Siglas nada más

Emilio Zambrana

El INC podría significar cualquier cosa. Desde Iniciativa Nicaragüense Contra la Cultura hasta Imaginémonos Nada Cerebrales o en el mejor de los casos o viceversa, Instituto Nada Confiable. Pero no, se trata de las siglas del Instituto Nicaragüense de Cultura, INC, cuya abúlica existencia raya entre el ostracismo y el anonimato. Dirigido el INC por un valioso intelectual, Napoleón Chow, éste sin embargo no le ha podido imprimir la sabiduría ni occidental ni oriental, pues ahora más que en ningún otro gobierno anterior no tiene sentido la existencia de este instituto.

Ciertamente podrán argumentar algunos intelectuales asalariados del gobierno del presidente Enrique Bolaños que la lucha contra la corrupción y la búsqueda de la mejoría económica de los nicaragüense —ambos propósitos certeros, nobles y obligatorios—, ha debilitado una estrategia hacia una asignatura pendiente por casi todos los gobiernos de turno: la cultura y su quehacer.

De ninguna manera estoy descubriendo la muralla china ni trato de estigmatizar el oficio cultural desde la tribuna del poder. Sin embargo la poca o nula actividad cultural del INC es penosa, ya que carece de credibilidad, herencia de las anteriores administraciones.

No pretendo hacer un inventario de lo que debe o no debe hacer la presente administración del INC, habida cuenta de esa herencia que para bien o para mal, en la que se promovió de alguna manera el trabajo de los artistas.

Hasta donde recuerdo, ningún artistas, gremio u organización cultural ha pedido subvenciones ni regalías del Estado, a través del INC para sobrevivir, llevando el arte, no sólo en Managua, sino a distintas regiones del país. Lo cierto es que no existe además capacidad de respuesta de parte de las actuales autoridades del INC para, creo, ni organizar un certamen de Musas, aunque como le dijo un poeta a Luis Sánchez Sancho, Editor General de LA PRENSA: “Éstas ya no nos favorecen”. Parece que tampoco al INC.

Me imagino que algún financiero del gobierno podrá criticarme y decir que vivo en un país de la utopía y que mis pies no se encuentran firmes, pues las prioridades del gobierno son más económicas que culturales. Pero, ¿acaso no existe la promoción cultural a través del turismo? ¿No se pueden ofrecer espectáculos culturales a nuestros distinguidos turistas no sólo extranjeros sino nacionales con eventos en las regiones?

Pero sin ser un analista ni experto en asuntos atingentes a la economía creo pertinente y hasta obvio señalar que el INC debe ser un instituto de promoción y gestión para la creación y producción cultural, tomando en cuenta a la empresa privada, la autogestión, la cooperación externa y la descentralización.

Aquí es que me pregunto, sin personalizar estas observaciones: ¿Dónde está el Instituto Nicaragüense de Cultura? ¿Existe? ¿Qué está haciendo el Gobierno del presidente Bolaños por la promoción de la cultura y de los hacedores de cultura? Obviamente la época de los mecenazgos y la bohemia se fue con el devenir de la posmodernidad, la economía de mercado y la globalización. Pero bueno, ¿tiene sentido la existencia de una institución por la que nadie da la cara, ni su director general ni el ministro del Ministerio de Educación Cultura y Deportes, (MECD), encargado de velar por el desarrollo y eficiencia de los artistas y su quehacer?

¿Dónde está la agenda cultural de este instituto que ni siquiera se toma la molestia de organizar eventos culturales ni nacionales ni regionales para el deleite y regocijo de la sociedad nicaragüense? ¿Acaso no existen iniciativas o políticas culturales las que suponen en la capacidad de gestión, diversidad cultural, financiamiento, formación, capacitación, promoción y, entre otras cosas, comercialización?

Quizás nos estamos enmoheciendo detrás de un escritorio y no vemos con sentido común y talento el adormecimiento de la cultura en nuestro país, ni tratamos de ver, aunque sea desde una visión cóncava, que nada se ha hecho bajo este gobierno en materia cultural. Recordemos que debe contribuir la ética y estética de una administración cultural, para que le haga feliz y duradero el nombre.

El autor es poeta, escritor y periodista

nicaragüense  

Editorial
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