- Economista, abogado y con un máster en administración de empresas, René Vallecillo empezó de archivador en la Dirección General de Ingresos (DGI) a los 17 años, y 17 años después llegó a ser viceministro de Finanzas. Su historia la relató en su despacho ubicado en el legendario barrio Campo Bruce durante la calurosa mañana del último día de abril.
Gustavo Ortega Campos [email protected]
Nacido en el Barrio “El Infierno”, de la vieja Managua, René Vallecillo Quiroz, es un personaje público, uno de los expertos en materia tributaria más consultados y un ex viceministro de Finanzas que empezó de archivador en las oficinas del Fisco allá por el año 1975.
Complexión recia, mirada mustia, padre de diez hijos y amante de las matemáticas, Vallecillo asegura que cuando recién se bachilleró en el Instituto Nacional Central Ramírez Goyena, por su mente nunca se le ocurrió llegar a ser el segundo al mando de las Finanzas Públicas de Nicaragua, cargo que ocupó 17 años después de llegar a la Dirección General de Ingresos (DGI).
Sin ser el objetivo directo, él junto a sus compañeros de trabajo, también fueron rehenes del grupo de guerrilleros sandinistas que tomaron por asalto el Palacio Nacional, sede del Poder Legislativo de la dictadura somocista aquel 22 de agosto de 1978.
“Cuando oímos los disparos bajamos, pues estábamos en el segundo pisos, vimos a personas armadas con pañuelos rojinegros y nos dijeron: ‘¡van para arriba!’, y ahí permanecimos hasta que terminó todo, casi tres días después”, rememora.
Su nombre fue decidido por su padre de origen chontaleño y su madre oriunda de Ochomogo, Rivas, en honor a su padrino, el ex presidente de la República (1963-1967), René Schick.
¿Managua de pura cepa?
Así es, hace 46 años, nací en la zona cercana al cine Luciérnaga en la vieja Managua (antes del terremoto de 1972), después nos trasladamos hacia al barrio Buenos Aires, sobre la calle que venía del “Gato Abraham” (famosa cantina de la época).
Se le conoce como un experto en impuestos, contabilidad, números… debió ser un excelente estudiante.
Ehhh… fui una persona no muy estudiosa, pero nunca dejé clases, sacaba buenas notas, la verdad. Fui el mejor alumno de matemáticas en el Anexo de la Normal y me dieron un libro de matemáticas como premio.
¿Era su fuerte?
Pues sí, me gustaban mucho las matemáticas, siempre fui un hombre cuantitativo, a diferencia de ahora que me he vuelto más de letras por mi nueva profesión de abogado. Mi secundaria la estudié en el Ramírez Goyena, ahí me agarró el terremoto en tercer año concluido.
¿“Goyenista” de tradición o casualidad?, le pregunto porque en esa época ese centro de estudios contaba con un enorme prestigio…
(Risas) ¡Toda mi familia había estudiado en el Goyena!, aún después del terremoto continué siguiendo al Goyena (cuyo edificio sucumbió por el terremoto), hasta que me bachilleré en 1974 en donde ahora es el Miguel de Cervantes, que sirvió de edificio del Goyena antes que lo inauguraran donde ahora está situado.
¿Cuándo empezó su carrera dentro del Fisco?
Fue en el ínterin de mis estudios de licenciatura en economía, yo vengo de una familia pobre, cinco hermanos (él es el menor), mi padre me dijo: “hasta aquí lo puedo llevar, hasta el bachillerato, usted tiene que buscar la manera de sufragar sus gastos de estudio”, pero él mismo me consiguió el trabajo en la Dirección General de Ingresos (DGI) en septiembre de 1975.
Cuentan que empezó desde abajo…
Empecé de archivista en el Impuesto sobre la Renta, en esos tiempos la DGI estaba dividida por impuestos y no por funciones, y empecé en la azotea del Palacio Nacional, comencé mi carrera, era un joven de apenas 17 años, pero lo hice intensamente al punto que mis compañeros me dijeron que los estaba perjudicando porque estaba trabajando mucho, estaba poniendo el archivo al día, hasta que lo logramos.
¿Pero eso qué de malo tenía?
Ellos (los compañeros) me preguntaban que por qué trabajaba tanto y me decían que por eso no me iban a pagar más, pero yo con la cultura que me habían enseñado, pensaba que uno debía hacer las cosas con entusiasmo y entonces miré que el jefe notó mi desempeño y me ascendió, y así comencé a escalar en este mundo de la tributación, pasé a analista, después a supervisor y jefe…
¿Está seguro que no lo hizo con intenciones de escalar más rápido que los demás?
Fijate que no, precisamente no pensé en escalar tan rápido, ni tenía un objetivo tan penetrado en la mente, sino que fue natural. Yo me di cuenta que iba en un proceso ascendente hasta que yo miré que la gente que tenía más antigüedad que yo comenzó a consultarme sobre trabajo y yo decía ¿qué pasa?, ellos son mayores, tienen más años de experiencia y me dije que algo estaba pasando aquí.
¿Y las serruchaderas (de piso)?
Pues también experimenté eso, en la medida que un joven va escalando y le dan la oportunidad de ser jefe, entonces comienzan las envidias…
¿A qué edad empezó a tener subordinados?
Tenía como 20 años, y comenzaron las intrigas, los celos, pero yo continué con mi trabajo, no me puse una meta, hasta que alcancé cierto nivel me fijé en el director general de ingresos y me dije que sería bonito para mí llegar a tener ese puesto.
Pero llegó más alto…
Gracias a Dios fui viceministro por mi meta natural.
¿Nunca tuvo problemas con los cambios de gobierno?, empezó con Somoza, trabajó con el gobierno sandinista y con doña Violeta…
No, en todos fui escalando, en el sandinismo llegué hasta subdirector general de Ingresos en la época de Róger Sevilla (q.e.p.d.), fue una experiencia muy buena, con don Modesto Sandino hicimos buen equipo porque éramos dos subdirectores en esa época, había mucho trabajo en equipo.
Pero con el triunfo de doña Violeta (Chamorro en 1990), todo mundo se puso nervioso, muchos directores de la DGI decían que iban a renunciar y me dijeron a mí que lo hiciera…
¿Llegó a ser militante del FSLN?
No, nunca he sido militante de ningún partido…
¿Y cómo duró en esa época en la que se suponía que todos los “cuadros” de dirección debían afiliarse al “partido”?
Precisamente por mi capacidad, yo no era militante, pero me consideraba un afín y no un adversario y nunca me obligaron a afiliarme. Durante ese gobierno, don Joaquín Cuadra (q.e.p.d.), y William Hüpper (q.e.p.d.), fueron los ministros, y con honestidad hay que decirlo, nunca obligaron a nadie a que se enlistara al partido sandinista, permitieron cierta libertad, no como en otras instituciones que sí fue muy obligatorio.
¿Al final qué pasó cuando asumió el gobierno de la UNO (Unión Nacional Opositora)?
Llegaron las nuevas autoridades, me preguntaron qué si quería trabajar con ellos, les dije que si, que no tenía ningún problema, me estuvieron observando y me nombraron director general de Ingresos en 1991, luego que Róger (Sevilla), tuvo que renunciar porque el sí era militante del FSLN y en ese momento existían fuertes tensiones con el nuevo gobierno.
¿Y cuándo llegó el cargo de viceministro de Finanzas?
En 1993, don Emilio Pereira (ministro de esa cartera) me dijo que si aceptaba el cargo y le dije que sí, y me mandó hablar con Toño (Antonio Lacayo, ministro de la Presidencia), y él me volvió a preguntar si estaba dispuesto y acepté, estuve en ese cargo hasta enero de 1997. Cuando uno ve que se le acaba el tiempo, eran 21 años trabajando en ese ministerio, uno empieza a afligirse y lógicamente uno se pone inseguro de lo que va a pasar, porque cuando uno ha tenido una trayectoria de tantos años, uno no se ha preocupado por buscar trabajo, entonces yo estaba ahuevado y se me acercó un subordinado y me dijo: “lo que tenés que hacer es privatizar tus conocimientos adquiridos en el desempeño de tus cargos públicos”, y me dije que era una buena alternativa.
¿No pensó en seguir con el gobierno que llegaba?
No, yo sabía que tenía que salir, el problema es que cuando uno va escalando muy arriba, es cuando más rápido se va y me fui a mi casa, porque mi cargo era político, era apetecido por mucha gente, me imaginé que el doctor (Arnoldo) Alemán, tenía muchos compromisos, y dije que lo más natural era que pusieran a su gente.
¿Pero si se lo hubieran pedido?
Me quedo a trabajar, no tenía problema alguno, soy un profesional.
En su cargo de viceministro, es lo que la gente piensa, hay mucho gozo, lujos… ¿qué tan ciertas son esas prebendas que consiguen desde estos cargos?
Creo que eso depende de la persona, pero cuando uno tiene ese nivel, lógicamente comienzan a florecer los amigos, las invitaciones y los regalos, entonces uno comienza a llenarse de ideas como que uno es superior a lo demás, la primera lucha que uno debe realizar como funcionario público es no cambiar y eso yo lo hice, no hay que ser diferente a como uno siempre ha sido, yo creo que lo logré.
¿Por qué esa certeza?
Porque la gente me siguió tratando igual, me llamaban René, siempre atendía a todos los que me buscaban, y ahora que ando en las calles me he dado cuenta de que fui accesible y desarrollé mi cargo de manera honesta, pues en la calle te aplauden o te pasan la factura.
Pero algún rédito le dejó el cargo…
Obviamente vas mejorando tu nivel de vida, ahora vivo en Las Cumbres (pista Jean Paul Genie de Managua), en una casa que estoy pagando con un préstamo del Banco de Finanzas a 15 años plazo, no tengo ni casa en el mar, ni haciendas. A pesar de que trabajé 21 años en el Ministerio de Finanzas (hoy Hacienda y Crédito Público) y que llegué a ser viceministro.
¿Qué tal su relación con su jefe Emilio Pereira, pues muchos lo consideraban una persona temperamental…?
Bueno, conmigo no hubo problemas, pero si en algún momento él perdía la compostura, el único que se le enfrentaba era yo, pues no le tenía temor, ni miedo, y él se apaciguaba conmigo, hacía buena química… él miraba que yo le hablaba con normalidad a pesar de que todo mundo le estaba temblando, pero yo no me amedrentaba, siempre nos tuvimos mucho respeto, de forma tal que una vez me escribió en una nota: “para la persona que me enseñó tributación”.
¿Sus momentos más tensos en el cargo?
Las huelgas de transporte… pero al final terminé de amigo de los transportistas, pese a que me decían que sabían dónde vivía…
¿Lo amenazaban?
De una manera sutil, y yo no les daba importancia pero una forma de presionarte en las negociaciones.
¿Es religioso?
Católico, a mi manera trato de hablar con Dios
¿El mejor economista de Nicaragua?
Néstor Avendaño.
¿El mejor experto en tributación?
Silvio Iván Bendaña.
¿El mejor abogado?
Bueno con los abogados es más difícil pues existen varias ramas… pero sin dudas pienso en el doctor Roberto Ortiz Urbina.
LA CORRUPCIÓN
Para René Vallecillo, los actos de corrupción durante el gobierno de Violeta Chamorro no fueron generalizados y a su juicio fueron actos que cometieron pocos funcionarios.
Asegura que un día la ex Presidenta llamó a todos los miembros del gabinete y les dijo: “Yo no he traído a nadie aquí para que se haga rico, el que piense así, mejor que se vaya…”
“Cuento esta anécdota porque lo que quiero ilustrar es que si hubo actos de corrupción, fueron actos personales, individuales, pero no había una política de gobierno, como ha existido en otros gobiernos, que desde la cabeza hasta los pies hay, digamos, toda una intención”.
Asegura ser una persona que conoce los “tejes y manejes” de la tributación “y pude haberme hecho millonario y pude haber tenido mucho dinero… la persona que conoce esto a fondo, como yo lo conozco, pudo haber hecho muchas cosas, gracias a Dios que no me llegó esa ansiedad de dinero y de poder”.
“Reformitis”
Para el ex viceministro de Finanzas, René Vallecillo, hacer seis reformas tributarias en los últimos seis años es señal de que “hemos caído en una espiral de reformitis”, lo que a su juicio evidencia que no hay una claridad de objetivos y metas por parte del gobierno.
Vallecillo formó parte del equipo de consulta de la última reforma conocida como Ley de Equidad Fiscal, de la que criticó varios aspectos, pero a la vez asegura que durará al menos diez años.
Una de las asignaturas aún pendientes para Vallecillo es la desconglobación del impuesto a los combustibles, “tener impuestos conglobados (juntos) no es sano porque incide en todos los agentes económicos y eso hace que los costos de producción sean muy altos”.
También citó una reforma a la estructura de cobros del Impuesto sobre la Renta (IR) y la falta de lógica de gravar sólo una parte de la renta financiera, pues crea una distorsión de mercado. La Ley recién aprobada sólo grava los ahorros superiores a los 5,000 dólares.