- No es un deporte que se puede
tomar a la ligera. Sin embargo, la equitación es la mejor forma para liberarte del estrés; formarte un carácter fuerte; mejorar tu memoria y decirle adiós a los miedos… En esta edición te detallamos cómo ingresar a buen paso en este airoso mundo de los caballos
Amparo [email protected]
Son las tres de la tarde. El clima aún mantiene la temperatura de los días santos. Pero a Karen Cerda, de 16 años y estudiante del Colegio Centroamérica, no le importa.
Baja de su microbús blanco, y corre tras su bestia de origen español. Viste como mandan las normas: pantalón holgado, con botas de hule, y casco, como queriendo decir ¡“estoy lista”!
Su apariencia acierta, porque de inmediato inicia el ajetreo del día. En esto ya lleva más de mes y medio. Y según cuenta va a buen paso. “He perdido el miedo a los caballos, me distraigo, socializo, me he vuelto más fuerte, y enfrento cualquier situación adversa”, comenta.
¿Cómo así?
“Pues fíjate que al trabajar con este tipo de animales, que no son una máquina, aprendés a orientarte a través de ellos. Al punto que no importa cómo actúen porque ya los comprendés, de manera que no importa si se ponen ariscos o se tropiezan. Con las clases de equitación, lo lográs manejar”.
¿De qué forma consiguen relajarse?
“Mirá, el contacto con la naturaleza y con los mismos caballos, que son cariñosos, cualquiera consigue desestresarse. Por ejemplo hoy (martes 22 de abril) vine con dolor de cabeza. Y con la clase, se me quitó. ¡Es excelente!”, asegura Cerda
Otros milagritos
Sin embargo “los milagros” no acaban ahí. Maura Tossy, otra aprendiz ecuestre, comenta que desde los cuatro años practica el deporte debido a problemas de espalda.
Desde entonces cuenta que no tiene dolores y ha conseguido “recuperar” la posición recta de su columna, la cual desde niña lucía encorvada. Al igual que ella Mayra Del Carmen, de 27 años y estudiante de inglés, toma las clases de equitación como terapia.
De acuerdo a Del Carmen, aparte de que se entretiene, el contacto con los caballos le ha permitido recordar con más agilidad cualquier vivencia, nombre, persona…
“Siento que tengo más ágil la mente porque con el trabajo que hago con éstos animales, te volvés más atenta a cualquier detalle y a tener que recordarlo para no caerte o no hacer un mala maniobra. Incluso para darles órdenes tenés que estar pendiente”, expresa.
Aunque para Daniel Trejos y Julia Carana Pezullo más que formación, la equitación es pura pasión y mucha diversión. Según ellos lo básico es amar a estos animales, ya con eso el entretenimiento, la pérdida de los temores y la ganancia de otros valores, llegan por añadidura.
De por medio…
Lorena Mántica, directora de la única escuela de equitación que ha sobrevivido en Managua (conocida como Haras de Albanta), corrobora lo dicho por los jinetes.
Aunque recalca que para ser un buen montador hay que estudiar al caballo. “Lo importante es entender la sicología del animal, ser disciplinado y constante”, enfatiza.
Mántica, quien junto a su esposo Roy Gaitán se dedican desde hace siete años a la equitación, insiste en que lo básico para cualquier novato es aprender a comprender lo que piensa y siente el caballo.
“Esto se consigue, a través del conocimiento de sus reacciones naturales, actuando como un herbívoro y llegándote a convertir en el líder de la manada de ese caballo, para que él pueda confiar en vos y se establezca una relación de respeto y cariño”, confiesa.
“Porque tenés que verlo —ella continúa— como un novio para instaurar una unión estable, con apego”. Tras esto, resulta fácil “someterlo” y conseguir cualquier nivel de equitación aceptable en un par de años.
Las técnicas
Roy Gaitán, explica que en la escuela se ocupan las técnicas avaladas por la Federación Internacional Ecuestre, la cual va de nivel a nivel donde se exige dominarse como jinete, para después “dominar” al caballo, conociéndolo y respetándolo para establecer una relación armoniosa.
“Por allí comenzamos”, advierte el entrenador. Después de esto trabajan el primer nivel que consiste en dar pasos y trotes, adecuar la posición del cuerpo y mantener equilibrio.
Luego, en el segundo nivel ejercitan con paso, trote y galope. De manera que en el tercer nivel introducen transiciones entre los tres anteriores movimientos. Éstas pueden ser de acortamiento y alejamientos con saltos opcionales de 10, 15 y 20 metros.
Ya en el cuarto nivel y quinto nivel trabajan con los movimientos de doma clásica donde se guían, con más acierto, bajo los movimientos naturales del caballo: posiciones laterales, elevadas…
A tal punto que entre el quinto y sexto nivel, las clases consisten en pura gimnasia: trabajo de cuerdas arriba del caballo y trabajo de cuerdas, tal y como lo hacen los cirqueros durante sus “maromas hípicas”.
No obstante, Gaitán comenta que tienen Monta libre, que consiste en montar a través del campo; Salto ecuestre, apto para los adolescentes amantes de la acción.
“Porque con esta clase se obtienen las mismas emociones que en motocross. Con la única diferencia de que trabajás con un ser vivo no con una máquina”, señala.
Aparte de esto, manejan las técnicas tradicionales: las hípicas (donde aprenden a adquirir mejor posición para montar y un poco de doma clásica) y las domas vaquera americana y española donde se trabaja con caballos más alegrones.
Ventajas
De acuerdo a los entrenadores consultados, la equitación te da capacidad de mando, te fortalece las piernas, espalda; te permite desarrollar la coordinación motora.
Además te da carácter (una fuerte personalidad), capacidad para desenvolverte, te vuelve seguro, te da balance, energía física. “En fin te sentís invencible porque te enseña a tener control sobre tu propia persona y sobre las circunstancias ya que en un estado de pánico te enseña a controlar los miedos”, asegura Mántica.
Según la directora, más del 60 por ciento de alumnos de origen nicaragüense arriban a la escuela con el objetivo de perder el miedo al animal. Mientras otro tanto de alumnos extranjeros lo hacen para destensionarse.
Gajes del deporte
Para convertirse en un jinete estrella, además de establecer una relación armoniosa con el caballo, cada montador debe cuidar del animal: cepillarlo antes de montar (desde la cabeza hasta el casco); alimentarlo y bañarlo después de utilizarlo.
Inclusive deben llevarlo al establo y asegurar que está bien. Un buen cuido no sobrepasa los 100 dólares. Aunque como deporte en sí sobrepasa el valor anterior, de acuerdo a Mántica, ya que en el país no se cuenta con ministerios que lo promocionen ni con patrocinadores.
Orígenes
Las artes ecuestres se remontan a la antigüedad. Según los historiadores, fue Jenofonte (general, historiador y filósofo griego), quien en el año 369, antes de Cristo, la instituyó en un tratado.
Desde entonces, existe hasta hoy el binomio ser humano-caballo, convirtiéndose este último en el protagonista de carreras, polo, concursos hípicos… donde la “cosa” es de dos: una concentración y compenetración ante un mismo esfuerzo.
Aunque no fue hasta 1912 donde la equitación se convirtió, en uno de los entretenimientos de los Juegos Olímpicos, en tres variantes: Salto de Obstáculos, Adiestramiento y la Prueba de los Tres Días.
En la primer prueba, se requiere un caballo idóneo para el salto, con agilidad, potencia, equilibrio, energía y tranquilidad. Y a un jinete con excelente forma física y ecuestre. Con un dominio del ritmo de carrera… ya que además del salto hay que cuidar de su precisión y velocidad de la ejecución.
En la segunda, las aptitudes son las que cuentan ya que para desarrollarla hay que tener dominio y manejo del caballo (cambios de mano, trote largo, galope largo y corto) junto a un montador con excelente posición y manejo perfecto de las líneas de pista (diagonales, vueltas, semivueltas…).
Mientras tanto en la última prueba, se demanda, especialmente, de jinetes versátiles ya que cada día se lleva a cabo una modalidad de equitación diferente: que van desde adiestramientos hasta saltos de obstáculos.