Israel Benavides
Cuando revisamos las cifras del comercio internacional centroamericano nos encontramos frente a una realidad axiomática: nuestras pequeñas economías están indisolublemente ligadas a la economía norteamericana. Según la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA), el 47 por ciento de las exportaciones de la región tienen como destino Estados Unidos, el 27 por ciento representa comercio intrarregional, el 22 por ciento de las exportaciones están dirigidas al mercado de la Unión Europea (UE) mientras tanto, apenas un 4 por ciento tiene como destino el resto del mundo.
Esto sugiere que la exportación de los productos centroamericanos al mercado internacional está dirigida a tres centros fundamentales, teniendo preeminencia el mercado de los Estados Unidos donde se coloca casi la mitad de las exportaciones regionales.
El punto crítico por excelencia en las negociaciones comerciales es el tema de la agricultura, el acceso a mercados de los productos agropecuarios , ha constituido la “manzana” de la discordia desde la creación del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (Gatt) en 1947.
Todos los países incluyendo los más adelantados protegen su agricultura creando subsidios a la producción y subvenciones a las exportaciones, cuando se trata de mercados grandes como el de Estados Unidos y la UE, la aplicación de subsidios y subvenciones afecta negativamente los términos de intercambio en el mercado internacional y crea lo que se conoce como “distorsión de mercados”, este término se usa con mucha frecuencia cuando se habla del comercio agropecuario.
“La distorsión de mercados es una situación en la que los precios pueden ser más bajos o más elevados que lo normal y cuando las cantidades producidas, compradas y vendidas son también superiores o inferiores a las cifras normales, es decir, a los niveles que normalmente existirían en un mercado competitivo”, (www.wto.org, “Sobre la OMC”).
Aquí se pueden producir dos situaciones en primer lugar, los obstáculos a la importación y las subvenciones internas pueden elevar los precios de los granos básicos en el mercado interno de un país determinado, generando un menor consumo en la población y en segundo lugar, los precios más altos pueden inducir un exceso de producción, el excedente de producción genera una brecha entre la oferta interna y la demanda interna, lo que provoca una oferta internacional, ahora bien, si el precio internacional es más bajo que el precio interno habrá que aplicar una subvención, una especie de arancel negativo a las exportaciones para poder vender en el mercado internacional.
¿Qué gobiernos pueden aplicar subvenciones a la agricultura? Naturalmente aquellos que cuentan con abundantes recursos como es el caso de Estados Unidos, que ha asignado más de 180 mil millones de dólares en su programa de protección a sus agricultores para los próximos diez años . Evidentemente los negociadores centroamericanos no podrán revertir esta situación y ante la imposibilidad de aplicar una medida compensatoria (una subvención a las exportaciones agropecuarias centroamericanas), por la falta de recursos, no queda otra salida más que negociar un programa de protección arancelaria por un período de tiempo prolongado, de lo contrario el campo centroamericano y particularmente el nicaragüense será exterminado por la avalancha de productos provenientes de Estados Unidos.
Cuando un país desarrollado aplica una subvención, se puede producir una guerra de subvenciones, por supuesto entre aquellos que cuentan con los recursos para subvencionar, en esta guerra terminan perdiendo los países pobres cuyos recursos para financiar las exportaciones son escasos o simplemente no existen.
Si bien algunos especialistas consideran que la protección genera empleos que no derivan en la creación de riqueza, también es cierto que los TLC son un mecanismo para generar desarrollo humano. Si no se protege de la competencia internacional al sector agropecuario en el caso concreto de Nicaragua, estaríamos apostando a la exterminación de la sociedad rural y la pérdida total de nuestra soberanía alimentaria.
Las negociaciones del TLC Centroamérica-Estados Unidos se desarrollan en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en relación al acceso a mercados de productos agropecuarios el acuerdo sobre agricultura prohíbe la subvención a la exportación de productos agropecuarios, la apertura de los mercados trae consigo beneficios jugosos a los países desarrollados, pero los resultados no son los mismos para un país pobre, por eso la Organización Mundial del Comercio para estos países establece cambios graduales, mediante la liberalización progresiva pero para plazos mucho más largos, mientras que a los países ricos se establece un proceso de apertura más acelerado.
Creo que dados los desequilibrios en los niveles de desarrollo entre Estados Unidos y Centroamérica, los negociadores deben aprovechar “el principio de asimetría” que establece la OMC para las negociaciones, sobre todo en el tema de acceso a mercados de productos agropecuarios, esto daría un período de gracia para la adaptación de este sector a las nuevas circunstancias.
El autor es el director de la Escuela de Comercio Internacional, Economía y Marketing de la UCC.