Edgard Tijerino M. [email protected]
Mientras le queden balas, nunca subestimes a un viejo pistolero, podría haber advertido Silver Kane, sobre un hombre como Roger Clemens.
Se supone, que a los casi 41 años, difícilmente puedes seguir siendo tan temible, tan certero, tan incidente, pero “El Rocket”, está en pie de guerra, con su pistola derecha humeante, dejando un reguero de “cadáveres” en los cajones de bateo.
Con todo lo que ha hecho, no necesitaba llegar a 300 triunfos, ni tirar un no hitter, ni “fusilar” a más de 300 en una temporada, proezas todavía pendientes en una deslumbrante carrera, para ser considerado como una segura escogencia de primer intento para el Salón de la Fama.
Y es que después de acumular triples coronas, temporadas de 20, dos actuaciones macabras de 20 ponches en un juego, lideratos en efectividad, un reconocimiento como Más Valioso, y la cifra récord de seis Premios Cy Young, ¿qué más podíamos exigirle?, y quizás ¿qué más podía desear?
Sin embargo, lo más espectacular de su repertorio, la competitividad, se mantiene intacta, con el empeño y la ansiedad de quien está tratando de convencer… A sólo tres victorias de aterrizar en la pista de los 300, después de un arranque impresionante ganando cuatro juegos con 2.12 en carreras limpias y 31 ponches en 34 entradas, Clemens aparece en pantalla tan grandioso como siempre.
Cuando pasó a los Yanquis el 18 de febrero de 1999 en aquel cambio que rompió el corazón del zurdo David Wells, tenía la apariencia de un “Dinosaurio” convenientemente corregido y aumentado, capaz de seguir asombrándonos sin agotarse.
Clemens venía de ganar sus Premios Cy Young números cuatro y cinco, apoyándose dos Triples Coronas mientras atravesaba las temporadas del 97 y 98… Rumbo a los 37 años, el lanzador de exuberante presencia física, poder devastador y habilidad cultivada, lucía inmenso, incluso para esa “Catedral del Béisbol” que es, desde la época de Babe Ruth, el Yanqui Stadium.
Qué importaban los lamentos por Wells pese al impresionante aporte que ofreció el zurdo nada atlético, durante la espectacular campaña de 125 victorias en 1998, que le permitió a los Yanquis ganarlo todo.
Clemens llegó a los Yanquis con 233 victorias, buscando esas tres proezas pendientes en su extraordinario currículum: un no hitter, más de 300 ponches y llegar a 300 triunfos… Lo primero, pese a lo difícil de concretar, era una posibilidad viable y está por conseguirlo.
¿Necesitaba Clemens algo de todo eso para asegurar su inmortalidad?… Por supuesto que no, pero, como diría Nietzsche: “Es asunto de orgullo, y por el crecimiento del orgullo se permite cualquier cuota de egoísmo y de excederse en el esfuerzo… Vivir sin estar trazando nuevas y más exigentes metas, es entrar en decadencia”.
Puede que el Rocket no haya leído esto de Nietzsche, quien filosofaba a martillazos, pero es evidente que así lo siente, y si hay un resorte interno en permanente movimiento empujándolo hacia nuevos retos, ese es el de las 300 victorias… Carlton se retiró sin un no hitter pero con 300 triunfos y el Rocket va tras esas huellas, casi desesperadamente.
Próximo a los 41 años, uno se pregunta: ¿cuántas balas le quedan?… Viéndolo en este 2003, uno piensa que Silver Kane haría la siguiente advertencia: nunca subestimen a un viejo pistolero. Por ahora, el sigue siendo tan grandioso como siempre, como si hubiera encontrado la fuente de lo inagotable.
OTROS CASOS
A los 38 años, Bob Gibson comenzó a perder su reputación de temible… El astro de aquellos Cardenales, registró 11-13 a los 39 años y 3-10 a los 40, cuando decidió no regresar más a la trinchera… Gibson tuvo que resignarse a 251 victorias, pero igual que el Rocket, no necesitaba las 300 para ingresar a Cooperstown.
Otro tirador de meteoros, Tom Seaver, quien sí alcanzó los 300 triunfos, tuvo suficiente aliento para extender su carrera hasta los 42 años y en sus últimas cinco temporadas, sus balances fueron de 5-13, 9-14, 15-11, 16-11 y 7-13, antes de colocar su escopeta en el baúl de los recuerdos al concluir la campaña del 86.
El desaparecido Jim “Catfish” Hunter, un miembro de Cooperstown, vio desvanecerse su carrera a los 34 años con un total de 224 victorias… Ganó 12 y dos en sus temporadas de cierre… El gran cubano Adolfo Luque, dueño todavía del récord de victorias en una temporada para un latino con 27, no llegó a los 200, ganando cinco juegos a los 39 años y 14 a los 40.