Mokorón

Magdalena de Rodríguez

En este mes de mayo se cumplen 47 años de un episodio de los tantos que registra la historia en los diferendos fronterizos de Nicaragua, ya con Honduras, ya con Costa Rica; éste en referencia con Honduras: Mokorón, mayo de 1956.

Había asumido la Presidencia de la República don Luis Somoza Debayle, iniciándose ese mayo la dinastía somocista por ser Luis Somoza el hijo mayor del entonces recién ajusticiado dictador Anastasio Somoza García (21 de septiembre 56).

Cuestionable era aquella asunción por múltiples razones, entre las que destacaba haberse desarrollado la campaña electoral pesando sobre el país un estado de emergencia.

Cundía el descontento entre la población civil, circulaban rumores de que hombres armados; al sur Indalecio Pastora y al norte el general Raudales, ambos combatientes legendarios de la dictadura podrían tomar fuerza y llevar al país una guerra civil que daría al traste con el flamante nuevo gobierno, una vez desaparecido el viejo dictador. Así las cosas, don Luis, el joven civilista y simpático presidente, una mañana salió al aire informando con doliente y consternada voz que muy cerca de Mokorón, una comunidad hondureña fronteriza, una avanzada militar nicaragüense guardafrontera, había sido bombardeada por la aviación catracha, con el saldo sangriento de once guardias nacionales muertos.

La población toda de Nicaragua reaccionó patrióticamente, rodeando al presidente, ofreciéndole su adhesión y auxilio para defender a la Patria. Centenares de jóvenes se presentaron a los cuarteles pidiendo armas para enrolarse con el ejército para defender la soberanía nacional. El doctor Carlos Cuadra Pasos, tribuno casi anciano y respetadísimo, ex candidato presidencial conservador, alejado en ese entonces de toda actividad política, en un gesto de grandeza conmovedora, se acercó al joven mandatario a poner su prestigio y su brazo a la orden del Gobierno. Contingentes de voluntarios, armados como pudieron, abarrotaron la frontera norte, en El Espino, en el Portillo de Teotecacinte y en todos los portillos a lo largo de la frontera.

A los cuatro o seis días, el incidente tuvo un desenlace y una explicación de sainete. Los once guardias nacionales cuya muerte anunciara el presidente fueron apareciendo uno a uno, pues se habían ocultado en los bosquecitos aledaños, luego de incursionar Mokorón aventando bala y ser repelidos en ausencia por un solo avión militar llamado angustiosamente por el débil resguardo hondureño de la pequeña comunidad. Todo el tren militar nicaragüense volvió a sus cuarteles, los civiles armados, muertos de risa regresaron al hogar sin pena ni gloria y la población pensante apuntó el hecho como la primera mentirita de don Luis (a la que siguieron otras muchas durante los largos seis años de su mandato).

Tal es la verdad histórica vista y vivida por mí y por muchas otras personas que podrían dar fe de ella en iguales o parecidos términos. Pero hay otra verdad escondida en el trasfondo de los hechos, la que me fue narrada durante un almuerzo en el Instituto de Deportes en 1996 por el ex general G.N., Edmundo Rocha Delgado. No conocía yo a este militar. Un hombrecito menudo, por nada identificable como lo que fue. Se acercó a mí e inexplicablemente comenzó a relatar su versión histórica de Mokorón: “Estaba él destacado en Puerto Cabezas como comandante, cuando fue llamado de urgencia por el presidente con la orden de traslado inmediato al otro lado de la línea divisoria con Honduras, y hacerse cargo de la dirección del operativo militar ya narrado. Espantado por lo absurdo de la orden y de la misión que se le daba en ausencia del general Anastasio Somoza Debayle, jefe del Ejército, quien se encontraba en Inglaterra, no tuvo más remedio que obedecer, sin réplica posible. Era tan descabellada la acción que —dice el general— pensó en una inevitable, imprevista y peligrosísima guerra formal con Honduras. Afortunadamente el vecino país no reaccionó con la energía por él esperada y el asunto se resolvió sin mayores consecuencias.

“El general Anastasio Somoza hijo, militar y estratega, jamás hubiera procedido con la osada candidez de don Luis, quien por razones políticas, para unificar a la población y atraerla a su favor, inventó el ataque a una pacífica comunidad vecina dentro de territorio ajeno, si la aviación hondureña nos bombardea como represalia al abuso de la G.N. de entrar volando bala sin motivo en aquella hora, algo muy grave hubiera sucedido”.

No conoció el general Rocha Delgado cuál fue la explicación entre los hermanos Somoza, si la hubo. El uno presidente y jefe del Ejército por mandato constitucional. Militar y jefe real de las fuerzas armadas el otro. No sé si el general Rocha sabía de mí y quiso que yo escribiera transmitiendo su verdad a quienes se interesen por ella, de ser así, servido, general.

La autora es profesora.  

Editorial
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