¡Kayaqueando en Juan Venado!

Recomendado para los que aman la naturaleza y las emociones fuertes. Uno de nuestros reporteros vivió la experiencia y nos cuenta todo en esta crónica Ricardo Cuadra Garcí[email protected] El viaje hacia Las Peñitas inició poco antes de las cinco de la mañana. Aún con sueño decidí recostarme en el asiento trasero de la camioneta para […]

  • Recomendado para los que aman la naturaleza y las emociones fuertes. Uno de nuestros reporteros vivió la experiencia y nos cuenta todo en esta crónica

Ricardo Cuadra Garcí[email protected]

El viaje hacia Las Peñitas inició poco antes de las cinco de la mañana. Aún con sueño decidí recostarme en el asiento trasero de la camioneta para dormir un poco. Desperté hasta llegar a León, más bien me despertaron. Llegamos al hotel-restaurante La Barca de Oro, donde el resto del grupo que nos acompañara espera por nosotros.

Poco tiempo después llega una camioneta, trae los kayak que usaremos para nuestra aventura. Un grupo de niños que se encontraban en la playa se alegran al verlos y corren a su encuentro. Los kayak ya están listos y los niños se divierten remando en el estero.

Son pocas las personas que visitan el balneario Las Peñitas y resisten la tentación de conocer la Isla Juan Venado y a nosotros nos ganó la tentación y hacia allí nos dirigimos.

Declarada como área protegida en 1983, esta isla cuenta con una gran variedad de flora y fauna. Su flora es riquísima en maderas preciosas. Árboles de ceiba, caoba, jenízaro, guayacán y guanacaste, son entre otras las variedades que moran en la isla.

El nombre de Isla Juan Venado se debe a que hace casi un siglo atrás vivió un hombre llamado Juan quien se dedicaba a cazar venados para luego vender su piel en el mercado de León.

La lancha espera por nosotros, ya los kayak fueron amarrados para ser remolcados y nos dirigimos hacia la reserva natural. En el trayecto Rigoberto Sampson, guía de esta aventura y gerente general de Solentiname Tours en León donde ofrecen este servicio, nos relata las características de la isla, su vegetación y todo lo relacionado a su hábitat. La lancha se detiene, llegó el momento de subirnos a los kayak.

El silencio del lugar crea una atmósfera especial. Un pelícano se asoma entre los manglares como brindándonos la bienvenida. Los asientos del kayak y nuestros chalecos salvavidas ya han sido ajustados. Cada kayak es ocupado por dos personas, a mí me tocó compartir con Rigoberto.

Tomamos los remos, al inicio debido a mi inexperiencia no domino bien la técnica para remar, pero Sampson me explica que debe introducirse el remo en el agua al lado donde se encuentran mis pies. Tras hacer lo correcto siento como suavemente se desliza la pequeña embarcación después de cada remada. No hay olas y eso nos hace sentir como si patináramos sobre el agua.

Cuando se rema del lado derecho el kayak toma la dirección contraria, igual sucede cuando se rema al lado izquierdo es por eso que al realizar los dos movimientos continuos el bote hace su trayectoria de forma recta. Estamos con suerte: la corriente está a nuestro favor. Aunque no hay olas se puede percibir la dirección del agua. Así que de vez en cuando dejo de remar para descansar mis adoloridos brazos.

El kayak es una embarcación liviana, mide un poco más de cinco metros de eslora, entre cincuenta y sesenta centímetros de manga, y pesa entre veinte y veinticinco kilos. Está hecho por un material llamado PRFV o Kevalar, pero en algunos países utilizan el plástico rotomoldeado. El casco es de forma elíptica y aplanada en el centro para brindar menor resistencia al viento. La popa es más baja que la proa para contrarrestar el efecto de deriva.

El resto del grupo que viaja en la lancha decide adelantarse y esperarnos en la isla. Es muy probable que el ruido del motor hubiera espantado a los cocodrilos del lugar ya que no pudimos ver ninguno (por suerte). El silencio nos permite escuchar el canto de las aves. Nunca había presenciado tanto silencio.

En nuestro recorrido por kayak de casi tres kilómetros pudimos observar la belleza de la isla en todo su esplendor. Pato agujas, fragatas, garza tigre, sarapito trinador, águila pescador, zanates y pelícanos, entre otros son algunas de las especies de aves que logramos ver.

Empiezo a sentir el cansancio y mis brazos parecen pesar cien libras cada uno, pero mi deseo de continuar viviendo esta experiencia puede más que mi fuerza física. Al fin llegamos en donde nos reuniríamos todo el grupo. Atamos los kayak a la lancha y nos dirigimos a la playa, al otro lado de la isla.

El paisaje es maravilloso y el único sonido que se escucha es el de las olas del mar. Se puede describir que es una isla plana ya que su mayor altura sobre el nivel del mar es de veinticinco metros. El suelo es arenoso y arcilloso.

El sitio es propicio para pasar unas buenas vacaciones, lejos del ruido que se escucha en el resto de balnearios del Pacífico. La isla es verdaderamente paradisíaca. Realizamos una caminata para conocer la isla y de paso aprovechamos para darnos un buen chapuzón.

Estuvimos en la isla durante casi dos horas, antes de emprender el viaje de regreso me separé del grupo para kayakear un poco más. Estaba, como se dice, con rijo. Al retornar venía sobre un kayak, pero remolcado por la lancha, pero cuando me sugirieron montarme en la lancha cometí la imprudencia de lanzarme al agua, creyendo que apenas me llegaría a la rodilla y casi me ahogo, ya que había una profundidad de casi tres metros. Después del susto, con el que aseguran me puse más blanco que el talco, nos reímos en todo el trayecto hasta llegar a Las Peñitas. No podía terminar el día sin que hiciera una gracia.

Un deporte para todas las edades

La idea de promover los paseos en kayak surgió hace diez años, cuando Rigoberto Sampson y Carlos Langrand, dos amantes del turismo de aventuras, pero sobre todo ecológico, decidieron promover el turismo volcánico en la ciudad de León.

Sampson empezó como guía turístico. Desde niño ha escalado junto a su padre todos los volcanes del país. Cuando conoció a Immanuel Zerger, gerente general de la tour operadora Solentiname Tours decidieron abrir una sucursal en León y llevaron los kayak para realizar las visitas a la Isla Juan Venado desde septiembre pasado.

Según Sampson, una embarcación de éstas cuesta alrededor de 550 dólares, incluyendo, asientos, chalecos salvavidas y los remos. El costo de la excursión depende del tamaño del grupo de turistas. Para un grupo de ocho personas, cuesta veinte dólares por cada uno.

El costo de la excursión incluye transporte desde la ciudad de León, el paseo en lancha, refrigerio y los kayak por supuesto. El tour puede ser de medio día o un día entero.

“Esto es un deporte para todas las edades”, asegura Sampson. También los niños pueden participar de esto, ya que cuenta con chalecos salvavidas para menores y la lancha que siempre los acompaña por razones de seguridad.

“Los kayak son silenciosos, para mí que son amistosos con el medio ambiente, ya que no gastás ni contaminás el medio con combustible, y no hacés ruido, es un deporte muy sano y un buen ejercicio para tu cuerpo”.

Pes Lofuenberg y Carl Lipcsey, son dos jóvenes suecos que se encuentran en León haciendo una investigación. Ellos participaron en nuestra excursión y quedaron fascinados con la experiencia.

“Me gustó mucho, yo nunca había practicado eso pero me pareció una experiencia muy bonita”, aseguró Pes con la ayuda de Rigoberto quien nos sirvió de traductor.  

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