Renuncia de Menem impacta en El Chile

Según analistas argentinos e internacionales, la renuncia del ex presidente de Argentina, Carlos Menem, a participar en la elección presidencial que debía celebrarse mañana, indica que las encuestas se están convirtiendo en un sustituto de las urnas electorales.

En realidad, la única explicación convincente al retiro de Menem es que tuvo miedo a medirse en las urnas con su rival Néstor Kirchner –que por cierto es su correligionario del movimiento peronista-, para no sufrir la humillación de una contundente derrota pronosticada por las encuestas.

Por lo demás, la renuncia de Menem no es un fenómeno insólito en Argentina, si se consideran los antecedentes políticos de ese país.

Al respecto en los diarios argentinos se ha recordado en los últimos días las renuncias de Fernando de la Rúa (2001) y Adolfo Rodríguez Saá (2002) a la presidencia de la República; de Carlos “Chacho” Alvarez a la vicepresidencia, en el 2000; y de Raúl Alfonsín en 1989. Más atrás en la historia, el dictador populista Juan Domingo Perón renunció -en 1945- a la vice presidencia de la República y a los cargos de ministro de Guerra y secretario de Trabajo y Previsión que también desempeñaba. Y diez años más tarde Perón renunció a la presidencia de la República.

Del mismo modo, la legendaria mujer de Perón, Eva (“Evita”) Duarte, renunció a la candidatura presidencial en agosto de 1951, forzada por el Ejército y por su mismo marido. Después, otra esposa de Perón, María Estela Martínez, siendo presidenta de Argentina fue presionada por los militares a renunciar, pero se negó y fue derrocada en marzo de 1976.

Otro renunciante fue Héctor Cámpora, en 1973, quien ejerció la Presidencia sólo 49 días, el período más corto en la historia de Argentina hasta que el año pasado Adolfo Rodríguez Saá estuvo en el poder apenas una semana, durante el momento más tempestuoso de la crisis que se espera comience a superarse ahora que hay un nuevo presidente electo popularmente. Y hay más renuncias en la azarosa historia política argentina, pero las mencionadas son las principales.

Ahora bien, la huida de Carlos Menem de la elección de mañana provocó reacciones y sentimientos encontrados entre quienes lo consideran un cobarde e irresponsable que quiere impedir que el país emerja de la pavorosa crisis de los últimos años, y los que respetan el derecho que tiene el controversial ex presidente a evitarse la humillación de una derrota frente a Néstor Kirchner, quien asumirá en los próximos días la presidencia de Argentina.

En realidad, las justificaciones políticas de Menen a su renuncia no fueron convincentes. El alegó que el Partido Justicialista al que pertenece junto con Kirchner, debió haber dirimido la candidatura presidencial en una elección interna, pero que esto no se pudo hacer por mezquindades personales; y además dijo Menem que no había garantías para la celebración normal de los comicios. Sin embargo, la pregunta que se hacen los analistas independientes es: ¿Por qué, entonces, no renunció a ser candidato antes de la primera vuelta de abril recién pasado?

En Nicaragua, donde se acostumbra dar como un hecho el supuesto efecto dominó de los acontecimientos políticos de otros países de América Latina, se especulaba con la idea de que si Carlos Menen -quien fue acusado de corrupción cuando ejerció la presidencia de Argentina, juzgado, condenado y encarcelado con prisión domiciliar, pero finalmente quedó en libertad y se postuló para un tercer período presidencial- podía ganar la elección presidencial de mañana, igual podría ocurrir en Nicaragua con el ex presidente Arnoldo Alemán, quien lo mismo que Menem ha sido acusado y encarcelado en su residencia por delitos de corrupción, pero aun aspira a salir airoso de este predicamento y a recuperar la silla presidencial.

De manera que la renuncia de Menem impactó de manera negativa en la hacienda El Chile donde el ex presidente Alemán guarda casa por cárcel, desinflando la esperanza de un gran retorno de éste como el que supuestamente tendría mañana el ex presidente argentino. Un retorno que si bien es cierto que no se puede descartar, porque en política nada es imposible, sin embargo tendría efectos tan catastróficos para el país como el regreso del FSLN al poder.  

Editorial
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