En letra pequeña

Fabián [email protected]

LLAMARADA DE TUSA

Otro escándalo de corrupción. Esta vez es (¿nuevamente?) la Policía acusada de un grave delito. Narcotráfico. Sucede, sin embargo, que en Nicaragua somos buenos a comenzar cosas y nunca terminarlas. Si ustedes se acuerdan, el jefe de la Policía, Edwin Cordero, dijo que renunciaría a su cargo para que se investigara sin presiones su participación en el tráfico de armas hacia los paramilitares colombianos. Alguien le habrá aconsejado: “No hombré, no lo hagás, digan lo que digan esperá que pase el temporal”. Y pasó. Ya nadie habla de las armas y Cordero sigue llegando a su oficina de Plaza El Sol todos los días como si las tales armas sólo existieron en nuestra imaginación.

LEALTAD VERSUS CAPACIDAD

El problema con la Policía de Nicaragua es que el proceso de promoción y retiro está diseñado para que se le dé más importancia a la lealtad que a la capacidad para escoger los jefes entre los candidatos posibles. Es un secreto a voces en la misma Policía que los últimos tres jefes policiales eran los candidatos que menos meritos tenían. Al ser los últimos de la fila y ser escogidos como cabeza, tienen lógicamente que demostrar mayor lealtad y agradecimiento a quien le deben el cargo, que es el Presidente de la República, en este caso doña Violeta y Arnoldo Alemán. Este jefe, a su vez, escoge a su jefatura con los mismo criterios. De los candidatos que por ley pueden optar al cargo, selecciona a los más fieles y manda a retiro a quienes pueden hacerle sombra. Y así la Policía se viene convirtiendo en un órgano gris, menos confiable y cuyos jefes están más dedicados a sus propios beneficios que a sus deberes.

FORMATO

Ya hay un informe de la investigación que la misma Policía realizó sobre la actuación de uno de sus jefes en la mafia de la droga que opera en Nicaragua y ¿por qué no me extraña que no haya encontrado nada? Es que da la impresión que la Policía tiene un formato de inocencia preestablecida para elaborar informes cada vez que se investiga a ella misma. Bien por ellos. Otra cosa es que nosotros nos creamos ese cuento.

SALDO DE GUERRA

Ojalá no se les vaya a ocurrir a quienes defendieron la guerra de Estados Unidos contra Irak, creer que quienes pensamos diferente nos alegramos porque nuestros peores pronósticos se están confirmando. Una vez comenzada la guerra, yo hubiera querido que se nos demostrara que no teníamos la razón. Que de verdad estaban ahí las armas de destrucción masiva listas para demoler el mundo y que esa guerra a la que nos oponíamos nos estaba salvando la vida; que a Estados Unidos no le interesaba ningún control petrolero; y que ya por último, la guerra contra Irak iba a herir mortalmente al terrorismo, lejos de estimularlo como muchos opinábamos. De ser así, me alegraría admitir mi error, pero lamentablemente los hechos están demostrando que esa guerra que costó tantas vidas y lesionó mortalmente a Naciones Unidas sólo ha servido para quitar a un dictador del gobierno. Es su único saldo positivo.  

Editorial
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