Guillermo Rothschuh Villanueva
Es difícil o imposible que los políticos aprendan ¿Estarán condenados a ser las primeras víctimas de sus propios errores? ¿Existe una especie de fatalismo que los abraza y persigue? ¿Medidos por la misma vara y cortados con la misma tijera existirán políticos que sean la excepción a la regla? Lo que aprecio en Tuxtla Gutiérrez, no es más que la expresión de una práctica similar de lo que acontece en Nicaragua en el campo de los medios de comunicación. La radioemisora de mayor potencia, la 93.9 F.M. instalada en la esquina sur-oeste de El Parque de la Marimba, pertenece al gobierno estatal. Con cincuenta mil watt de potencia, con un alcance envidiable, no es ni por cerca la emisora más escuchada.
Lo que pasa con la 93.9 es una constante en América Latina. En Nicaragua la emisora oficial del gobierno, Radio Nicaragua, con cincuenta mil watt y en los 620 A.M., enfrenta una situación parecida. La razón es obvia. En esta determinación reduccionista está la raíz del mal. Se trata de uno de los contrasentidos más comunes de los gobiernos latinoamericanos: mantener en el aire a una emisora, en la que realizan inversiones cuantiosas (aunque en el caso nicaragüense la tendencia ha sido hacia su total abandono), cuya suerte queda atada a los avatares de la política informativa gubernamental, con la agravante de que muchas veces en la elaboración de esta estrategia, la participación de la emisora oficial no cuenta o es considerada como de segundo orden. Llegados a estos extremos, las emisoras oficiales no sirven a los propósitos del gobierno, por lo que quedan a la deriva, como ocurre ahora con Radio Nicaragua.
Para asentar su discurso y publicitar su gestión, en Tuxtla Gutiérrez, los distintos gobernadores del Estado, incluyendo al actual, Pablo Salazar, de filiación panista, recurren de manera sistemática a las otras emisoras. La certeza de que medios y política marchan de la mano, obliga al gobernador Salazar a mantener un monitoreo constante y sistemático sobre la totalidad de los medios radiales y escritos. El trabajo desplegado por la oficina de prensa del Gobernador, le permite reaccionar de manera inmediata a las críticas realizadas por diferentes sectores sobre el desempeño de su gestión de gobierno. En el entramado de relaciones gobierno-medios, lo más sobresaliente es la manera abierta en que el gobierno busca cómo incorporar su discurso en la agenda de los diferentes medios de comunicación. Un deseo y una búsqueda nada extrañas. Lo sorprendente es que en Tuxtla Gutiérrez, todavía persiste la práctica impuesta por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), a través de la figura de la iguala. Se creyó que el Partido Acción Nacional (PAN) se alejaría de estas prácticas y que trataría de establecer relaciones más transparentes con los medios. La iguala no es otra cosa que propagandizar las actividades de gobierno a través de los medios y recibir a cambio una paga como si se tratara de servicios publicitarios.
Aun cuando la relación medios-política se ha convertido en una combinación necesaria, en la química perfecta de los tiempos modernos para conquistar el poder, no existe una relación mecánica entre contar con los medios y asegurarse una victoria electoral. Al menos esto no ocurre así en Tuxtla Gutiérrez. En el Estado de Chiapas existe un total de treinta y dos emisoras, nueve de las cuales funcionan en la capital de la provincia (cinco en A.M. y cuatro en F.M.). Las radios operan dentro de un sistema oligopólico. Tres son sus dueños, todos identificados con el PRI. Simón Valanci de origen libanés, propietario de nueve emisoras, senador Federal por el PRI, Jorge Simán dueño de catorce emisoras (con otras radios fuera de Chiapas) fue regidor por el PRI durante el trienio pasado y Jaime Fernández Armendáriz, ex senador del PRI, cuya familia es dueña de nueve emisoras, todas en A.M. En el campo de la prensa escrita Cuarto Poder (tabloide), el periódico de mayor circulación, dirigido por Coronado de la Cruz Jiménez, es un impreso abiertamente priista y el Diario de Chiapas (tabloide también), bajo la conducción de Jorge Toledo Coutiño y el segundo en circulación, de franca filiación priista. ¿Cómo explicar entonces que Chiapas se haya empanizado? Es decir, ¿si los medios fuesen una variable absoluta para inclinar la balanza política cómo entender que durante los últimos tres trienios la presidencia municipal en Tuxtla Gutiérrez la haya ganado el PAN?
Los resultados electorales en Chiapas, en donde la gobernatura y la alcaldía en Tuxtla han sido ganadas por el PAN, disponiendo el PRI del apoyo de los medios impresos y radiales, ratifican de manera fehaciente que para alcanzar la victoria no basta con disponer del favor de los medios. Para obtener resultados electorales positivos también se necesita de la erradicación de prácticas políticas viciadas: dejar de continuar escogiendo los candidatos al dedazo, costumbre atávica de la que el PRI pareciera no poder desprenderse. Los saldos de las elecciones para diputados federales del seis de julio de 2003 en México, rectificarán o convalidarán esta apreciación. Lo digo bajo el convencimiento que el candidato del PRI para Diputado Federal por Chiapas, Francisco el Negro Gutiérrez, escogido contra el criterio de las bases, por obra y gracia del dedo impulsivo e inapelable de Sami David David, perderá las elecciones ante Francisco Paco Rojas, candidato del PAN. No se sorprendan. ¡Ya habrá ocasión de comprobarlo! ¿Será imposible que los políticos aprendan?
El autor es director de la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la UCA.