Burocracia e inversión

Mario Ruiz

Hace varios años, conversando con el jefe del Tránsito Nacional comenté sobre la emisión de licencias de conducir por períodos largos, en vez de estar renovando cada cuatro o cinco años; me miró extrañado y le conté que en algunos países la licencia de conducir tiene duración de 10, 15, 25 años e incluso vitalicia. Me contestó, ya no sorprendido sino preocupado por los ingresos que podían dejarse de percibir si aquí se emitiese de ese modo.

Afirmé que la emisión de documentos en períodos cortos, lo único que hace es atrasar y quitar tiempo a las autoridades, al ciudadano y una serie de gastos adicionales al pago de aranceles, que la lógica era suprimir esas renovaciones cortas sin que se perdiesen los ingresos, estableciéndose pagos cada dos o tres años, a través del banco, sin que implicase filas y gastos de recursos, logrando de tal manera una documentación más ordenada.

Esta misma norma es aplicable a las entidades que emiten licencias, autorizaciones y carnés (alcaldía, fisco, turismo, pensionados del seguro, autorizaciones profesionales, etc), evitando así las filas y trámites para hacer lo mismo que en años anteriores. Cuando éstas se exigen para actualizar datos del solicitante, no hacen más que confirmar la ineficiencia de las instituciones.

Al haber menos requisitos para cualquier transacción, circula más capital, hay movimientos más rápidos y a través de ellos la entidades recaudadoras realizan sus cobros, aquí es al revés, primero se paga, por ello caminan tan lentas, y lo que se creó como supuesto control y actualización, conlleva a una desactualización e incluso duplicación de registros.

¿Tiempo para registrar una propiedad? Depende del funcionario, sin término perentorio para tal actividad; de igual manera el trámite ante el catastro. ¿Por qué no un tiempo para todo trámite y gestión? Se contribuye a la planificación y se espera turno en orden y según la presentación.

El síndrome de la fotocopia es endémico. En toda oficina pública e incluso privada, después que se ha hecho la fila, pagado y llevado toda la documentación, obligan a fotocopiar el pago que se hace, a otra porque ahora tiene la firma del funcionario, o la que tiene que quedar en la oficina o remitirse a otra, al llegar a la ventanilla piden otra que no habían pedido. Carreras de aquí para allá, tiempo y dinero. En las oficinas revisan poderes concedidos ante notarios públicos, desconociendo la fe pública, y revisa una secretaria.

En la era digital todavía hay anotaciones manuscritas y mientras en ciertos países es posible vender un complejo inmobiliario en pocas horas y anotarlo con el nombre del nuevo propietario, con una seguridad bastante aceptable, por acá vender un solar podría tomar meses y una cantidad excesiva de dinero, con el peligro que exista registro duplicado y una seguridad relativa. El tiempo es oro y gestiones innecesarias preocupan al inversionista nacional y extranjero que quiere producir y no perderse de oficina en oficina, alejadas unas de otras, para los permisos correspondientes. Trabajar es casi un castigo, más fácil la inactividad. Por qué no unificar trámites y reconocimiento mutuo entre oficinas gubernamentales, que agilicen y contribuyan al desarrollo.

Fuera la burocracia o fuera la inversión.

El autor es jurista.  

Editorial
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