La soberbia del Faraón

Tomás H. Téllez

“Y el corazón de Faraón se endureció y no los escuchó”. Éxodo 7:13

La historia del pueblo de Israel narra la prepotencia del Faraón, gobernante de Egipto hace 4,000 años, cuando Moisés le transmitió las órdenes de Dios de liberar al pueblo de la esclavitud. El sufrimiento del pueblo, su deshumanización, su sacrificio, sus inexistentes esperanzas, no significaban absolutamente nada para Faraón. Moisés anunció la llegada de 10 terribles plagas que trajeron mucho dolor, sufrimiento y muerte a los súbditos egipcios. A pesar de ello el Faraón seguía empecinado en cumplir su capricho de esclavizar al pueblo. Haciendo derroche de poderío político y militar, ansias de poder y arrogancia, el imperio egipcio desafió al Altísimo sin dar oportunidad alguna a la sensatez, la reflexión y el sometimiento a la voluntad de Dios.

Hoy en día la voluntad de Dios sigue siendo la misma para toda la humanidad: la libertad sin sometimientos onerosos o forzados, la paz, la concordia, el bien común, la justicia y la equidad. No obstante, por la fuerza se nos imponen la deuda externa, la destrucción del medio ambiente, la adopción de ajustes estructurales, la distribución de la riqueza mundial de tal manera que el 20 por ciento de la humanidad localizada en el norte, consume el 80 por ciento de los recursos totales. En fin, la esclavitud, desolación y muerte. Y todo ello con prepotencia visible no solamente en el rostro y palabras de un gobernante arrogante y endiosado, sino en las declaratorias unilaterales de guerra, con derroche de misiles, bombas “inteligentes”, acorazados, tanques, aviones, etc. que cuestan billones y billones de dólares.

El mismo Faraón se yergue hoy, otra vez cargado de odio, de insensatez y desafiante al Altísimo. No es disparatado comparar las terribles tragedias que han enlutado al pueblo estadounidense, con las terribles plagas que enlutaron al pueblo egipcio: la tragedia del 11 de septiembre del 2001, la tragedia del transbordador espacial Columbia y la guerra en Irak, muy lamentables y segadoras de vidas útiles e inocentes.

¿Serán señales de Dios para hacerle ver al moderno Faraón que se está irguiendo como dios y decidiendo la muerte de miles de seres humanos? ¿Que la tecnología de punta, la ciencia y el conocimiento no bastan para derrotar al Dios de la justicia y de la paz? ¿Cuántas otras plagas serán necesarias para que prive la sensatez y la toma de decisiones a favor de las grandes mayorías de la Humanidad?

Es triste que, pese a la inteligencia con que el Creador ha dotado a la raza humana y a las lecciones duras de la historia, los errores del pasado se siguen cometiendo con sus secuelas de dolor, sufrimiento y muerte. “En la tierra paz”, fue el mensaje celestial cuando nació el Niño Jesús. Ojalá que ese mensaje de Dios llegue a los oídos de los modernos faraones para que obedezcan la voluntad de Dios y que, en vez de imponer la guerra y gastar los fondos en muerte y destrucción, se preocupen por fomentar la vida, la convivencia pacífica y el bien común.

El autor es pastor de la Convención Bautista de Nicaragua.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí