Alfredo C. Gutiérrez [email protected]
Se ha venido diciendo que el turismo es uno de los sectores de mayor importancia estratégica para el desarrollo socioeconómico de nuestra nación. La evidencia de los escasos resultados económicos y de plazas de trabajo que al día de hoy ha generado, resulta suficiente para coincidir con ese precepto.
Pero, si vemos que aun con la ínfima inversión que se ha realizado, Nicaragua sólo gana y no pierde, pues me pregunto, qué estamos haciendo por atraer las inversiones que provoquen el verdadero despegue turístico de Nicaragua?
Año con año en los hermanos países de la región se vienen dando a conocer grandes inversiones en infraestructura turística. ¿No debería Nicaragua estar aprovechándose de esa corriente económica de invertir en turismo en Centroamérica? Temo no equivocarme que algunos de esos inversionistas han venido eventualmente a explorar las posibilidades de invertir en Nicaragua y, ¿qué será lo que pasa que deciden escurrirse a otros países?
Las respuestas pueden ser muy diversas, pero con seguridad que existen dos al menos en las que muchos coincidiremos:
1.- El país no hace prácticamente nada por promocionarse como destino turístico. Mientras el presupuesto para promoción internacional no llega ni siquiera al millón de dólares, nuestros vecinos invierten individualmente, entre los tres hasta casi los treinta millones de dólares. Hay que entender pues si se quiere que vengan los inversionistas, pero no se les ofrece, además de los incentivos de ley, una campaña de promoción de país que contribuya a que perciban un porcentaje de ocupación al menos base, que éstos buscarán mejores alternativas donde colocar sus dineros. El consumo interno llena parcialmente las expectativas de la infraestructura existente y de la que está concretada y por desarrollarse, pero el fuerte de la inversión, aquélla que levanta el perfil verdadero de país destino con condiciones modernas, de capacidad de volúmenes y competitivas en el ámbito internacional, conocen las limitaciones del poder de compra del mercado local, por lo que no se arriesgan.
2.- La otra respuesta se limita a los vaivenes jurídicos, que ponen en jaque a las empresas que de una u otra forma, ya habían demostrado algún interés por invertir en Nicaragua. Aun seguro de que sin ánimo de crear estos efectos, las revisiones que se han realizado a la ley de incentivos al turismo, indudablemente se han convertido en el principal factor de incertidumbre. Involuntariamente se transmite la idea, difícil de modificar en el corto plazo, de que no existe seguridad, estabilidad y seriedad jurídica para invertir. Y si a lo anterior le sumamos que aplicamos una desmesurada discrecionalidad en la aplicación de la ley, pues es como cerrar con broche de oro, pero lamentablemente para mal.
El país debe encaminarse definida y claramente hacia el desarrollo turístico. De los muchos estudios ya hechos, no temo equivocarme que recomiendan apostarle al desarrollo socioeconómico a través del turismo.
Las ventanas de oportunidades turísticas se presentan ocasionalmente como resultado de grandes esfuerzos humanos y económicos. Pocas son las ventanas naturales y es en este momento en que Nicaragua debería ya estar inmersa en aprovechar la nueva corriente actual de desplazamiento turístico mundial. La situación bélica y de inseguridad en Medio Oriente y la aparición del tenebroso virus SARS en casi la totalidad de los países asiáticos, obligan a los mercados emisores de turistas, a volcar sus miradas hacia esta parte del mundo. Ya algunos países de la región están trabajando para capitalizar estos fenómenos. Nicaragua, si igualmente quiere sacarle ventaja, de inmediato y sin vacilaciones debería iniciar un sobre especial esfuerzo de promoción internacional de los ricos patrimonios turísticos y acompañarlo de reglas sencillas que realmente faciliten la inversión internacional.
El turismo no es sólo una alta fuente de generación de empleos y de riqueza, sino que su derrama económica, alcanza a todos los actores económicos de la sociedad.
El autor es miembro de la Comisión de Turismo del Programa Nacional de Competitividad”.