Peter R. [email protected]
Mientras se hacen intentos por establecer una democracia representativa en Irak y en los países islámicos del Medio Oriente, tarea nada prometedora, el sistema competitivo de elecciones disfruta de buena salud en Iberoamérica. En el Paraguay el candidato del gobernante Partido Colorado, Nicanor Duarte Frutos, obtuvo alrededor del 40 por ciento en elecciones libres y derrotó a dos candidatos de oposición. Curiosamente, su partido gobierna desde 1947; y después de la caída del comunismo es el más antiguo del mundo en ejercicio continuo del poder.
Mayor atención han recibido las elecciones argentinas. Allí se requiere el 45 por ciento de los votos o una diferencia mínima de 10 puntos entre los contendientes principales. La segunda vuelta o “ballotage” será entre el invicto ex presidente Carlos Saúl Menem, con la mística de su nombre que resurgió como el Ave Fénix con el legendario slogan “Menem lo hizo”, y por supuesto sus 10 años en la Casa Rosada, y Néstor Kirchner, amparado por su ejecutoria como gobernador de Santa Cruz y con el apoyo de la maquinaria oficialista del presidente Eduardo Duhalde en su feudo político de la provincia de Buenos Aires.
La lista de candidatos fue tan larga que alcanzó a 18, pero sólo los aspirantes Menem del Frente por la Lealtad con el 24 por ciento; Kirchner del Frente por la Victoria con 22 por ciento; Ricardo López Murphy, de centroderecha, con 16 por ciento; Elisa Carrió, de ARI, con 14 por ciento, y Adolfo Rodríguez Saá, del Frente Nacional Popular con otro 14 por ciento, recibieron votaciones apreciables. El candidato que se mantuvo dentro de la Unión Cívica Radical (UCR) ni siquiera se acercó al 3 por ciento y los demás reunidos no llegaban al 7 por ciento. Menem, Kirchner y Rodríguez Saá proceden del Justicialismo, mientras López Murphy y la diputada Carrió dividieron la votación radical y juntos sumaron el 30 por ciento del total, que será el factor clave en la final.
La candidata Carrió aclaró que “los votos son de la gente y no de los dirigentes”, y añadió que “bajo ningún concepto votaremos a Menem”. Algunos insistían en que la votación de Rodríguez Saá podría dividirse entre Kirchner y Menem, la de López Murphy pudiera ir en buena medida para Menem y el voto de candidatos menores de izquierda y populistas serían mayormente para Kirchner. Los dos puntos de diferencia entre los finalistas son estadísticamente insignificantes y como la votación de los otros candidatos se dividirá, es imposible predecir el resultado de la segunda ronda el próximo 18 de mayo.
También hay datos claros en el panorama. Votó el 80 por ciento. Con esta fuerte participación se enterró el “voto bronca” y se le dio paso a lo que el diario El Clarín bautizó como el “voto útil”. O sea, a mi entender, el sufragio fue más táctico que estratégico. En otras palabras, fue más pensado. Lo que revelan las encuestas a mil doscientos cuarenta y dos electores llevada a cabo nacionalmente por el Centro de Estudios de Opinión Publica, a boca de urna, es que el 30 por ciento se decidió por un candidato la última semana. Ese voto útil se integró tanto con quienes no tenían candidatos como con otros tantos que fueron variando sus preferencias hasta última hora.
Otra de las muestras refleja que el país había dado un paso más en dirección de una explosión de las lealtades partidarias tradicionales. Si bien sumados los candidatos provenientes del peronismo y el radicalismo concentran más del 90 por ciento de los sufragios emitidos, sus electores se guiaron en su mayoría por razones no partidarias y vienen de identidades políticas diversas. No se olvidaron fácilmente de la Alianza y las memorias traumáticas del final del gobierno de Fernando de la Rúa. Esos tres de cada diez personas se definieron en un juego de sumas y restas en conveniencias propias que no se habían dado en dos décadas, desde el retorno democrático.
¿Cuál es la base electoral de los candidatos peronistas? La candidatura Menem-Romero se quedó con el 43 por ciento que votó por el Justicialismo en 1999. La base “menenista” encuentra en esos votantes su “núcleo duro”. Estos son electores jóvenes, de clase baja y de ciudades de menos de 100,000 habitantes. Por su parte, la fórmula Kirchner–Scioli logró armar una coalición integrada en forma pareja por ex votantes del Justicialismo (35 por ciento) y de la Alianza (25 por ciento). Sus votos venían de grandes ciudades y de clase media y baja. Digámoslo claramente, el peronismo sigue siendo claramente mayoritario, el gran protagonista de una jornada en que entre los tres candidatos que fueron a primera ronda obtuvieron el 60 por ciento, comparable a su mejor votación histórica, la de Juan Domingo Perón en 1973.
¿Qué lectura puedo hacer desde mi punto de observación? Después de las elecciones más disputadas en la historia reciente de Argentina, se elegirá no sólo entre dos candidatos sino dos proyectos económicos: el neoliberalismo, conservador en su versión iberoamericana, representado por Menem, y un modelo “productivista” que no ha aterrizado todavía, encabezado por Kirchner. El ex presidente y el gobernador apenas separados por unos pocos votos encarnarán en otro suceso histórico: la segunda ronda (por primera vez en Argentina), una pelea que no oculta la tensión Menem-Duhalde, confrontación interna básica del peronismo desde la primera mitad del 90. Sería arriesgado entender que esta elección será un enfrentamiento “sui géneris”, (algo así como una final de fútbol entre Boca y River jugando en la Bombonera) pero los argentinos empezarán a definirse en una nueva etapa de la situación internacional y de la economía (se impone un esfuerzo titánico de reconstrucción) que se vislumbra para la primera parte de este nuevo siglo.
Un politólogo habló en un taller de encuestadores y expertos políticos en Buenos Aires, sobre las características de un candidato perfecto “si fuera un animal”. Y para esto contó con otro tipo de encuesta y estos animales resultaron elegidos: el león (porque la Argentina es una selva y necesita un rey), el águila (por su visión de las cosas), y el perro (por su capacidad de protección y fidelidad). ¿Estarán presentes estas características en algunos de los dos finalistas? Por el momento los argentinos han recuperado la confianza en el gran instrumento de la democracia que es “el voto”. No tendrán que cantar el famoso estribillo de “no llores por mi Argentina” gracias a los concurridos comicios que cantaron por sí solos. Lo que está por verse es si recuperarán la confianza en sus dirigentes a los que no hace mucho tiempo les gritaban: ¡qué se vayan todos!
En todo caso, cabe bien la moraleja de: “ni viejo ni vencido”. Los huevos podridos de la pasada ronda electoral fueron para el presidente de la Rúa y los aplausos para Menem”. Que alguien por favor lo explique. Creo que habrán muchos líderes políticos esperando ansiosamente estos resultados.
El autor es columnista del Miami Herald