de campaña electoral, porque la gente creyó en ellas y por eso les dio su voto.
Argumentan que la tarea principal de un gobernante es cumplir los compromisos que adquiere con los electores, antes de ser elegido.
“Ya sólo trabajamos por fe”, dijo una maestra la semana pasada cuando le preguntaron cómo hacía para cubrir sus necesidades con el salario minúsculo que le paga el Estado.
Por otro lado, el ministro de Salud, Antonio Alvarado, se enojó con una periodista de LA PRENSA porque publicó la información de que hay escasez de medicinas. “Sólo lo negativo ven ustedes… Si no hay medicinas es porque el presupuesto de Salud es pequeño”, le reprochó.
¿Sólo porque el ministro tiene una justificación, los periodistas deben ocultar que faltan medicinas en los centros asistenciales públicos? De ninguna manera.
Las coartadas abundan entre los funcionarios públicos, así como las contradicciones de sus políticas. Es difícil justificar salarios miserables para maestros y escasez de medicinas, cuando destinan presupuestos altos para gastos menos productivos, como sueldos y pensiones de algunos funcionarios.
Pero en general se observa flojera en la administración pública nicaragüense, de tal grado que el alcalde de Managua, Herty Lewites, pretendía ir a botar la basura de la capital en el cráter del Volcán Santiago, a donde llegan unos cien mil turistas cada año.
Nos enteramos después que el río San Juan, una reserva de primera calidad para el turismo, se ahoga en suciedades y la conclusión del Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (Marena) es que “no hay a quién culpar” por esa contaminación de años. Olvídense de buscar culpables, busquen soluciones.
Cuando los ciudadanos votan, más que elegir personas hacen una inversión con la esperanza de ver cambios que mejoren sus vidas en cierto plazo, pero si esa inversión va rumbo al fracaso, no les queda más recurso que la fe y la protesta, o el desquite en la próxima elección.