Luis Mejía González*
El título corresponde a un artículo de Gustavo Soto García, publicado en LA PRENSA del día primero del mes en curso, pregunta que se hace imperativo responder.
Todos los nicaragüenses saben a dónde se fueron muchos de los amigos del ex presidente Arnoldo Alemán Lacayo. Están en el Gobierno del presidente Enrique Bolaños Geyer, buscando cómo mantenerse en el presupuesto nacional en una época de severa crisis económica que no parece terminar pronto, lo cual no es criticable en una administración que consideran propia porque de alguna manera ayudaron a elegirla como una continuación del progresista gobierno liberal del Dr. Alemán.
Pero esa decisión de continuar en el Gobierno de Bolaños, sin ellos saberlo, estaba condicionada a una tragedia: la persecución contra el ex presidente Alemán, contra el Partido Liberal Constitucionalista, que el presidente Bolaños ha pretendido controlar o sustituir usando sus bases populares y contra sus líderes encabezados por el Dr. Alemán. Esa política tiene a muchos amigos de Alemán atrapados peligrosamente en el Gobierno de Bolaños y no pueden escapar fácilmente a ella, aunque algunos lo quisieran, a menos de exponerse no sólo al despido de sus cargos, sino también a un enjuiciamiento judicial prefabricado. Conozco el caso de muchos de ellos y sinceramente me da pena su situación.
Hay que reconocer en esos amigos el mérito que tuvieron de no abandonar el Gobierno del presidente Alemán antes que terminara, a pesar de la propaganda brutal en su contra durante todo su mandato, porque jamás pensaron ellos que ese Gobierno pudiera zozobrar después de una campaña admirable de obras de progreso realizadas en todo el país, comenzando por el desarrollo de la magnífica infraestructura de caminos y carreteras.
También hay que reconocer a esos amigos otro mérito: la certeza que tenían de que el Gobierno del presidente Bolaños sería una continuación de la Administración Liberal del presidente Alemán, que a la par de llevar el progreso a todo el territorio nacional y el fortalecimiento de la educación pública nacional, logró el crecimiento económico del país a porcentajes no vistos en el país en las dos últimas décadas.
Toda esa excelencia debía ser destruida para dar paso a la Nueva Era que conduciría el presidente Bolaños, según sus planes mentales, a ser el mejor mandatario de Nicaragua. Pero no se construye sobre bases falsas. Porque falsa era la posición del candidato Bolaños como liberal, falsa su oposición al Frente Sandinista y falsa su amistad con quienes lo llevaron al poder. Y no se construye, repito, sobre bases falsas.
Cuando el 9 de enero de 2002 aparece la Bancada del Frente Sandinista apoyando la pretensión del presidente electo Bolaños de elegir como presidente de la Asamblea Nacional al ingeniero Jaime Cuadra Somarriba, para evitar la prevista posterior elección a ese cargo del presidente Alemán, el presidente electo Bolaños un día antes de tomar posesión del cargo sella negativamente su destino político frente a la historia y frente a los nicaragüenses. De esa equivocación no va a reponerse. Luego ordenó el desafuero y condena en un juicio político prefabricado del ex presidente Alemán, que el Frente aceptó como una remuneración. Y este nuevo brutal error catapultó al presidente Bolaños al limbo político en que se encuentra y frente a una posible agresión rojinegra. Por otra parte, la fortaleza que prefabrica la imaginación de quienes creen que la sola amistad con el Gobierno de Estados Unidos es suficiente para salir airoso de la difícil situación actual, se olvidan lo que enseña la historia política reciente: el Gobierno que no puede mantenerse por sus propias fuerzas, fracasa.
Con este somero análisis del comportamiento del mejor amigo del ex presidente Alemán (como se suponía lo fuera el ahora presidente Bolaños), su más cercano compañero como vice-presidente, su elegido para sucederle, electo en su residencia particular donde trató hasta el último momento de convencer —hasta que logró— a la mayoría de los convencionales que tuvieron la premonición del peligro que significaba la candidatura del ingeniero Bolaños a nombre del partido, es suficiente respuesta a la pregunta inteligente y oportuna de Gustavo Soto García.
A los demás amigos de la Bancada Liberal que desertaron y formaron la tristemente célebre “bancadita azul y blanco” para convertirse en el pelotón de fusilamiento político del ex presidente Alemán, ni hablar, no vale la pena referirse a ellos porque no eran amigos, pero sí señalar su fracaso en el intento de apoderarse del partido que se ha fortalecido, al igual que el respaldo político para el Dr. Arnoldo Alemán por ser un auténtico líder nacional.
* El autor es biógrafo del ex presidente Arnoldo Alemán.