Ma. Mercedes Padilla de R.
Como semana de vacaciones con pretexto religioso vale la Semana Santa, pero como celebración cristiana no.
Actualmente está reducida a celebraciones populares en las que hay más folclor o color local que cristiandad auténtica. El énfasis está puesto más en la tradición local y su pintoresquísmo, que en el sentido cristiano.
Los templos se vacían y se llenan las playas y los lugares de vacaciones. Y en lugar de más fervor religioso, lo que hay es más bien una atmósfera de tibieza espiritual y negligencia de la vida devocional.
En cambio, abunda el uso de la bebida alcohólica y las licencia de todo tipo. Y el saldo de víctimas de la Semana Santa crece cada año. Ahogados, muertos, heridos y lesionados en accidentes de tránsito y en fiestas mundanas, celebradas según se dice, ¡por ser los “días santos”!, suman centenares.
Los resultados de todo esto son más sepulturas nuevas y más inválidos. Y la semana siguiente pocas ganas de trabajar y jornadas grises.
Es necesario meditar que sin con todo esto se está honrando a Cristo y si vale la pena la Semana Santa.