Poeta carpintero

Roberto J. García Fue una agradable y refrescante sorpresa leer un artículo sobre alguien al que conozco y respeto mucho en su sencilla forma y transparencia humana, como es el poeta carpintero Raúl J. García. No me considero su amigo personal pero sí lo conozco desde mi infancia, cuando el poeta frecuentaba en la calle […]

Roberto J. García

Fue una agradable y refrescante sorpresa leer un artículo sobre alguien al que conozco y respeto mucho en su sencilla forma y transparencia humana, como es el poeta carpintero Raúl J. García.

No me considero su amigo personal pero sí lo conozco desde mi infancia, cuando el poeta frecuentaba en la calle de El Hormiguero la casa de la señora Lydia Van Dicke, famosa en nuestro pequeño barrio-calle por sus tertulias en honor a Baco. En ellas sobresalía aquel flaquito-moreno y murruco al que conocíamos por Lula pero no recuerdo si le agradaba o no ese “nombre”. Fueron varias las ocasiones que observé a prudente distancia las manifestaciones poéticas que son naturales cuando uno se encuentra poseído por Baco, sus Ninfas y Sátiros, y siempre al fin de cada una de ellas el esperado y seductor aplauso.

En los años 80 lo vi trabajando como una hormiga en el CPC, y no porque la revolución se lo impuso sino por todo lo contrario. Se le observaba en su caminar de prisa que la poesía, la danza y cualquier manifestación de cultura no podía esperar, y se desesperaba por asirla, compartirla y repartirla principalmente entre sus discípulos de clase. Sé que aún tiene ese mismo afán.

Por circunstancias de la vida y de los hombres salí de mi bella tierra hace casi 16 años, pero gracias al Diario de los Nicaragüenses he podido seguir comulgando y engrandeciendo el amor a mi Patria, y saludando a alguien que por su sencillez es grande.  

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