Hortensia Rivas Zeledón
Bajo el régimen totalitario de los nueve comandantes sandinistas todo en el país retrocedió. La economía se deterioró tanto que el salario de los profesionales y los obreros se redujo literalmente a la mínima expresión, de tal manera que un profesor de educación media graduado pasó de ganar el equivalente de seiscientos dólares al de doce dólares mensuales.
En esa época para tener derecho al trabajo se debía cumplir con deberes como participar en los cortes de café y algodón, hacer vigilancia revolucionaria e incorporarse a las Milicias Populares Sandinistas. Los docentes estaban, además, obligados a emplantillar a sus alumnos para el Servicio Militar Obligatorio.
Los comités de base sandinista y los miembros de la Juventud Sandinista 19 de Julio ejercían una férrea vigilancia sobre los maestros que no pertenecían al FSLN, mantenían informado al director y al comisario político de lo que decía el profesor en el aula, y a veces hacían acusaciones falsas.
No existía libertad de enseñanza. En primaria los textos se utilizaban para enseñar militarismo (5 tanques + 4 tanques = 9 tanques); en secundaria no había textos. Para ciencias sociales se utilizaba el diario Barricada y El Nuevo Diario, y para español se usaban los libros de los dirigentes y los poemas de poetas y poetisas sandinistas.
Cabe destacar que en esa época los despidos de los maestros eran firmados por los dirigentes de ANDEN a la par de la patronal.
En 1988 los profesores Lino Morales, Zobeida Morales y Guadalupe García organizaron en Juigalpa el primer Sindicato de Maestros Independientes y en febrero de 1989 se organizó, en el local de Conapro, en Managua, el Sindicato Nacional de Maestros Independientes encabezado por los profesores Nicolás Morales Amador, Oscar Meléndez, Digna Zamora, Mario Casco y Hortensia Rivas.
Para mayo de ese año había ya varios sindicatos departamentales y como la inflación había crecido desproporcionadamente y el salario de un mes no alcanzaba ni para tres días, los maestros de secundaria se levantaron en huelga indefinida el 16 de mayo. La cúpula sandinista se negó a aumentar el presupuesto para Educación. El padre Fernando Cardenal, quien era el Ministro de Educación, dijo que no se podía aumentar el salario de los maestros porque eran muchos. Ante esos argumentos los maestros independientes hicieron una propuesta y reclamaron algo que catorce años después sigue teniendo validez: “Que se reduzca el presupuesto militar en beneficio del de Educación porque Nicaragua necesita escuelas y no cuarteles, maestros y no soldados”. En respuesta Daniel Ortega (entonces Presidente de Nicaragua) acusó a los dirigentes magisteriales de ser miembros de la CIA .
Bajo ese ambiente de huelga, el 25 de mayo los maestros independientes de Granada se reunieron en la casa del profesor Chepito Castillo. Estaban allí, entre otros, los profesores Carlos Navarrete, Carla Barberena y Melania Talavera. La reunión fue interrumpida por dirigentes y activistas sandinitas que entraron por la fuerza a la casa y con garrotes golpearon a los maestros independientes de Granada.
Han transcurrido catorce años después de aquel bochornoso hecho provocado por la intolerancia de un régimen totalitario que negaba al pueblo todos sus derechos, entre ellos el de organizarse y reclamar mejores condiciones salariales. Y mi propósito al recordar este capítulo oscuro de la historia nacional, es que se tenga muy claro que nada, absolutamente nada de lo que pasó se debe olvidar, porque el que olvida el pasado está condenado a cometer los mismos errores y a sufrir las mismas desgracias.
La autora es maestra.