José Joaquín Quadra C.
Hace ya muchos años, posiblemente el licenciado Arturo Cruz Sequeira no recuerda, doña Consuelo S. de Cruz me visitó en mi casa en Granada, para presentarme a su pequeño hijo Arturo, joven muy interesado en conocer la historia de Nicaragua. Desde luego la conversación fue precisamente sobre el período de los 30 años.
No me sorprende ahora la presentación de su tesis doctoral, ni el tema que escogió, ni la calidad del mismo. Fue en el Auditorio del Banco Central que nos dimos cita, un lleno completo que necesitaron poner sillas en los pasillos para acomodar a la concurrencia. Todo ello me movió a las siguientes reflexiones.
El contenido de la obra tiene un poder convocatorio. Los deseos de conocer a Nicaragua como una República. El 90 por ciento de los asistentes, sin temor a equivocarme, eran personas de ascendencia conservadora. No de militancia. Impresiona tanto conocer de esa época que el prologuista, doctor Sergio Ramírez Mercado finalizó recomendando tomar lo bueno como la no reelección y que los gobernantes regresen después del mandato a su casa y no tengan nada de qué avergonzarse en su administración. Ejemplo que nos legaron esos gobernantes.
Ojalá la lección de esa noche no quede encerrada en las aulas de ese hermoso edificio y que el libro en mención pase a llenar los anaqueles de la hermosa Biblioteca del Banco Central. Pero mis reflexiones me llevan a un tema muy concreto, y es sobre la afirmación que esa noche hiciera en una segunda intervención el doctor Fernández Holmann: la conversión monetaria que hizo el Partido Conservador fue nefasta, tema que se sale del período de los 30 años, pero que entra en la historia del país y que no puedo aceptar tal afirmación.
En las obras de Carlos Cuadra Pasos se encuentra un capítulo entero explicando la bondad y justicia que significó esa medida económica para el país y sobre todo a la clase trabajadora. Pedro Rafael Cuadra, cuando estaba en San Salvador exilado, escribió un folleto que tuvo mucha circulación entre los opositores del régimen al general Zelaya y que repercutió en Nicaragua, donde fue combatido por la prensa oficial. En ese folleto se tomaba el tema del billete deprimido como punto de justicia social, se hacía ver que los productores en Nicaragua de los artículos exportables los vendían en oro americano, o en libras esterlinas; pero pagaban a sus trabajadores, tan dueños como ellos de la materia exportada, en billete deprimido y sin valor fijo.
Al sentirse con autoridad suficiente como ministro del presidente don Adolfo Díaz, que lo autorizó y apoyó decididamente, procedió a perfeccionar la moneda que había alcanzado una lamentable depresión de dos mil por ciento.
Comunicó su proyecto a los representantes de los banqueros en Nicaragua y ellos simpatizaron con la iniciativa, pero exigieron traer dos peritos, el uno inglés —Harrison— y el otro americano —Connant—, de profundos conocimientos sobre la materia y muy prestigiados en las regiones de la alta circulación monetaria universal.
Vinieron a Nicaragua los dos peritos y sin pérdida de tiempo principiaron sus estudios presididos por Pedro Rafael Cuadra. Según cuentan ellos mismos en un libro que publicaron en calidad de informe, cada vez apreciaban más y más los conocimientos y la rectitud de criterio del ministro nicaragüense.
Con franqueza el ministro dijo a los peritos que el Estado no inspiraba fe, porque tanto el gobierno liberal caído como sus sucesores del Partido Conservador, habían cometido muchos errores solucionando sus apuros con más y más emisiones para liquidación del Ejército, para pago de deudas revolucionarias; precipitando a la moneda en su total ruina. Por ello les proponía crear un ente autónomo, el Banco Nacional, que se hiciera cargo de respaldar la operación e inspirar fe en la ciudadanía en que iba a circular la nueva moneda.
Abrió sus operaciones el Banco Nacional y con severidad principió a convertir la moneda a un cambio de mil doscientos cincuenta por ciento. Usó de severidad con el Estado, de tal suerte que en una grave necesidad que tuvo el presidente don Adolfo Díaz para conseguir un crédito de cien mil córdobas, tuvo que hacerlo en forma personal, firmando el documento el presidente Díaz como primer firma, y yo como segunda. Guardo ese papel histórico como una prueba de la rectitud, y de la buena voluntad del gobierno en relación con el problema de justicia social que significaba la conversión monetaria.
Fue muy atacada principalmente por los cafetaleros, que ya tendrían que dar participación en cuanto al juego de la moneda a sus trabajadores. Fue la mente inicial de la conversión.
En esta ímproba labor del gobierno de don Adolfo Díaz, para fundar y sostener el Banco Nacional se encuentra una prueba de lo difícil que ha sido siempre realizar esta clase de obra a la cual resisten, por amor a sus intereses, elementos elevados, gente de influencia que milita en las mismas filas de los empeñados en cumplir la justicia.
Pero más abundante y documentada es la cita que hace el doctor Rodolfo Sandino A. en su libro Compendio de Derecho del Trabajo Nicaragüense. Cito las páginas 41 y 42: “En el año de 1912 se desenvuelve la llamada conversión monetaria, lo que se hizo con mentalidad de justicia social. Veamos cómo.
La mente de los gobernantes de entonces respecto a la conversión monetaria, fue con miras fundamentalmente sociales. Fue la mente de esa política defender el salario del trabajador, por medio de la elevación del valor adquisitivo de la moneda nicaragüense.
Ese espíritu de favorecer al laborante, se suscitó en los propios debates del Congreso: los intereses del capital nicaragüense se oponían con todo su poder a la revaluación de la moneda.
Es famosa la intervención de don Diego Manuel Chamorro ante el Congreso, como ministro de Relaciones Exteriores, en la sesión del 19 de marzo de 1912, y consta su íntegra participación en el libro “Discursos” que se publicara después. Hay una parte brillante de su intervención en la que claramente puede verse el espíritu de justicia social que inspiraba a los hombres de aquella época:
“No lo olvidéis señores: todo gobierno debe fundarse en la justicia: sin ella no es posible la libertad y el orden. Yo soy cacaotero, cafetalero, oigo voces que me dicen: Usted va a perder. En buena hora, pero no, no sucederá eso; porque ya está escrito: estableced la justicia y lo demás se os dará por añadidura”.
En conclusión, y para la historia laboral, la conversión monetaria del año 1912 se hizo con mente de favorecer a la clase trabajadora de Nicaragua, así que el trabajador recibiría un salario justo en la misma moneda en que tenía que hacer sus principales gastos. Precisamente los capitalistas que se oponían a tal medida eran los cacaoteros y cafetaleros de entonces, que vendían en dólar su producto y pagaban los salarios en moneda inferior, en “billetes chancheros” como el vulgo diera en llamarlos”.
Si a éste se le llama nefasto, ¿qué sería entonces lo correcto?
Al César lo que es del César.
El autor es historiador