¿Perdón?… ¿Y yo que hice?

En nuestra querida Nicaragua, a pesar de la disposición de la ciudadanía de querer perdonar, los grandes pecadores están de lo más tranquilos, y no se les pasa ni por el ombligo —ya no digamos por la frente— que tienen que arrepentirse y pedir perdón. Si acaso usted es de los ingenuos que cree que […]

En nuestra querida Nicaragua, a pesar de la disposición de la ciudadanía de querer perdonar, los grandes pecadores están de lo más tranquilos, y no se les pasa ni por el ombligo —ya no digamos por la frente— que tienen que arrepentirse y pedir perdón. Si acaso usted es de los ingenuos que cree que los grandotes van a pedir perdón, prepárese para muchos años más de silencio, y créanos lo que le vamos a decir: Esos majes son tan conchudos que juran que son incomprendidos, mal valorados, y que ¡somos nosotros los que les tenemos que pedir perdón por nuestro mal agradecimiento!

¿Que de quién estamos hablando? ¡Jodido, no se hagan los locos! ¿Van a decir que no los conocen?… Bueno, ahí les va, y no nos discutan el orden.

En primer lugar está Piñatín. ¡Clase de deuda la que dejó el ex comandante de la ex revolución! Y no estamos hablando de la deuda monetaria que, al fin y al cabo, con una buena dosis de trabajo inteligente se paga y todavía nos queda para otras cosas. La deuda mayor es la deuda moral. Pacto-bismol (o pepto-bismol, como le quieran llamar) desbarató sueños, desperdició y quitó miles de vidas, y ahí anda tranquilo, manejando un Mercedez de «su» casa a la Asamblea, a El Chile, a la Presidencia, y a cenas con el purpurado. En este primer lugar lo acompaña el ex todopoderoso Ministro del Interior que hizo chanchadales dentro y fuera del país, y ahora anda con cara de yo no fui, y con unas camisetas con la efigie del pato Donald que no sabemos si reflejan su buen gusto para vestir o si ya abrazó las nuevas formas de relación.

En segundo lugar está Tamalón. ¡Qué bárbaro! ¡Qué capacidad de destruir! No se contentó con robar a lo salvaje sino que está empecinado —con apoyo de sus secuaces— a no dejar tranquila ni a Nicaragua ni a los nicaragüenses. En este segundo lugar lo acompañan el chimbo de somocistas «liberales» que regresaron a hacer la patria pequeña y los bolsillos grandes.

El tercer lugar lo ocupan, para desdicha nuestra, TODOS AQUELLOS que dicen que «van a enmendar» cuando, en realidad terminan uniéndose a los que debieran pedir perdón. Para muestra, un botón: ¿Verdad, Mr. Pensiones?


El Azote

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