Y al fin, ¿dónde están las armas?

Jorge Ramos Ávalos

El mundo, no hay duda, está mejor sin Saddam Hussein en el poder en Irak. También estaría mejor sin Fidel Castro en Cuba, sin Kim Jong Il en Corea del Norte y sin Ju Hintao y Jiang Zemin en China. El mundo estaría mejor sin el asesino de Olusegun Obasanjo como presidente en Nigeria, sin el aprendiz de tirano de Hugo Chávez en Venezuela —en parte responsable de las masacres del 11 de abril y el 6 de diciembre de 2002— y sin el sangriento ex dictador Efraín Ríos Mont, todavía dando órdenes en Guatemala. Sí, el mundo estaría mejor si estos matones estuvieran en la cárcel y no en las sillas del poder. Pero la realidad es otra, aunque no nos guste.

Ni por un segundo quisiera imaginarme a Irak, de nuevo, con Saddam Hussein en el gobierno. Él mandó a asesinar a decenas de miles, igual kurdos que chiítas. Pero lo que no cuadra es la razón por la que fue sacado del poder. Estados Unidos y Gran Bretaña nos dijeron que el motivo por el que iniciaron la guerra contra Irak era, fundamentalmente, para desarmar al régimen de Saddam Hussein. Muy bien. ¿Pero dónde están las armas? Hasta el momento nadie las ha visto. Deben estar muy bien escondidas.

Lo único que se ha encontrado es un camión-laboratorio desde el cual, supuestamente, se podían producir sustancias tóxicas y venenosas. Aún faltan encontrar otros 17 camiones parecidos. Tampoco han aparecido los 25 mil litros de antrax, los 38 mil litros de toxinas bacteriológicas, las 500 toneladas de gases venenosos y los casi 30 mil misiles capaces de transportar armas químicas que, según la Casa Blanca, el Pentágono y el Departamento de Estado, existían en Irak antes de la guerra.

¿Dónde están las armas? Para ser justos, sólo se han podido investigar unos 70 de los 576 lugares donde el gobierno norteamericano sospecha que había armas de destrucción masiva en Irak. Un pequeño ejército las busca día y noche.

Lo que tampoco se ha podido encontrar por ahora es la supuesta conexión entre Saddam Hussein y el grupo terrorista Al Kaeda. Se encontraron, sí, campamentos para entrenar terroristas en Irak, pero todavía no hay ni una sola evidencia que vincule a Saddam Hussein con los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001. ¿Dónde están las pruebas? De los 19 terroristas que ocasionaron esa tragedia 16 eran de Arabia Saudita; ni uno solo era de Irak.

Llevamos más de un mes desde que la primera estatua de Saddam Hussein cayó en el centro de Bagdad el miércoles 9 de abril. Y todavía no aparecen ni las armas (químicas, bacteriológicas o nucleares) ni las evidencias del aparente vínculo de Saddam con la organización de Osama bin Laden. Ojalá que las encuentren —las armas y las evidencias— pronto porque la credibilidad de los gobiernos británico, norteamericano, español y australiano, entre otros que apoyaron la guerra, está en juego.

No me malinterpreten. Había razones de sobra para terminar con Saddam Hussein. Hay pocas personas en la historia responsables de tantas muertes. Pero las razones por las que se realizó la guerra contra Irak no parecen tener mucho que ver —como lo decía la resolución 1441 de la ONU— con el desarme de Saddam Hussein.

El senador y precandidato presidencial Bob Graham sugirió que Estados Unidos inició la guerra para saldar una cuenta pendiente de la familia Bush. Se nota que ya estamos en medio de la campaña electoral en busca de la presidencia ¿verdad?

El escritor James Moore —autor de un libro sobre el principal asesor político de Bush— asegura que Karl Rove llevó a Estados Unidos a la guerra para mejorar las posibilidades de reelección del presidente George W. Bush. Fue, acusa Moore, la guerra como un acto de campaña. Nadie, nunca, va a reconocer algo así. Pero me preocupa que la guerra contra Irak vaya a ser utilizada con fines electorales y propagandísticos.

Me pareció excesivo ver aterrizar al presidente George W. Bush en un jet S3B Viking de combate sobre el portaviones U.S.S. Lincoln para, luego, declarar el fin de los combates en Irak. ¿Era necesario que se vistiera con el uniforme verde de piloto y salir del avión cargando un casco, como Tom Cruise en la película “Top Gun”?

“Cuestiono los motivos de un presidente de escritorio y que aparece vestido de combatiente sólo para dar un discurso”, dijo el senador Robert Byrd. ¿Por qué Bush no usó, mejor, un helicóptero y una corbata roja sobre camisa azul? El portaviones estaba a sólo 39 millas de la costa californiana. ¿Cuánto costó el espectáculo con miles de marinos? No lo sé. ¿Quién lo va a pagar? Eso sí lo sé: nosotros, los que pagamos impuestos en Estados Unidos.

Me parece muy bien que Saddam Hussein ya no esté en el mapa. Lo que incomoda es que aún no sepamos las verdaderas razones por las que fue derrocado. ¿Dónde están las armas? ¿Dónde está el famoso smoking gun? Si Estados Unidos quiere entrarle al negocio de invadir países y derrocar dictadores, yo conozco a varios exiliados cubanos que les tendrían a un buen candidato a sólo 90 millas de la Florida. No tenían que haberse ido tan lejos.

El autor es periodista.  

Editorial
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