El jueves pasado, mientras en Nicaragua reinaba el vacío informativo de Semana Santa, en Ginebra, Suiza, la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU) aprobó su resolución anual sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, un acuerdo que a pesar de ser pusilánime fue rechazado furiosamente por las autoridades comunistas cubanas.
La resolución demuestra “la hipocresía y la doble moral de la Unión Europea y de gobiernos como México y Chile, incapaces de contradecir al imperio”, declaró la delegación oficial cubana en Ginebra, que, sin embargo, también reclamó “una victoria moral de la Revolución” porque (la resolución) no condenó el funesto recrudecimiento de la violación a los derechos humanos en Cuba, en las últimas semanas.
El furor castrista se centró particularmente en los siete países latinoamericanos miembros de la Comisión ginebrina —integrada por 53 países, 11 de ellos de América Latina y el Caribe— que votaron a favor de la Resolución (Costa Rica, Chile, Guatemala, México, Paraguay, Perú y Uruguay). Otros dos (Cuba y Venezuela) votaron en contra y los dos restantes (Argentina y Brasil) se abstuvieron.
Pero la verdad es que la timorata resolución de Ginebra ni siquiera menciona a los casi 80 periodistas independientes y disidentes que recientemente fueron condenados hasta a 28 años de prisión por el “delito” de informar fuera de los canales oficiales y de decir lo que piensan del régimen de Fidel Castro. Y mucho menos que se refiriera a los fusilamientos de las tres personas que trataron de secuestrar un barco para huir a Estados Unidos en busca de libertad.
Por cierto que los simpatizantes del régimen comunista cubano, o personas “progresistas” simplemente, han dicho al respecto que para condenar la pena de muerte en Cuba también habría que condenarla en Estados Unidos, pues al parecer para ellos es igual el asesinato atroz o el secuestro y la violación de niños (crímenes por los que se aplica la pena capital en EE.UU.) que el “delito” de expresar la opinión y querer escapar del comunismo.
Pero a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU no le importa en realidad la ausencia de libertad y las brutales violaciones a los derechos esenciales de las personas en Cuba. ¿Qué interés real por los derechos humanos puede tener esa Comisión si en ella hay un montón de gobiernos que violan sistemáticamente los derechos humanos, como Siria, Libia, Arabia Saudita, Argelia, China comunista, Burkina Faso, Sudán, República Democrática (comunista) del Congo, Ucrania, Venezuela y la misma Cuba comunista?
Ante esta situación es comprensible —y además, justa y necesaria— la declaración del gobierno norteamericano de que está considerando la posibilidad de reforzar las medidas de presión contra el régimen comunista de La Habana, aunque sean de naturaleza económica y política, ya que no hay condiciones para aplicarle a Fidel Castro la misma medicina que se le aplicó a la tiranía terrorista de Saddam Hussein en Irak.
En efecto, el gobierno del presidente George Bush anunció después de la resolución del jueves pasado de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, que considera prohibir el envío de giros bancarios a Cuba y suspender los vuelos directos a la isla comunista, entre otras medidas. “Cuba siempre ha tenido un horrendo historial” en materia de derechos humanos, señaló el Secretario de Estado Colin Powell; pero ahora, “si se observa lo que el régimen cubano ha hecho en las últimas semanas con respecto a sofocar cualquier oposición, arrestar personas y condenarlas a largos períodos de prisión sólo porque expresaban un punto de vista distinto del de Castro, eso debería ser una afrenta para todos los líderes del hemisferio y del mundo.”
Es cierto. Y al respecto insistimos en que el gobierno de Nicaragua, cuya población sufrió no hace mucho tiempo los rigores del totalitarismo y corre el riesgo de volver a caer bajo su poder represivo, debería rechazar esa afrenta aunque sea congelando las relaciones diplomáticas con el régimen comunista de Fidel Castro. Es lo menos que se podría hacer en solidaridad con los cubanos que sufren el rigor principal de la represión comunista, y para prevenir que Nicaragua vuelva a caer en una situación tan deplorable y odiosa como ésa.