- Michael Jordan y sus proezas
Edgard Tijerino [email protected]
¿Qué fue difícil para Michael Jordan en una cancha?
Mientras para nosotros, elaborar un ranking de sus proezas es terriblemente difícil, para Jordan fabricarlas, parecía algo tan sencillo como huevo de paloma.
Cada una de sus “pinceladas”, tenían de Picasso o de Dalí, lo magistral. En la NBA, Michael Jordan se sintió como Fidias, el arquitecto griego construyendo sobre la Acrópolis de Atenas, el Partenón, ese templo perfecto lleno de belleza clásica.
Qué emocionante fue para mí, encontrarme en el palco de prensa del Palacio de los Deportes de Badalona, España, viendo en acción al famoso “Dream Team”, durante los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992.
Ahí estaba Jordan, con Magic Johnson, Larry Bird, Scottie Pippen, David Robinson, Karl Malone, Charles Barkley, Clyde Drextler y John Stockton convertidos en el ombligo del espectáculo. Pude ver a ese equipo irrepetible, sin posibilidad de fotocopia, avanzar a la final y derrotar 117-75 a Croacia.
Mas allá de ese deslumbramiento imperecedero, como haber visto en el Museo de Louvre la Venus de Milo y la Mona Lisa, hay tres imágenes de Jordan que nunca podré olvidar y que me llegaron por la magia de la televisión. Las guardo por cierto, en mi apreciado archivo de videos.
1) Ocurrió en 1988 durante el Juego de Estrellas
Tan impactante e imborrable como la jugada de Maradona contra Inglaterra en la Copa de 1986. En un duelo de remates con Dominique Wilkins, con la Arena de Chicago llena a reventar, Jordan tomó la pelota y se dirigió hacia la línea de fondo del campo opuesto haciendo crecer las expectativas. Utilizó un telescopio para mirar el aro y fijarlo, realizó un cálculo matemático de alta ingeniería, y luego puso a funcionar su coordinación muscular e imaginación atravesando lo fantasioso. Despegó como un corredor de fondo acercándose a la etapa del sprint. Al llegar a la línea de personal, se elevó majestuosamente, como si estuviera siendo impulsado por un motor oculto, y se proyectó en el aire como un jet manejando sus piernas con una sincronización asombrosa. Nunca se detuvo mientras Newton salía de su tumba para aplaudirlo, llegó volando al aro y remató haciendo saltar a la multitud de sus butacas. ¿Cómo fue posible esa maniobra acrobática nunca vista en un circo? Simplemente, otro increíble truco del genio.
2) Junio de 1997, Serie Final
Antes del quinto juego contra los Jazz de Utah, Jordan se ve atacado ferozmente por una infección estomacal, y el diagnóstico médico indica “inutilización” por las próximas 24 horas con posible extensión a 48. La deshidratación es obvia y se duda que Michael tenga aliento hasta para ir a la cancha, resignándose a ver el juego por TV. Jordan atraviesa el día pidiéndole fuerza e inspiración a sus reservas de energías y por la noche, sorprendentemente, está en la cancha, listo para fajarse. Cuando el médico lo visita, ya marcó sus dos primeros puntos de un total de 38. Fue una durísima batalla y los Bulls necesitaron un cierre huracanado de Michael marcando 15 puntos en el último cuarto, incluyendo un tiro de tres con apenas 25 segundos pendientes, para una victoria por 90-88. Sin duda, el más grande alarde de coraje en la historia de la NBA.
3) Final de 1998
Estamos en el sexto juego nuevamente contra los Jazz de Utah, y los Bulls pierden 86-85 con un terrible agravante, no tienen la pelota que se encuentra en poder del hábil y fiero Karl Malone. Con el infierno en la vuelta de la esquina, faltando 18.8 segundos, Jordan asombra robándole la pelota a Malone y va hacia el tablero de Utah con esa rapidez, frialdad y seguridad bajo presión que identifica a los fuera de serie. La multitud se para, ruge, y el planeta tierra se detiene sin permiso de Galileo. Michael llega a zona de tiro, aplica el freno y recurriendo a su sabiduría desequilibra a Byron Rusell mientras Stockton se desplaza cubriendo a Steve Kerr recordando pasajes de la final del 97. Jordan se eleva como una plegaria en tanto los corazones tratan de escapar por las gargantas. La parábola es hermosa y sensual, consecuentemente excitante, y la pelota entra para el dramático 87-86. En ocasiones, un corto tiempo parece una eternidad, sobre todo si es Jordan quien se mueve.
Así que, habiendo visto a la orilla de la acción, jugar a Jordan, pelear a Muhammad Alí, y maniobrar al Rey Pelé. ¿Qué más puedo desear como cronista?