Luis Sánchez [email protected]
En todas las naciones de cultura y religión cristiana, Judas es sinónimo de traición. Judas —se dice en el Diccionario de la Lengua Española— significa “hombre alevoso, traidor”, aunque también, “muñeco de paja que en algunas partes ponen en la calle, durante la Semana Santa, y después lo queman”·
En términos de derecho, Judas se le dice al que asesina por pago, en alusión a que Judas Iscariote traicionó a Jesús de Nazaret para que lo mataran, a cambio de treinta denarios.
El denario (cuyo nombre deriva de la palabra en latín “deni” y significa “diez a la vez”), era una moneda romana de plata llamada así porque equivalía a diez “asas” de cobre. A su vez, 25 denarios eran equivalentes a un “aureuo” de oro.
Pero a Judas Iscariote de nada le sirvió el dinero que obtuvo por su traición. En realidad, la historia de Judas Iscariote es tan sombría y dramática como contradictoria. Si el plan de Dios estaba trazado y su hijo Jesús tenía inevitablemente que derramar su divina sangre para redimir al género humano, ¿por qué asignarle tan triste papel a un pobre hombre como Judas, o a cualquier otro? ¿Cuál es la simbología de este oscuro episodio de la historia de la Pasión de Cristo?
Judas Iscariote era uno de los doce apóstoles y el tesorero de la comunidad que ellos formaron mientras acompañaban a Jesús de Nazaret en su campaña de proselitismo previa a la crucifixión.
El nombre de Judas es la pronunciación griega de Judá (Alabado), como se llamaba el cuarto hijo de Jacob que éste tuvo con Lea y fue quien dio su nombre al pueblo judío. Nombre el de Judá que después del exilio en Babilonia (actual Irak) se convirtió en uno de los favoritos de los hebreos.
A su vez, Iscariote se deriva de la palabra hebrea “is qriyot,” que significa “hombre de Queriot”, un lugar ubicado en la tierra de Moab, aunque también existe Queriot-herrón, que está situado 19 kilómetros al sur de Hebrón. De manera que Judas, hijo de Simón, era originario de uno de esos dos lugares llamados Queriot.
Hay quienes aseguran que Iscariote deriva de sicario, una expresión arameizada del vocablo hebreo “isqaryaa”, que significa asesino. Sin embargo Judas no fue un asesino propiamente dicho, aunque de su traición se hubiera derivado la muerte de Jesús, ya que ésta de todas maneras tenía que ocurrir a fin de que se cumplieran las profecías y se hiciera la voluntad de Dios de sacrificar a su Hijo para redimir a la Humanidad.
De manera que la escogencia de Judas Iscariote, el financiero del grupo, para encarnar la traición más trascendente de la historia, probablemente tenía que ver con la idea de que el dinero induce a la codicia, a la avaricia, al egoísmo, y lleva a la perdición. Pero esto es sólo una idea mía.
En todo caso hay que relacionar la traición del Iscariote por los treinta denarios, con el episodio que narra Juan el Evangelista (Jn 12.6), de cuando Judas criticó a Jesús por haber permitido que María de Betania, la hermosa hermana de Marta, gastara en costosos ungüentos perfumados para lavarle los pies al Maestro, un dinero que hubiera podido servir para ayudar a los pobres, pero que según Juan en realidad Judas quería robarlo.
Según César Vidal Manzanares, Judas Iscariote, lleno de remordimiento por su traición, devolvió los treinta denarios a los sacerdotes judíos quienes adquirieron con él un pequeño cementerio para sepultar a gente pobre.
Otras versiones indican que, perseguido por el sentimiento de culpa, Judas Iscariote decidió suicidarse colgándose de un árbol, pero su cuerpo se había hinchado tanto por el pecado que la cuerda se reventó, y el traidor murió a consecuencia de la caída.
Por otro lado, a la traición también se le dice “la carta de Urías”, en el sentido de que es un medio falso que se usa para dañar a alguna persona. Esto se desprende de la historia bíblica en la que el rey David se enamora de la bellísima Betsabé, mujer de Urías, el bravo guerrero hitita que combatía en el sitio de Rabbá. Entonces David envió un mensaje a Joab, general en jefe de los ejércitos judíos, ordenándole: “Poned a Urías en donde esté lo más recio del combate, y abandonadle para que perezca”.
Y así, por esa traición, Urías murió en el combate y David quedó dueño de Betsabé, aunque Dios castigó la traición del enamoradizo rey no permitiéndole que fuese el constructor del Templo de Jerusalén.