Para poder cavalgar,
yo monto caballo ajeno,
pues el mío no está bueno
para poderlo montar.
Mi jamelgo está chimado
y del lomo no se cura;
es tan mala la montura,
que tiene el fuste quebrado.
Gordomán, dejó aperado
este rocín que yo monto,
y esto le pasa por tonto
al que presume engañado.
Lo que hizo, lo inauguro
y verdes palmas me llevo:
lo viejo, presento nuevo
aunque ya esté remaduro.
Que vean que yo camino,
es lo que más me preocupa,
aunque la crítica tupa
y hiera como Longino.
La bestia, que firme avanza
no necesita de azote,
lo probaron Don Quijote
con su amigo Sancho Panza.